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sábado, 31 de mayo de 2008

viernes, 30 de mayo de 2008

miércoles, 28 de mayo de 2008

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¡No más bombas de racimo!

Hombre racional y hombre intuitivo en el pensamiento de Nietzsche, por Jose Ferrale

Para nuestro autor, el hombre intuitivo y el hombre racional representan dos visiones de la vida opuestas. Mientras que el primero se rige por conceptos y racionaliza su mundo, el hombre artístico vive acorde con el constante devenir del mundo, sin estar sujeto a las rígidas reglas que marcan las pautas sociales.

Pero para poder desarrollar más estos conceptos es preciso partir de la idea que Nietzsche, en una época de crisis y pérdida de valores sociales, se propuso encontrar las bases de estos valores. El proceso a seguir es el que él llamó genealogía, concretamente la genealogía del lenguaje es la que Friedrich Nietzsche utilizará para desmontar la cultura occidental que cree estar en posesión de toda la verdad.

Concretamente el error viene determinado porque el ser humano, en su afán de conocerlo todo, intenta establecer una realidad inmóvil, algo sobre lo que afianzar su conocimiento, cuando en realidad todo está en continuo devenir, o como diría una de las mayores influencias de Nietzsche, Heráclito, “Nada es, todo fluye”. De esta forma, tras obtener un estímulo proveniente del mundo exterior, se realiza una primera metáfora al representar ese estímulo en forma de imagen en nuestro cerebro. A continuación se produce la siguiente metáfora cuando intentamos reproducir esa imagen mediante palabras. Estas palabras deberán ser entendidas como una expresión de un suceso concreto, y no como algo universal. De hecho este carácter universal del lenguaje se logra cuando, tras producirse muchos estímulos y ver que una misma palabra coincide cuando dos o más personas denominan un mismo suceso, la palabra deja de ser una metáfora para convertirse en un concepto. El concepto es el residuo de la metáfora, aquello que pretendemos que sea la “Qualitas occulta” del estímulo. Pero en realidad el concepto es una pura convención que se alcanza cuando prescindimos de las características individuales de los objetos para quedarnos sólo con aquello que tienen en común.

Este proceso de establecimiento de conceptos es el conocido como Pacto Gregario, que no es más que una pura convención entre todos los humanos para designar a un mismo estímulo de una misma manera. Esto, que los humanos denominamos verdad, no es más que una convención que hemos olvidado que lo es, ya que no recordamos que hubo un momento en el que inconscientemente nos pusimos de acuerdo sobre el significado de un concepto, para poder vivir en sociedad y en paz, evitando la guerra propia del estado natural humano, la “bellum omnium contra omnes”.

Establecida ya la verdad, y teniendo en cuenta que no es más que una convención, deberemos distinguir entre verdad y mentira, y por supuesto de la significación que alcanzan si las tratamos en un sentido moral o en un sentido extramoral. Esta parte es la central de la obra de Nietzsche “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” (Originalmente “Über Wahrheit und Lüge im auβermoralischen Sinne”). Verdad y mentira en un sentido moral deben entenderse como el buen o mal uso de los conceptos. Será verdad aquello que se derive del buen uso de los conceptos establecidos, mientras que será falso todo aquello que a pesar de estar formulado mediante conceptos no se corresponde con la realidad o nos perjudica. En cambio, en un sentido extramoral, la verdad y la mentira determinan el uso o no de los mismos conceptos. Por ejemplo, la mentira en sentido extramoral es el uso de los conceptos, porque como ya hemos dicho, éstos no son más que una pura convención, por lo tanto no se puede pretender explicar la realidad o alcanzar la verdad con ellos.

Y así, sin darnos cuenta, la genealogía del lenguaje ha derivado en una genealogía de la moral, ya que al ser los conceptos un pacto, y considerar que serán ciertos aquellos conceptos que nos sean beneficiosos, tendremos que distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo, para poder distinguir así, en un sentido moral, que es verdad y qué no lo es.

Pero, ¿Cómo sabemos que es bueno y que no lo es? El filósofo alemán nos propone entonces la idea de que los seres humanos nos dividimos en hombres fuertes y débiles. Los fuertes son aquellos que crean sus propios valores, que se rigen mediante sus propias normas y que, en definitiva, establecen un criterio propio. En cambio los débiles son aquellos que aceptan los valores establecidos sin más, comparándolos con un rebaño de ovejas.

