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domingo, 24 de abril de 2016

Kant. Texto Prólogo B (Trad. Pedro Ribas) §12

En efecto, según dicha transformación del pensamiento, se puede explicar muy bien la posibilidad de un conocimiento a priori y, más todavía, se pueden proporcionar pruebas satisfactorias a las leyes que sirven de base a priori de la naturaleza, entendida esta como compendio de los objetos de la experiencia. Ambas cosas eran imposibles en el tipo de procedimiento empleado hasta ahora. Sin embargo, de la deducción de nuestra capacidad de conocer a priori en la primera parte de la metafísica se sigue un resultado extraño y, al parecer, muy perjudicial para el objetivo entero de la misma, el objetivo del que se ocupa la segunda parte. Este resultado consiste en que, con dicha capacidad, jamás podemos traspasar la frontera de la experiencia posible, cosa que constituye precisamente la tarea más esencial de esa ciencia. Pero en ello mismo reside la prueba indirecta de la verdad del resultado de aquella primera apreciación de nuestro conocimiento racional a priori, a saber, que este solo se re ere a fenómenos y que deja, en cambio, la cosa en sí como no conocida por nosotros, a pesar de ser real por sí misma. Pues lo que nos impulsa ineludiblemente a traspasar los límites de la experiencia y de todo fenómeno es lo incondicionado que la razón, necesaria y justificadamente, exige a todo lo que de condicionado hay en las cosas en sí, reclamando de esta forma la serie completa de las condiciones. Ahora bien, suponiendo que nuestro conocimiento empírico se rige por los objetos en cuanto cosas en sí, se descubre que lo incondicionado no puede pensarse sin contradicción; por el contrario, suponiendo que nuestra representación de las cosas, tal como nos son dadas, no se rige por estas en cuanto cosas en sí, sino que más bien esos objetos, en cuanto fenómenos, se rigen por nuestra forma de representación, desaparece la contradicción. Si esto es así y si, por consiguiente, se descubre que lo incondicionado no debe hallarse en las cosas en cuanto las conocemos (en cuanto nos son dadas), pero sí, en cambio, en las cosas en cuanto no las conocemos, en cuanto cosas en sí, entonces se pone de manifiesto que lo que al comienzo admitíamos a título de ensayo se halla justificado. Nos queda aún por intentar, después de haber sido negado a la razón especulativa todo avance en el terreno suprasensible, si no se encuentran datos en su conocimiento práctico para determinar aquel concepto racional y trascendente de lo incondicionado y sobrepasar, de ese modo, según el deseo de la metafísica, los límites de toda experiencia posible con nuestro conocimiento a priori, aunque sólo desde un punto de vista práctico. Con este procedimiento, la razón especulativa siempre nos ha dejado, al menos, sitio para tal ampliación, aunque tuviera que ser vacío. Tenemos, pues, libertad para llenarlo. Estamos incluso invitados por la razón a hacerlo, si podemos, con sus datos prácticos.

Kant. Texto Prólogo B (Trad. Pedro Ribas) §11

Se ha supuesto hasta ahora que todo nuestro conocer debe regirse por los objetos. Sin embargo, todos los intentos realizados bajo tal supuesto con vistas a establecer a priori, mediante conceptos, algo sobre dichos objetos –algo que ampliara nuestro conocimiento– desembocaban en el fracaso. Intentemos, pues, por una vez, si no adelantaremos más en las tareas de la metafísica suponiendo que los objetos deben conformarse a nuestro conocimiento, cosa que concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a priori de dichos objetos, un conocimiento que pretende establecer algo sobre estos antes de que nos sean dados. Ocurre aquí como con los primeros pensamientos de Copérnico. Este, viendo que no conseguía explicar los movimientos celestes si aceptaba que todo el ejército de estrellas giraba alrededor del espectador, probó si no obtendría mejores resultados haciendo girar al espectador y dejando las estrellas en reposo. En la metafísica se puede hacer el mismo ensayo, en lo que atañe a la intuición de los objetos. Si la intuición tuviera que regirse por la naturaleza de los objetos, no veo cómo podría conocerse algo a priori sobre esa naturaleza. Si, en cambio, es el objeto (en cuanto objeto de los sentidos) el que se rige por la naturaleza de nuestra facultad de intuición, puedo representarme fácilmente tal posibilidad. Ahora bien, como no puedo pararme en estas intuiciones, si se las quiere convertir en conocimientos, sino que debo referirlas a algo como objeto suyo y determinar este mediante las mismas, puedo suponer una de estas dos cosas: o bien los conceptos por medio de los cuales efectúo esta determinación se rigen también por el objeto, y entonces me encuentro, una vez más, con el mismo embarazo sobre la manera de saber de él algo a priori; o bien supongo que los objetos o, lo que es lo mismo, la experiencia, única fuente de su conocimiento (en cuanto objetos dados), se rige por tales conceptos. En este segundo caso veo en seguida una explicación más fácil, dado que la misma experiencia constituye un tipo de conocimiento que requiere entendimiento y este posee unas reglas que yo debo suponer en mí ya antes de que los objetos me sean dados, es decir, reglas a priori. Estas reglas se expresan en conceptos a priori a los que, por tanto, se conforman necesariamente todos los objetos de la experiencia y con los que deben concordar.

Kant. Texto Prólogo B (Trad. Pedro Ribas) §9

Efectivamente, en la metafísica la razón se atasca continuamente, incluso cuando, hallándose frente a leyes que la experiencia más ordinaria confirma, ella se empeña en conocerlas a priori. Incontables veces hay que volver atrás en la metafísica, ya que se advierte que el camino no conduce a donde se quiere ir. Por lo que toca a la unanimidad de lo que sus partidarios afirman, está aún tan lejos de ser un hecho, que más bien es un campo de batalla realmente destinado, al parecer, a ejercitar las fuerzas propias en un combate donde ninguno de los contendientes ha logrado jamás conquistar el más pequeño terreno ni fundar sobre su victoria una posesión duradera. No hay, pues, duda de que su modo de proceder ha consistido, hasta la fecha, en un mero andar a tientas y, lo que es peor, a base de simples conceptos.