Esta contraposición fuerte-débil es la que le sirve para establecer el antagonismo entre hombre racional y hombre intuitivo. El hombre racional es aquel que sigue la moral del rebaño, que utiliza los conceptos y se rige por ellos, siguiendo los valores ya establecidos. En cambio el hombre intuitivo creará sus propios valores, tenderá a la creación, al arte en definitiva, por contraposición al hombre racional que tiende a la ciencia.

Nietzsche enfrentará a estos dos tipos de hombre con la crisis de valores de la sociedad, el nihilismo. Según nuestro autor los hombres deberán superar el nihilismo pasivo, que consiste en obviar el hecho de que los valores de la sociedad están vacíos, para conseguir un nihilismo activo, es decir, rehacer tus propios valores con independencia de los ya establecidos. Sólo el hombre intuitivo será capaz de superar el nihilismo y se convertirá en el superhombre, der Übermensch.

El superhombre, caracterizado por su voluntad de poder, es decir, su constante afán de creación se desmarcará de la sociedad y se centrará en el arte, superará las fases de camello y león en las que todo ser humanos se encuentra o se ha encontrado para convertirse en niño, en el sentido de que su única ocupación será jugar con las metáforas, huyendo de los conceptos que no nos permitirán alcanzar la verdad. Y es que la principal diferencia radica en que las metáforas, al estar más próximas el estímulo original, están menos alteradas, pero son más que nada la expresión individual de un determinado acto, que deberá analizarse cada vez, y que dependiendo del observante, ante un mismo estímulo se producirán diferentes metáforas que además deberán ser interpretadas acorde con la situación.

Por lo tanto los dos tipos de hombre son los que definirían la sociedad en sí, fuertes y débiles, racionales e intuitivos. Y a pesar de lo que parezca, son los débiles los que siempre se han impuesto, ya que al poseer los valores del rebaño han tenido un soporte popular que los fuertes nunca han tenido. Pero tampoco es preciso que todos seamos fuertes. No todos estamos preparados para crear nuestros propios valores, es por ello que Nietzsche también nos dice que aquellos que no sean capaces de originar unos valores propios, que sigan los ya establecidos.

En definitiva Nietzsche establece esta diferencia primordial entre dos tipos de hombres para explicar el porqué de la degeneración de los valores de la sociedad occidental, ya que al gobernar siempre los débiles, que siguen los valores del rebaño y por lo tanto utilizan los conceptos, se ha llegado a un momento de “crisis” de la cual sólo podremos salir cuando los superhombres originen sus propios valores, viniendo así la gran aurora, comenzando un nuevo ciclo temporal de la historia.

Jose Ferrale

martes, 27 de mayo de 2008

Nietzsche, el valor y los riesgos de la búsqueda de la verdad, por Oscar Requena


En “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” el filósofo alemán Friedrich Nietzsche critica la cultura occidental por su empeño en la búsqueda de la verdad así como el valor y los riesgos que ello conlleva. Su crítica se refiere sobretodo a la discriminación que los filósofos del pasado, a los que él llama filósofos-momia, imponen a lo sensible., es decir, al exceso de protagonismo de la razón para hallar la verdad.

Nietzsche hace uso del método genealógico, analizando los principios en la búsqueda de la verdad, para comenzar a explicar su teoría. Con él nos dice que nuestra búsqueda de la verdad proviene del miedo y no del amor a la verdad como nos hacían pensar los filósofos-momia. Este miedo viene precedido de la fragilidad mental del ser humano que impide que podamos vivir en el caos. Ante este problema, el ser humano pone en funcionamiento la Razón para que genere un mundo irreal, es decir, lo que Platón llamó mundo sensible.