Kant. Texto Prólogo B (Trad. Pedro Ribas) §8


Entendieron que la razón solo reconoce lo que ella misma produce según su bosquejo, que la razón tiene que anticiparse con los principios de sus juicios de acuerdo con leyes constantes y que tiene que obligar a la naturaleza a responder sus preguntas, pero sin dejarse conducir con andaderas, por así decirlo. De lo contrario, las observaciones fortuitas y realizadas sin un plan previo no van ligadas a ninguna ley necesaria, ley que, de todos modos, la razón busca y necesita. La razón debe abordar la naturaleza llevando en una mano los principios según los cuales solo pueden considerarse como leyes los fenómenos concordantes, y en la otra, el experimento que ella haya proyectado a la luz de tales principios. Aunque debe hacerlo para ser instruida por la naturaleza, no lo hará en calidad de discípulo que escucha todo lo que el maestro quiere, sino como juez designado que obliga a los testigos a responder a las preguntas que él les formula. De modo que incluso la física solo debe tan provechosa revolución de su método a una idea, la de buscar (no fingir) en la naturaleza lo que la misma razón pone en ella, lo que debe aprender de ella, de lo cual no sabría nada por sí sola. Únicamente de esta forma ha alcanzado la ciencia natural el camino seguro de la ciencia, después de tantos años de no haber sido más que un mero andar a tientas.

jueves, 19 de abril de 2012

Esquema de Kant, por Lorena Martínez


Gracias Lorena, por compartir el esquema con tod@s. Viene bien para repasar conceptos y ver que no olvidamos nada y sabemos pasar de uno a otro.

Si alguien se anima a hacer en bonito el reloj que vimos hoy en clase también estaría chulo. Dibujos y colores no son contingentes, sino necesarios. También se vale varios relojes.

miércoles, 4 de junio de 2008

Os recuerdo un blog sobre Descartes-Kant-Nietzsche

Os recuerdo una dirección en la que hay material muy dirigido, claro y ordenado para lo que nos interesa de preparar el examen de la PAU la semana que viene.

http://francescllorens.wordpress.com/category/filosofia/

Recordar que no estamos para dedicarle mucho tiempo a nada, así que como lectura-repaso puede venir bien. ¡¡¡ Nada de empachos !!!

De Paco Llorens es el esquema que vimos de Nietzsche: "Sobre Verdad y Mentira... en 7 pasos". El otro esquema era de Nacho, que también estaba en el departamento. También Pilar, un saludo a los tres si pasáis por aquí. Los cuatro coincidimos en el IES La Costera de Xátiva hace no tanto tiempo.

Gracias Paco

domingo, 1 de junio de 2008

PAU: Repercusiones de... y críticas a... Platón, Descartes, Kant y Nietzsche

Como hemos hablado, es importante hacer referencia a autores en los que han influido los que hemos visto. Ahí van un par de ellos de cada. Son unas notas para ir arrancando, no queráis quedaros con todo, pero sí con un par de pinceladas que se ajusten a lo que entendéis de cada autor.

PLATÓN

INFLUENCIAS DE PLATÓN

"Toda la filosofía de occidente no es sino notas a pie de pagina de Platón" en el sentido de que, como vimos, plantea que la auténtica realidad no es lo que percibimos por los sentidos.

Problematiza la explicación filosófica de la realidad, pues tras él todos los filósofos tratarán los mismos temas que él y lo harán desde el conocimiento de su filosofía: la búsqueda del conocimiento objetivo, la relación entre apariencia y realidad, entre el conocimiento sensible y el intelectual, la filosofía entendida como especulación cuya finalidad es, sin embargo, absolutamente práctica, la pregunta por la naturaleza humana...


CRÍTICAS A PLATÓN

-Su discípulo Aristóteles (en Metafísica XIII, 4) critica la teoría de las ideas de (claro, su maestro) Platón señalando que:

1. Intentando explicar este mundo (sensible), Platón lo duplica, duplicando así el problema.
2. El mundo inteligible no permite explicar el mundo sensible porque si las esencias (ideas) de las cosas están separadas de las cosas (en otro mundo), es que no son propiamente sus esencias (si lo fueran, estarían en las cosas mismas).

-Ya en el siglo XX, K. Popper coincidía con Platón en la defensa de un mundo objetivo más allá de los cuerpos y las mentes [(Platón lo llamó Mundo de las Ideas, Popper, Mundo 3 (el Mundo 1 es el físico, el Mundo 2 el mundo de las mentes).]; pero le criticó lo que consideraba pensamiento político autoritario de Platón. (cf. Popper, en su obra La sociedad abierta y sus enemigos). Se ha dicho de Platón que su concepción del Estado Ideal es estatalista y organicista. Es estatalista porque Platón antepone el bien del Estado al bien individual. El Estado está por encima del individuo, el bien social está por encima del bien individual.


DESCARTES

CRÍTICAS A DESCARTES

Críticas a la duda cartesiana:

1. Se ha llegado a decir de ella que es una duda real, positiva, idéntica a la de los escépticos (lo afirma Gioberti, el cardenal Mercier, etc.).

2. También que se trata de una duda doble: es real respecto a las cosas que son verdaderamente dudosas, y ficticia respecto de aquellas otras de las cuales ni duda realmente Descartes, pero en las que encuentra en abstracto posibilidad de dudar (Gilson). La duda cartesiana es positiva, porque busca razones positivas para dudar.

3. Es parcial, porque exceptúa las verdades de la fe cristiana, la moral y las ideas claras y distintas (Chevalier): no duda de algunos principios básicos de la moral (como obedecer las leyes de mi país, etc.).


Crítica al “cogito” como principio de la filosofía:

1. Problema del solipsismo: dificultad de llegar a la afirmación de una realidad extramental existente fuera del mundo de sus ideas

2. La meritoria intención de extender su primera idea a todos los órdenes del saber tiene como resultado una filosofía sumamente endeble, una ontología mediocre, de consecuencias lamentables (como el problema irresuelto por él de las relaciones entre la res cogitans y la res extensa, el problema del dualismo antropológico, el riesgo permanente de solipsismo, etc.), tal como revela Jean L. Marion en Sur l’ontologie gris de Descartes.


KANT

INFLUENCIAS DE KANT

-> Su concepción de un sujeto que impone unas condiciones a priori influyó directamente en el Idealismo Alemán, en la primera mitad del XIX.

-> También influyó en el Positivismo de Comte, quien al entronizar la ciencia positiva como modelo de conocimiento y considerar la metafísica como un estadio pasado y superado por el positivo (=científico).

-> El Positivismo Lógico se esfuerza por establecer límites a la racionalidad científica, a la vez que mantiene el rechazo a la metafísica.

-> También Wittgenstein, en el siglo XX, estuvo interesado por la investigación de los límites del conocimiento, centrado en la comprensión de los límites del lenguaje.

-> También influye en la psicología (al hablar de estructuras cognitivas que todos tenemos) y en lingüística (concretamente Chomsky y su concepción de los universales).


CRÍTICAS A KANT

-> Se le ha criticado que las categorías no son exactamente las que él propuso.

Proyección de la crítica kantiana a la metafísica tradicional

-> Las bases del Positivismo Lógico, ya en el siglo XX, son tres: la negación de la metafísica, el fisicalismo y la verificablidad empírica. Para desarrollar la negación de la metafísica, el grupo de autores del círculo de Viena (capitaneados por R. Carnap) toman las aportaciones de Kant (y de Hume) al plantear la existencia de dos tipos de proposiciones, las formales (la lógica y la matemática) y las fácticas verificables empíricamente.


NIETZSCHE


REPERCUSIÓN DE NIETZSCHE

-> (En el libro, la referencia a Wittgenstein y a Foucault).

-> No ha dado lugar a una escuela filosófica claramente establecida, pero sus ideas están presentes en muchos pensadores contemporáneos. Su influencia ha traspasado los límites de la filosofía, llegando no sólo al público general sino que también hay quienes pretenden que fundamenta el nazismo y el anarquismo.

Dando mucha importancia a lo irracional, dejó huella en las doctrinas vitalistas y se incluye, junto con Marx y Freud, en el grupo de los llamados “Filósofos de la sospecha”.

Una página muy concreta que encontré sobre Nietzsche. Ojo con perder el tiempo buscando demasiado, lo que no se entiende bien se deja, a estas alturas no estamos para inventar:
http://dolphin.blogia.com/temas/nietzsche.php


⇒ Todo esto es para que lo incorporéis en vuestro discurso, no para añadir sin más. Lo que se escriba ha de tener relación con algo que se dice.

⇒ Si alguien se pasa por aquí y nos ayuda a completarlo, GRACIAS.

sábado, 10 de mayo de 2008

kant por pepe

Función relativa de la sensibilidad y del entendimiento en el conocimiento científico.

En la filosofía Kantiana, cuando hablamos de sensibilidad y entendimiento en el conocimiento científico nos referimos ni más ni menos que a las dos etapas que se tienen que llevar a cabo para alcanzarlo. Es decir, a la hora de determinar si una proposición es conocimiento científico o no lo es, tenemos que someterla a la sensibilidad, o sea, tenemos que obtener una experiencia de esta sensibilidad, y al entendimiento, que es someter esta experiencia a reflexión.
Pero para poder adentrarnos en la filosofía de Immanuel Kant, debemos comenzar por contextualizar un poco su obra y su filosofía. A finales del siglo XVIII, este autor prusiano, uno de los máximos exponentes de la ilustración alemana, se propuso someter a análisis la metafísica como ciencia. Pudo observar que mientras el resto de ciencias marchaban sobre unas bases sólidas, la metafísica estaba sumida en constantes disputas, así que se propuso analizar qué características tenían las bases de estas ciencias, para ver si eran aplicables a la metafísica, y así tratarla como una ciencia, o si por el contrario no debería considerarla como un saber no científico.
Influenciado por Hume y su crítica al principio de causalidad, Kant reflexiona sobre el papel de la experiencia en el conocimiento, y establece la llamada filosofía crítica, en la cual somete a crítica la razón pura, es decir, la que no se apoya en la experiencia, a través de su obra y mayor exponente Kritik der reinen Vernunft [Crítica a la razón pura]. En esta obra el filósofo reflexiona sobre el papel de la metafísica en su sentido tradicional, es decir, en el sentido de la filosofía especulativa tradicional, que sólo se servía de la razón para tratarla, obviando la experiencia, y diferenciando así dos de las mayores corrientes que han dominado la filosofía desde tiempos inmemoriales: Empiristas y Racionalistas.
Entonces, tras establecer su crítica, Kant se da cuenta de que si bien la experiencia es una condición necesaria, no es suficiente para que el conocimiento se produzca, por lo que el elemento que dota de necesidad y universalidad al conocimiento debe de estar en otro sitio. Es el llamado Giro Copernicano, con el cual Kant cambia la visión tradicional de que el conocimiento lo aportaba el objeto conocido, para decir que en realidad es una aportación a priori, es decir, independiente de la experiencia, del sujeto. Esto es una auténtica novedad comparándolo con autores anteriores, ya que cambia el punto de vista para centrarse en el sujeto, y no en el sujeto, siguiendo las corrientes ilustradas de la época que abogaban por el antropocentrismo.
Entendamos entonces que en el acto de la experiencia, el objeto es una amalgama incoherente de sensaciones, que para ser percibidas por el objeto cognoscente es preciso someter a dos cualidades a priori: El espacio y el tiempo. Estas dos condiciones son independientes de la experiencia, ya que es algo intrínseco en el sujeto y en la razón humana, y que se producirán con independencia del objeto del cual tengamos experiencia. Son por lo tanto necesarias para poder percibir el objeto, pero aquí viene una importante cuestión de la filosofía kantiana: No podemos conocer el objeto en sí, o noúmeno, ya que al aportar el sujeto estas dos condiciones para su percepción, lo que nosotros percibimos es un fenómeno, y no el noúmeno del objeto en cuestión. De esta forma, la estética trascendental, que es la parte de la filosofía kantiana que se encarga de la sensibilidad y de la percepción del objeto, se basa en los fenómenos, que es la percepción que nosotros recibimos del objeto una vez incluidas las condiciones espacio-temporales.
A continuación, podemos pasar a hablar de la analítica trascendental. Esta segunda parte, imprescindible para establecer el conocimiento científico, consiste en una vez percibido el objeto, pensarlo y determinar mediante la razón una serie de conclusiones. En este estadio del conocimiento, el sujeto emite juicios respecto al objeto percibido, y es aquí donde se decidirá si la experiencia recibida tienen las cualidades para ser considerada universal y necesaria, y por lo tanto, conocimiento, o si por el contrario no aporta nueva información. En este proceso, el sujeto utiliza su razón y una serie de condiciones a priori, llamadas categorías, o conceptos puros, que son de 12 tipos, cada tipo correspondiente con uno de los 12 tipos de juicios que es posible emitir, para establecer sus propias conclusiones y decidir las cualidades de la experiencia.
Y aquí es donde llegamos al establecimiento del tipo que han de ser los juicios para saber si aportan conocimiento o no. Está claro que deben de ser juicios analíticos, es decir, cuyo predicado no está contenido dentro del sujeto, y que por lo tanto aportan nueva información. Esta parte del juicio nos la proporciona la experiencia, ya que ha sido a raíz de ella que hemos empezado a indagar sobre ese suceso concreto. Luego debemos distinguir también si es un juicio a posteriori [Depende de la experiencia] o a priori [Es independiente de esta]. También aquí queda claro que debe de ser un juicio a priori, ya que está basado en las cualidades que aporta el sujeto y que son completamente independientes de la experiencia. Pero ojo, no hay que confundir términos: Es un juicio a priori porque las cualidades que aporta el sujeto independientemente de la experiencia recibida, pero todo conocimiento es originado en una situación experimental.
Así podemos, por fin, concluir que los juicios que proporcionan conocimiento, y los que son por lo tanto característicos de las ciencias, son los juicios analíticos a priori, ya que se originan en la experiencia, aportan nueva información y son a priori, es decir, el sujeto les impone esa condición de universalidad que todo conocimiento debe poseer.
De esta manera, establecidos los juicios sintéticos a priori como los característicos de las ciencias, llegamos a la respuesta de aquello que impulsó a Kant a establecer toda esta búsqueda, ¿Es la metafísica una ciencia? La respuesta será que no, ya que esta no se origina en la experiencia, sino que parte de la imposición de condiciones a priori a unos determinado elementos [Dios, alma, mundo], de los cuales no es posible tener experiencia. Y esto es debido a la ilusión trascendental, o característica intrínseca del ser humano por conocerlo todo, y que siguiendo el ejemplo del razonamiento abstracto de la matemática, establece razonamientos que cree correctos, pero que sin embargo, al no tener una base experimental, no podemos considerar conocimiento, sino solamente simple pensamiento.
Esta parte es lo que Kant llamará Dialéctica Trascendental, que trata de la moral, la ética y demás objetos parecidos, que son objeto del interés y de la inquietud humana, pero de los cuales no se puede obtener experiencia, y por lo tanto, no puede haber conocimiento. Esta filosofía será la llamada filosofía práctica, que se dedicará a la investigación de estas cuestiones, tratándolas como lo que son, ideales, y no como verdadero conocimiento.
Por lo tanto, y para concluir, retomamos el papel de sensibilidad y entendimiento en el conocimiento científico, para decir que en efecto son dos etapas del conocimiento científico, originadas en la experiencia [Sensibilidad, de la que se ocupa la estética trascendental], pero que están conformadas también por unos elementos a priori [Espacio-tiempo en el caso de la sensibilidad y las categorías en el caso del entendimiento], que son precisamente los que dotan estas proposiciones experimentales de la necesidad y universalidad que los dotará como auténtico conocimiento científico, estableciéndolas como juicios sintéticos a priori.