Si esta genealogía es aplicada al lenguaje vemos que es la necesidad del ser humano de transmitir sus experiencias y no la necesidad de conocer la que lo origina. El lenguaje tiene carácter metafórico pero hay personas, las poderosas, que fijan las metáforas y las convierten en conceptos. El proceso es el siguiente: los objetos sensibles son recibidos y la mente humana elabora una imagen a la cual le asocia una metáfora. La experiencia de sentir procesos u objetos similares crea la palabra (usando la lógica) y esta, al ser aceptada por un colectivo, se convierte en concepto. Esta aceptación conceptual es lo que el filósofo alemán llama pacto gregario y es fruto de evitar la amenaza que presenta la diversidad. Por lo tanto, no puede existir la verdad, eso tan apreciado, ya que esta es la convención de utilizar determinados términos en determinados contextos. Ante ello, Friedrich habla de perspectivismo, esto es, que no existe una sol verdad, sino muchas y todas ellas igual de válidas. Entonces, ¿a qué llamamos mentira? En el mundo actual se llama mentiroso a todo aquel que no acepte el pacto, es decir, el anormal (fuera de la norma) el que ataca la naturaleza del pacto. Entonces la verdad depende de lo que los poderosos o fuertes afirman que es lo bueno o lo malo y esto, según el alemán, debe ser estudiado desde la genealogía de la moral.

Para nuestro filósofo lo bueno, al igual que la verdad, es algo ficticio. Lo que se asocia con el adjetivo bueno es lo noble, lo meritorio. Por el contrario, lo malo es lo vulgar, lo simple… Todos estos conceptos son impuestos por los fuertes, ellos son los que deciden qué definición atribuir a cada denominación. Pero los débiles, fruto del rencor hacia los fuertes pueden hacerse con el poder y entonces ellos serían los buenos. Esto es lo que ha pasado por ejemplo con el cristianismo o el socialismo – pensamiento del cual Nietzsche no puede soportar la idea de igualdad. Su crítica a este ideal se ve muy bien argumentada con su cuestión “¿a quién le pides los apuntes cuándo faltas a clase?”. Nosotros debemos inferir que no todas las personas somos iguales.

Por otra parte el filósofo alemán aclara que la enfermedad que padece Occidente es el nihilismo. Su diagnóstico es fomentar el nihilismo activo frente al pasivo. Las personas deben criticar los valores implantados, enfrentarse a ellos. El que lo consiga, “ese hombre que nos sacará a todos de la estupidez”, será el denominado superhombre. Este es creador de sus propios valores, es decir, tiene voluntad de poder, pero para llegar a ese estado ha de pasar por tres fases. La primera es la del camello. Este es obediente por tradición y no se queja porque sabe que hay esos valores establecidos. La segunda fase es la del león que se queja de los valores establecidos pero no puede crear sus propios valores. La última fase es la de ser un niño, es decir, su actividad es jugar. Crea sus propios valores porque sus condiciones (inocencia, falta de prejuicios…) se lo permiten. El alemán, curándose en salud, advierte que no todo el mundo puede aspirar a superhombre y por lo tanto debe permanecer en el rebaño, obedeciendo.

En Nietzsche es muy importante el papel que le otorga al arte. Dice que el arte se acerca más a la experiencia originaria metafórica que a la conceptualización. La metáfora sabe que lo es y no intenta alcanzar la verdad mientras que las personas que creen que los conceptos pueden llegar a alcanzar la verdad están equivocadas y por ello más alejadas de la realidad. Refiriéndose a la belleza, Nietzsche distingue entre dos corrientes: lo apolíneo y lo dionisiaco. Mientras que los primeros se refieren al canon, a la severidad… los segundos tienen que ver con lo anticanon, lo que no tiene forma. Nuestro filósofo se acerca más a la segunda corriente ya que lo apolíneo, de manos de Sócrates, degenera en pura lógica.

Cuando se intenta explicar la teoría del eterno retorno se vuelve a repetir que la verdad es algo inalcanzable porque la vida está en constante devenir (ya lño decía Heráclito con su teoría de “todo fluye, todo cambia”) y ninguna ley científica puede perdurar durante todo el tiempo.
Finalmente, aclara que solo el superhombre podrá sobrevivir en este mundo caótico en el cual no es posible alcanzar la verdad absoluta y en el cual debe disfrutar de todo, sea mejor o peor, ya que todo forma parte de la vida.

En conclusión, la búsqueda de la verdad no ha sido otra cosa que la historia de un error en el que el puro miedo al caos vital hizo que se conceptualizaran y simplificaran los objetos, para así, poder vivir medianamente seguros. La verdad no es otra cosa que la convención de utilizar determinados términos según el contexto. El riesgo que han tenido todos los filósofos-momia y con ellos toda la sociedad ha sido el del continuo engaño al que han estado sometidos a la hora de querer alcanzar la verdad.
Oscar Requena