Pepe Ferrale

kant por clara

LA VALIDEZ DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO EN LA FILOSOFÍA DE KANT.

La reflexión al respecto de la ciencia supondrá para Kant un pilar básico como parte de su filosofía, y de ahí la importancia del título propuesto para esta redacción. En primer lugar hay que considerar los factores sociales que intervinieron en la sociedad del filósofo. En el siglo XVIII, plena filosofía moderna, Kant se ve imbuido por el desarrollo de la ilustración alemana y de la física, campo en el que destacan figuras como Newton, Galileo o Copérnico, cuyos preceptos quedan aceptados. Este contexto será determinante en su evolución.
En su obra “Crítica de la razón pura”, Kant se adentra en el conflicto de la metafísica. Esta, entendida en su concepción “tradicional” pretende abordar las cuestiones que competen en ámbitos más allá de la realidad y la experiencia. Consecuentemente, la metafísica se erige como punto de discordia entre las dos corrientes de mayor peso de la época: racionalistas i empiristas. Los primeros, la defendían, basándola en principios estrictamente racionales. Por otra parte, los empiristas la negaban por el hecho de no estar fundamentada, como ya se ha dicho, en la experiencia. Así, el filósofo reflexionará acerca de su posibilidad como ciencia.
Al mismo tiempo, dado el auge de la ciencia que, paralelamente, avanzaba con aceptación y Kant no pondrá nunca en duda su veracidad, se propone encontrar sus características o, formulado de otro modo, cómo es posible la ciencia. Así, una vez éstas hayan sido encontradas y establecido un criterio, podrá compararse con la metafísica, resolver la pregunta, y decidir a qué ámbito pertenece.
Esta metodología, por medio de la cual se analiza y cuestiona las diferentes perspectivas crítica. Al respecto, Kant afirmará que “ambos [racionalistas y empiristas] han confundido el origen con el fundamento”. De esta forma, con el fin de mitigar la discordia entre ambos, procederá al análisis y la delimitación del conocimiento, que quedará en relación con la cuestión científico-metafísica. (esto existe? Sonaba tan bonito…)
Asimismo, para abordar el tema, el filósofo alemán adoptará una postura innovadora. A través del denominado “giro copernicano”, es el sujeto cognoscente quien impone las condiciones al sujeto conocido, de manera, además, necesaria. A éste, Kant lo llamará “sujeto trascendental”; es decir, necesariamente todo ser humano. Dichas condiciones reciben el nombre de “a priori”, ya que su validez no depende de la experiencia. En relación a esto, cabe explicar los diferentes tipos de juicios: se distingue, por un lado, entre los ya citados “a priori”, y “ a posteriori”, cuya validez depende de la experiencia. Por otro lado, entre “sintéticos” cuyo predicado no está contenido en el sujeto, y “analíticos”, predicado contenido en el sujeto. La ciencia, con vista al avance del conocimiento, funciona con juicios sintéticos a priori.
El papel del sujeto trascendental tiene un papel fundamental en el proceso de comprensión del conocimiento. Kant lo divide en dos fases que se tratan en cada una de las partes de su obra. En la primera parte, la “Estética trascendental”, se trata el primer nivel de conocimiento, la sensibilidad. En ésta, los objetos, que proceden de la realidad, son intuidos por el sujeto que, por su propia naturaleza, impone las condiciones a priori de espacio y tiempo. La unión de ambos elementos, da lugar al “fenómeno”. De aquí se extrae que el sujeto no puede llegar a conocer el objeto en sí o “noúmeno”. La segunda parte o “Analítica trascendental”, se ocupa de la siguiente fase del conocimiento, el “entendimiento”. En ésta, se trata de explicar el paso entre el fenómeno y la determinación de las leyes de universalidad y necesidad de la ciencia. Partiendo de la existencia de doce tipos de juicios, el sujeto debe tener la facultad de enunciarlos. A esta facultad se le llama “categorías” y se clasifican en doce –como la causalidad o la totalidad-, de acuerdo con los juicios. Por lo tanto, los objetos que habían sido elaborados en la fase anterior son, en ésta, conocidos. Dará como resultado los principios de la ciencia.

De acuerdo con el análisis elaborado a lo largo del texto, Kant llega a la determinación de que el conocimiento se origina en la experiencia pero no depende únicamente con ella, sino de lo que aporta el sujeto. A partir de aquí, se elabora la célebre “Síntesis Kantiana”, cuyo contenido se ilustra con la cita “pensamientos sin contenidos son vacíos, intuiciones sin conceptos son ciegas”. Así, habiendo establecido un criterio para la ciencia, se procede a resolver la cuestión metafísica. Tal y como queda recogido en la tercera parte de su obra, la “Dialéctica Trascendental”, la metafísica no es posible como ciencia, ya que no se origina con la experiencia. No obstante, se encargará del ámbito de la razón práctica, y será trascendente, ya no trascendental.
Marcando un antes y un después en la filosofía, Kant consigue establecer los limites del conocimiento, que quedan subordinados a las condiciones a priori establecidas por el sujeto trascendental. De este modo, supone una crítica a las posiciones radicalizadas de dogmáticos y escépticos, desechando las pretensiones del conocimiento de la realidad en sí.

Clara Monzó

jueves, 8 de mayo de 2008

kant por david

-El conocimiento humano y condiciones de la posibilidad de ciencia en Kant.


Immanuel Kant, vivió en tiempos donde la ciencia avanzaba a un ritmo brutal, pero el filósofo se asombró por la seguridad con la que esta adelantaba y por ello se preguntará cuales son esos elementos, condiciones, o requisitos que exige la ciencia para que pueda ser posible, ya que da por sentado que es verdadera y lo que realmente le importa es averiguar porque lo es. Esto le servirá para determinar si es posible la metafísica como ciencia, si está formada por los mismos elementos constitutivos que la ciencia. Para averiguar estas condiciones deberá determinar como es posible el conocimiento y que podemos conocer.

Kant, envuelto de empiristas y racionalistas que solo confiaban en la experiencia o en la razón, realizó la llamada síntesis kantiana. Esta síntesis consistía en la unión de ambos elementos, experiencia y razón, como requisitos para hacer posible el conocimiento. En primer lugar, todo conocimiento tiene su origen en la experiencia y una vez obtenidos estos datos sensibles, la razón, con sus elementos a priori, que son verdaderos independientemente de la experiencia. Cabe distinguir ahora, la existencia de dos tipos de elementos a priori, los puros y los no puros. Estos primeros son aquellos en los que no se ha mezclado nada empírico, y los no puros contienen algo de experiencia, aunque a priori signifique que es independiente de la experiencia. Resumiendo, lo antes dicho, la experiencia es necesaria, pero no suficiente, ya que también necesita la razón, “Todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, no brota sin embargo, todo el de la experiencia”. Por esta forma de entender el conocimiento, analizando las condiciones de posibilidad del mismo, Kant supera el racionalismo y el empirismo. A esta filosofía se le denomina crítica o trascendental.

Esta experiencia de la que hablamos, se determinó que era particular y contingente, a partir del principio de causalidad de Hume, que decía que la causalidad era un mero hábito. Esto hizo despertar a Kant del sueño dogmático, y para eliminar esa particularidad de la experiencia, estableció el llamado giro copernicano, donde invirtió el sentido del esquema de la forma de conocer, donde no es el objeto el que pone las condiciones, si no que es el sujeto cognoscente, mediante la razón el que impone esas condiciones, que serán las condiciones a priori. Por tanto, todos percibiremos la realidad de la misma forma para conseguir la universalidad y necesidad, distorsionada por las lentes, que son los elementos a priori, y lo llamaremos fenómenos, siendo incapaces de conocer la realidad en si que es el noúmeno.

Dentro de este proceso de conocimiento, encontramos la sensibilidad, que pertenece a la estética trascendental, y el entendimiento a la analítica trascendental. En la primera etapa, los objetos que proceden de la realidad son intuidos, y sus condiciones a priori son el espacio y el tiempo, necesarios para la existencia de objetos. La segunda etapa la comprende el entendimiento, donde los objetos son pensamientos. Son la condición formal del conocimiento y pertenecen al sujeto cognoscente. Lo conocido en la primera fase seria el fenómeno, y las condiciones a priori que se tratarían estos fenómenos desde el entendimiento, son las 12 categorías o juicios, que organizan los conceptos que vienen de la sensibilidad.

En lo referente a los juicios, estos deberán ser sintéticos, pues aportan nuevos contenidos, contrariamente a los analíticos.
Una vez analizado como es posible el conocimiento y la ciencia, Kant afirma que la metafísica no puede ser contemplada como ciencia, pues no cumple las condiciones a priori de necesidad y universalidad, y por tanto se deberá encargar de los valores morales.

En conclusión, Kant establece el funcionamiento del conocimiento humano y las condiciones de la ciencia haciendo de buen diplomático entre empiristas y racionalistas, resumiendo todo a que la experiencia es necesaria pero no suficiente. Pone limites a la razón para así poder conocer las cosas y todo siempre aplicando la filosofía crítica, método que la razón se pone a si misma para averiguar si la metafísica puede alcanzar sus pretensiones, que es entorno a lo que gira la CPR.



David Llobell Bartual

kant por diana

Diana de la Torre Massaguer: Función relativa de la sensibilidad y el entendimiento en el conocimiento científico

La filosofía crítica de Kant, nace como respuesta al problema que venían acarreando empiristas y racionalistas sobre el origen del conocimiento y la validez universal de la metafísica, al mismo tiempo que en el desarrollo de una época de “revolución científica” que dará lugar al conocido moviendo de la ilustración, donde experiencia y racionalidad serán necesarias para la libertad en el avance del conocimiento del ser humano.

Kant, para resolver el problema, lo plantea de otra forma; según él existe un error al creer que la validez del conocimiento se fundamenta en su origen y no en las condiciones que lo hacen necesario y universal, luego tanto la postura de los racionalistas: sólo la metafísica es considerada como el conjunto de todos los conocimientos y por tanto la razón no tiene limites y no depende en absoluto de la experiencia, lo que nos lleva al dogmatismo; como la de los racionalistas: el conocimiento únicamente es posible a través de la experiencia o sentidos y por tanto no puede haber necesidad y universalidad en este método de conocimiento, dando lugar al escepticismo; quedan refutadas por el autor ya que el conocimiento existe, y ha de ser universal y necesario.

Por tanto para que haya conocimiento debe haber experiencia, y a la vez para que este sea universal y necesario deben existir unas características propias al entendimiento que le otorgue ambas facultades.

Llegados aquí, es posible que nos preguntemos cómo llegar a la formulación de un conocimiento verdadero y universal; pues bien en primer lugar hay que destacar la importancia de la experiencia: según Kant todo aquello que se considere conocimiento deber hacer avanzar a la ciencia, sino, no lo es. Así pues éste debe provenir del mundo físico, donde el sujeto recibe una serie de impresiones sin control que el entendimiento deberá ordenar mediante una sus facultades, para que así esa serie de impresiones se conviertan en razonamientos verdaderos y universales, es decir, conocimiento
.
En esta explicación Kantiana, puede que veamos muchas similitudes con el método de la física, debido a la gran influencia y certidumbre que habían creado filósofos como Newton con la publicación de sus trabajos y sus avances físicos y matemáticos.

¿Pero entonces podemos comparar la metafísica con la ciencia como una fuente de conocimiento?

A pesar de la pretensiones de la metafísica tradicional, parte principal de la filosofía, de ser el conocimiento esencial del ser humano, ha llegado el momento en el que sus pilares se tambalean, por la ausencia de un método que le de la totalidad de la validez que necesita para ser considerada como foco de conocimiento.
Kant, para resolver este dilema investigará primeramente cuáles son los elementos que hacen que la ciencia sea posible, para así averiguar si también si lo es la metafísica y por tanto cuáles son sus limites; es así como nace la filosofía crítica

De esta forma, Kant introduce en este proceso de elaboración del conocimiento al sujeto como un ente activo en la elaboración del mismo, es decir que al sujeto le es otorgado una función cognitiva, lo que se conoce como giro copernicano.
Aquí Kant lo que intenta expresar es la importancia del ser humano y por tanto de la experiencia para la obtención de unos datos que posteriormente se convertirán en conocimiento a través de una serie de condiciones a priori, que nos ayudarán a dar el paso de lo sensible y fugaz a la universalidad y necesidad.
Por tanto vemos que lo que hace que el conocimiento sea verdadero, es el sujeto y sus características.

Este razonamiento hay que destacarlo, ya que surge como respuesta a la Crítica de Hume sobre el principio de causalidad, porque según éste no existe en la realidad, sino en nuestra mente como una serie de conexiones a partir de unas impresiones que se han formado a base de la repetición de distintos hechos.
Es evidente que la crítica de Hume destrozaba al pilar fundamental de la ciencia, por ello Kant defiende que la ciencia, basada en la naturaleza, experiencia mantiene elementos a priori, o trascendentales que son determinantes para hacer de ella misma una ciencia universal. Luego tanto experiencia como entendimiento y razón son necesarios para la formación del conocimiento; esto es conocido como la síntesis kantiana, uniendo por tanto las bases de los racionalistas y empiristas: “Pensamientos sin contenidos son vacíos, intuiciones sin conceptos son ciegas”.

Llegados a este punto, es evidente que la metafísica no es posible como conocimiento, ya que esta al rechazar la experiencia niega toda posibilidad de conocimiento.

¿Pero como se ocupa la filosofía de Kant de cada uno de las fases del conocimiento?

En primer lugar Kant establece la diferencia entre la Estética Trascendental y la Analítica Trascendental.
La Estética Trascendental: se ocupa del primer nivel del conocimiento: la sensibilidad, por tanto ésta estudia la forma en la que el sujeto capta la realidad exterior convirtiéndola en fenómenos, a través de unas condiciones intrínsecas al sujeto: el tiempo y el espacio, las aportaciones a priori del sujeto.
Ahora bien, cabe la pregunta de si es posible conocer la realidad exterior tal y como es; la respuesta es que no, ya que el sujeto que es el que impone las condiciones para establecer un tipo de conocimiento a través de la elaboración de las relaciones de todas las impresiones que recibe, no deja paso a conocer como es en sí la realidad, o lo que llama Kant: noúmenos, es decir la cosa en sí el sujeto como activo del conocimiento jamás la podrá conocer.

Por otro lado la Analítica Trascendental: se ocupa del entendimiento, es decir de cómo éste mediante unos elementos a priori, inherentes a la facultad del entendimiento que son las conocidas categorías: unidad, pluralidad, totalidad, realidad, negación, limitación, inherencia y subsistencia, causalidad y dependencia, comunidad, posibilidad e imposibilidad, existencia y no existencia, necesidad y contingencia; es capaz de comprender lo fenómenos que se le han presentado en el nivel de la sensibilidad y por tanto formar juicios razonados que formarán parte del conocimiento.

Por tanto, queda dicho como se produce el conocimiento universal y necesario, y si aplicamos este mismo proceso a cualquier saber y se establece dentro de los límites establecidos podrá ser considerado como tal.

Por lo que hace a la respuesta de la metafísica, es evidente que no puede funcionar como ciencia, debido a que ésta no se ocupa de cosas que se relacionen con al realidad y la experiencia; esta sólo tiene la pretensión de establecer verdades más allá de lo sensible y eso, como hemos visto, no es posible, ya que se necesita tanto de experiencia como de entendimiento.
Haciendo un breve inciso, el propio Kant, llama metafísica a la totalidad de su filosofía crítica, ya que según palabras del mismo, su propia razón es la que se establece los límites para someterse a la crítica de la misma y por tanto poder elaborar el conocimiento.

Cabe la posibilidad, por otro lado, de que nos preguntemos como Kant sintetiza tanto los fenómenos que recibimos a partir de la sensibilidad y como pasamos a la elaboración de un conocimiento universal y necesario a través del entendimiento, pues bien Kant dice al respecto, que los principios de las ciencias están formados por juicios sintéticos a priori, son sintéticos porque hacen avanzar al conocimiento y son a priori porque son verdaderos y no dependen de la experiencia para ser demostrados (no estoy segura aquí me haga un lío). Y así queda resuelto el problema de Kant sobre qué clases de juicios son los que hacen avanzar a la ciencia y al mismo tiempo son verdaderos.


Finalmente, hemos podido ver los motivos por los cuales Kant afirma que la metafísica no se considera ciencia, en primer lugar porque es un saber que excluye la experiencia como forma de percibir los fenómenos de la realidad, en segundo lugar porque se ocupa de cosas trascendentes, de cosas que no se pueden conocer porque están más allá de la experiencia como las ideas de: alma, mundo y Dios.
Pero sin embargo Kant le atribuye el papel del mundo de los valores, es decir la metafísica como disposición natural de los seres humanos a la hora de realizar preguntas sobre el bien, el mal, el porqué de la existencia del hombre; lo que se conoce como razón práctica.
Pero dejando claro que el verdadero conocimiento siempre se articula entorno al sujeto cognoscente y a las características propias del sujeto: la sensibilidad y el entendimiento; razón teórica o filosofía teórica??

kant por anna

Anna Roca

PAU SEPTIEMBRE 07

LA POSIBILIDAD DE LA METAFÍSICA COMO CIENCIA SEGÚN KANT

El problema de la metafísica sobre el cuál Kant se cuestiona es su imposibilidad de avanzar de la misma manera que lo hacen otras ciencia, como la matemática y la física. Estas ciencias, especialmente la física, estaban teniendo un gran progreso en el siglo XVIII; en cambio, la metafísica estaba en medio de un caos entre el dogmatismo de los racionalistas y el escepticismo de los empiristas. Es por esto que el ilustrado alemán, trata de averiguar, mediante el análisis crítico de la razón, qué es lo que impide a la metafísica progresar. Pero para ello, deberá primero averiguar cuáles son las características del conocimiento en general, que viene representado por la ciencia, y después, comparar estas condiciones con la metafísica para ver si las cumple y así responder a la pregunta: ¿Es la metafísica una ciencia?

No obstante, antes de desarrollar todo el procedimiento que llevará a Kant a contestar esta pregunta, es preciso realizar algunos matices sobre el término “metafísica”. Puesto que este concepto es de una vital importancia en la filosofía kantiana, adquiere distintos significados, cuatro acepciones diferentes: en primer lugar, en el sentido de metafísica tradicional, la dogmática que se desarrolla al margen de toda experiencia y sin crítica alguna. En segundo lugar, como disposición natural en tanto en cuanto que se ocupa de cuestiones que el ser humano se plantea de forma natural –alma, mundo y Dios. En tercer lugar, es la denominación que el propio Kant da a su sistema filosófico, a su filosofía crítica. Por último, la metafísica como la que se ocupará, cuando Kant responda a la cuestión antes planteada, del mundo de la ética y de los valores. De manera que cuando hablamos de comparar la metafísica con las demás ciencias, hablamos evidentemente de su acepción tradicional.

Pues bien, en el camino de dar respuesta a las pretensiones de la metafísica, el primer paso es analizar que es lo que proporciona validez a la ciencia. En este sentido, es importante tener en cuenta que Kant no analiza la ciencia porque dude de su validez, ya que es evidente que es conocimiento, sino que lo hace para descubrir qué es precisamente lo que le da esa validez.
De esta manera, para descubrir qué es lo que constituye el conocimiento, el filósofo alemán hace una distinción entre dos tipos de juicios según su estructura: juicios analíticos y sintéticos, que a su vez se pueden clasificar en a priori o a posteriori dependiendo del origen de su validez. Así, los analíticos expresan en el predicado una idea que estaba ya contenida en la definición del propio sujeto, de manera que no amplían el conocimiento, pero son necesarios. Por su parte, los juicios sintéticos aportan una información nueva que no se encontraba en el predicado, por lo que amplían el conocimiento y se derivan de la experiencia. Con esto resulta evidente que la ciencia debe estar constituida por juicios sintéticos, pero estos tienen el problema de ser contingentes, lo cual no puede darse en el conocimiento que ha de ser necesario y universal. Por lo tanto, los juicios que forman la ciencia son sintéticos a priori, esto es, amplían el conocimiento y además su validez no depende de la experiencia, por lo que son necesarios y universales.

Según esto, se ve claramente que el conocimiento está formando por una síntesis de dos componentes: la experiencia y las condiciones a priori, trascendentales. Esta es la conocida como síntesis kantiana que unifica la corriente empirista y la racionalista para determinar los dos componentes del conocimiento, pues en palabras del propio Kant, “pensamientos sin contenido son vacíos, intuiciones sin conceptos son ciegas”.

Así pues el origen del conocimiento es la experiencia, que pertenece al nivel de la sensibilidad. Pero la experiencia no se concibe como lo hacían lo empiristas, sino que también es una síntesis de dos elementos. Por un lado, están los datos sensibles, que provienen del mundo exterior y que nosotros captamos mediante los sentidos. Por el otro lado, encontramos las condiciones a priori de la sensibilidad, que son el espacio y el tiempo. Estas condiciones las impone el sujeto cognoscente de manera inmediata y lo que hacen es ordenar el conjunto caótico de datos que nos llegan a través de los sentidos, de tal manera que al sujeto le resultaría imposible captar estos datos sin ubicarlos en unas coordenadas espacio-temporales. Estos dos elementos construyen lo que Kant denomina fenómeno, que es lo que nosotros podremos llegar a conocer de la realidad, frente a aquello que nunca llegaremos a conocer por las propias características de nuestro modo de conocimiento: el noúmeno.

No obstante, como hemos apuntado, la experiencia es necesaria pero no suficiente, por lo que es necesario pasar al siguiente estadio de nuestro proceso de conocer: el entendimiento. Este nivel parte del fenómeno que le llega de la experiencia y, de la misma manera que en ésta, el sujeto le aporta unas condiciones a priori. En este caso, las condiciones a priori son las doce categorías en que se clasifican los conceptos que nos permiten entender lo que procede de la experiencia. Esta división en doce categorías se corresponde con los doce tipos de juicios que Kant distingue, ya que los juicios no son más que relaciones entre conceptos. Así, es de estas condiciones a priori que el sujeto aporta de donde proceden la necesidad y la universalidad características de las ciencias y de todo conocimiento. Con esto el filósofo alemán consigue superar las consecuencias de la crítica a la causalidad de Hume, que no era otra que la imposibilidad de un conocimiento universal y necesario, ya que estas características no se encuentran en la experiencia, particular y contingente. El giro que dio Kant y que pasa la imposición de las condiciones del conocimiento del objeto al sujeto trascendental, es lo que se conoce como giro copernicano y supuso un paso importante para la filosofía de la época.

Una vez determinadas las condiciones que cumple toda ciencia, sólo queda compararlas con la metafísica con el objeto de comprobar si las cumple y es una ciencia, o si por el contrario no lo hace y no puede ser considerada como tal. La respuesta es evidentemente negativa: la metafísica no es una ciencia. No obstante, esto no significa que la metafísica deje de ser importante, sino simplemente, que se tendrá que dedicar a otro tipo de menesteres. Kant le encomienda la tarea de ocuparse del mundo trascendente de los valores morales y de las cuestiones que el ser humano se plantea por naturaleza –recordando la acepción de metafísica como disposición natural-, más allá de toda experiencia. Queda, por lo tanto, en el ámbito de la filosofía práctica, dentro del estadio de la razón pura, y se ocupa de lo que son las cosas en sí, los noúmenos, de los cuales no se puede obtener conocimiento alguno, pero sí se puede pensar en ellos. Y aunque la razón sabrá que no le es posible conocerlos, incurrirá una y otra vez en su afán generalizador, en la ilusión trascendental que le hará creer que puede dar respuesta a esas preguntas, y le será inevitable, pues es una disposición natural del ser humano.

Para concluir, Kant responde a la pretensión de la metafísica de establecerse como ciencia con una rotunda negativa que recuerda a la razón la necesidad de fijar sus propios límites, sin pretender obtener conocimiento al margen de la experiencia, así como de realizarse una crítica a sí misma. Así, con su idealismo trascendental y con el importante papel del sujeto en el proceso activo del conocimiento, Kant sentará un precedente para la filosofía, que deberá abandonar los intentos de llegar a conocer la realidad en sí.

Kant: Características del conocimiento científico, por Oscar Requena

En el siglo XVII, época en la que vivió Emmanuel Kant, la ciencia estaba consiguiendo grandes progresos y esto era debido, claro está, a los adecuados procedimientos de que se servía. En este momento la ciencia contaba con personajes de la talla de Pascal, Copérnico o Darwin pero entre ellos destacaba Newton. Todos ellos “revolucionaron” la ciencia (a pesar de que la revolución científica fue antes) y el conocimiento científico fue poco a poco hacia delante y con unos cimientos muy seguros. Es aquí cuando el filósofo alemán se pregunta, ¿Cuáles son esos cimientos sobre los que se sustenta la ciencia? Y aún va más allá: ¿Es posible la metafísica como ciencia? (De esto se ocupará la dialéctica trascendental) Si es así, ¿Por qué hay tanta disputa entre los filósofos? Y si no es así, ¿Qué características o cualidades le faltan? Ante este mar de dudas nuestro filósofo deberá analizar primeramente las características del conocimiento científico.

El problema fundamental de la filosofía kantiana, sin el cual difícilmente Kant hubiese elaborado su obra, es si la metafísica podría lograr emitir juicios tan seguros como lo estaba haciendo la ciencia en esos años. La respuesta es clara y contundente; no, no es posible. Este es el problema que el alemán analizará a lo largo de la Crítica de la Razón Pura (CRP).

El conocimiento en esta época estaba influido por dos corrientes muy distantes entre sí. Una de esas corrientes era el racionalismo. Ésta, que también influyó en gran medida en la mente de nuestro filósofo, defendía a ultranza la capacidad de la mente y la razón para lograr conocimiento ya que, basándose entre otros en Descartes, se creía que la mente humana poseía unas ideas innatas de las cuales provenía todo el conocimiento, incluso el derivado de la moralidad y la fe. Esta “certeza” tan poco argumentada fue la causa de que el racionalismo se volviera dogmático y también fue el punto débil por el cual, la otra corriente, el empirismo, y con ella Locke, había caído en el escepticismo. La poca solidez racionalista llevó a que los empiristas dudasen de la capacidad del ser humano para conocer y llegaran a un escepticismo radical. La metafísica, que era regida por los racionalistas había cometido el mismo error, dejar de lado la experiencia en el ámbito del conocimiento. Fue el primer paso de Kant para reconocer que la metafísica nunca llegaría al conocimiento verdadero. Así es como comenzaba la filosofía crítica y esta crítica sería la vacuna para erradicar el dogmatismo en los racionalistas. Es con este dogmatismo con el que se elabora la metafísica tradicional aunque este no es el único sentido que se le da a la metafísica. También se entiende esta como la tendencia natural de los hombres por conseguir los absolutos, cosa que, como ya dirá Kant cuando hable del giro copernicano, es imposible. El alemán también llama metafísica a la totalidad de su crítica filosófica porque es la propia racionalidad humana la que critica las ansias de la razón. Y por seguir la receta de los racionalistas también es nombrada la metafísica moral, es decir, la que intenta lograr el conocimiento dentro del mundo especulativo de los valores.

Kant establece que el conocimiento debe estar fundamentado u originado en la experiencia aunque no sea esta la única facultad de la que deba disponer ya que “pensamientos sin contenidos son vacíos e intuiciones sin conceptos son ciegas”. En contraposición con lo que los racionalistas llamaban ideas innatas, el filósofo de Alemania piensa que es exigencia de la racionalidad humana que la razón contenga unos elementos a priori, cuya veracidad no dependa de la experiencia, a pesar de que el conocimiento se origine en ella.

Una de las preguntas más importantes que se hace Emmanuel es: si el conocimiento parte de la experiencia que es particular y contingente ¿cómo es posible que el conocimiento pueda llegar a ser universal y necesario como lo lleva siendo en la ciencia? Frente a este problema e inspirado en la revolución de Copérnico y más concretamente en su famoso giro copernicano dirá que son los objetos los que deben someterse a las condiciones de la razón y del sujeto cognoscente y, en consecuencia, no se podrá conocer la cosa en sí o noúmeno sino el fenómeno, que es aquello que podemos percibir del objeto en sí. Esta es la única manera de que el conocimiento siendo experimental sea también universal y necesario. Es decir, la racionalidad humana impone a la ciencia las condiciones a priori de universalidad y necesidad. Todas estas son las condiciones o rasgos propios del conocimiento científico, es decir, las características que estábamos buscando. Pero a este conocimiento se le impone, durante el proceso de formación del mismo, otras condiciones.

El proceso de formación del conocimiento consta de dos fases: la sensibilidad y el entendimiento que, en la filosofía kantiana, se entienden pos la estética trascendental y la analítica trascendental. La sensibilidad impone las condiciones de espacio y tiempo sin los cuales, por supuesto, sería imposible establecer conocimiento alguno. El ser humano, para conocer, emite juicios pero estos no pueden ser infinitos por lo cual Kant los reduce a 12. Los juicios se relacionan con las 12 categorías que son el condicionante que aporta el sujeto en la fase del entendimiento.

Finalizando ya, hemos de destacar de todo lo dicho que las características del conocimiento científico son muy distintas a las de la metafísica y por lo tanto a esta materia, por dejar de lado a la experiencia, solo se le puede atribuir, que no es poco, la tarea de analizar el mundo trascendente y especulativo de los valores. Mientras que la ciencia, al utilizar la experiencia como fundamento del conocimiento, imponerse la razón humana a esta y poner como leyes universales los juicios sintéticos a priori, avanzará con paso firme y sin disputas interiores.


Oscar Requena