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sábado, 20 de septiembre de 2008

Un adelanto de "ilusiones"



" Pues aquí va un adelanto de lo que va a ser el próximo trabajo de Vitto, que llevará el nombre de \"ilusiones\", espero que os guste y un saludo a toda esa gente de Aldaia y del blog." Vitto

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miércoles, 10 de septiembre de 2008

"Nos sentimos tratadas como si fuéramos estúpidas"

Un colegio niega la admisión a las hijas de un matrimonio de mujeres

SUSANA PÉREZ DE PABLOS - Madrid - El País 10/09/2008

La psicóloga del colegio salió de la habitación con el libro de familia en la mano. Fue cuando vio que las mellizas de casi dos años tenían dos madres: Julia y María. "Al poco volvió a entrar algo apurada: 'Perdonen que no se lo haya dicho antes, no hay plazas para esa edad". Fue el 18 de julio. Y aunque han pasado casi dos meses, Julia lo recuerda aún con angustia.

"Nos quedamos paralizadas. Nunca habíamos sufrido una discriminación así"

Julia y María -nombres ficticios, para conservar su anonimato, ya que trabajan de cara al público- están casadas desde el 30 de septiembre de 2006. Cuando ocurrió el episodio llevaban más de una hora recorriendo las instalaciones del Colegio SEK-El Castillo, un centro privado situado en las afueras de Madrid, en el que la cuota mensual de infantil es de 590 euros. No les pusieron ningún pero. Además, la visita se había concertado después de haber cruzado diversos correos electrónicos con el centro en el que se les aseguró que sí había plazas libres para sus hijas. El último, el 7 de julio. En las semanas siguientes, dos parejas de amigos llamaron al colegio preguntando si había plazas para esa misma edad y a todos les contestaron por escrito que sí. Al último, el 29 de agosto. A ellas les siguen diciendo (la última respuesta es del pasado lunes) que están en lista de espera.

"Aquel día nos quedamos calladas y paralizadas. No nos lo esperábamos, nunca habíamos sufrido una discriminación así". De hecho, tardaron en reaccionar. "Nos sentimos tratadas como si fuéramos estúpidas. Necesitábamos salir de la duda de inmediato", recuerda Julia. Por eso, nada más dejar el centro, ya en el coche, Julia llamó a Marta, su secretaria, y le pidió que telefoneara al colegio para preguntar si había plazas para niños de dos años. "Me contestó al poco. Le dijeron que sí. Me quedé hecha polvo".

El Colegio San Estanislao de Kostka (SEK) defiende una "educación en libertad y para la libertad y la ausencia de discriminación por razón alguna", según figura en su ideario. Es lo que les gustó a estas madres. El SEK tiene 7.000 alumnos y seis centros en España, así como una universidad privada, la Camilo José Cela. Se declaran defensores de valores "personales, biólogicos", del "pluralismo social, la veracidad, la conducta ética y la libertad". El director de Comunicación de la Institución SEK, José Luis Málaga, no se explica lo ocurrido. Asegura que los valores que tienen publicados son "su ideario y lo mantienen". "Bajo ningún concepto somos discriminatorios", defiende. "Tenemos que comprobar si estas niñas están en lista de espera. En educación infantil para 1 y 2 años la matrícula suele cerrarse muy pronto, hay mucha demanda". No sabe por qué a otros padres se les dijo en los mismos días que sí había plazas. ¿Admitirían a estas niñas si se quedan plazas libres? "No habría ningún problema", asegura.

Julia y María son profesionales de alto nivel y llevan escasos años viviendo en Madrid. La primera es empresaria autónoma y la segunda tiene un restaurante que frecuentan actores, periodistas, políticos... Sus mellizas, una muy rubia y otra muy morena, van a hacer pronto dos años. Les costó mucho tenerlas. "No creas que ha sido fácil crear esta familia", dice María. Julia dio a luz el 31 de octubre de 2006 después de haberse sometido a varias inseminaciones y tener diversos abortos. Llevaban siete años juntas y se querían. Se siguen queriendo. "Por eso teníamos que casarnos. Nos hacía falta. Y nunca nos peleamos", aseguran al fotógrafo mientras posan.

María se arranca contando su historia. Se casaron cuando Julia estaba embarazada de ocho meses para poder inscribir a las niñas a nombre de las dos. Pero no les dejaron en el Registro Civil de la calle Pradillo de Madrid, a pesar de que ya estaban casadas. Acudieron cinco veces. Al final, María ha tenido que adoptar a las niñas y pasar incluso una prueba psicosocial. "Hay un vacío legal enorme, un hombre puede registrar a un hijo sin que le pidan nada y a nosotras, estando casadas, no nos dejan".

Las niñas están bautizadas. Las madres son creyentes, sobre todo María. "La Biblia no dice nada en contra de estas situaciones. Dice 'amaos los unos a los otros como yo os he amado", señala María. "O se pone un poco más moderna la Iglesia católica o se van a quedar solos". Ellas rezan con sus hijas todas las noches. Una amiga monja les dijo que el bautismo no se le puede negar a nadie. Las bautizó Monseñor Clemente en la Iglesia de San Andrés, en el barrio de La Latina. Ahora bien, les dijeron que "para que no hubiera problemas iban a poner que eran hijas de madre soltera". Y así lo hicieron.

La historia de su libro de familia es surrealista. De sus libros, para ser exactos. Tienen dos y pronto recibirán el tercero. En el primero figuran las dos como matrimonio legal. En el segundo está sólo Julia como madre soltera de las niñas, "cuando era mentira". "Es el que nos hicieron cuando nacieron, a pesar de que estábamos casadas", explican. Esperan el tercero, una vez concluida la adopción de las niñas por parte de María, en el que ya figurará la familia al completo. Julia estuvo muy grave tras el parto. Esto pudo provocar que su mujer perdiera a las niñas. En ese momento no estaban registradas como hijas suyas.

sábado, 6 de septiembre de 2008

El 'torpe' Pennac

EN PORTADA - Entrevista

OCTAVI MARTÍ - El País - 06/09/2008

"Los padres, la televisión, los libros pueden ser idiotas, pero los chavales no lo son", afirma el popular escritor francés, autor de Mal de escuela. Él fue un cancre, un alumno cretino y desastroso, y logró triunfar sirviéndose de la lectura, la imaginación y el amor.

La cita es en pleno Vercors, en las afueras del pueblecito, en su casa de veraneo. Y casa de escritura. Daniel Pennac (Casablanca, 1944) se refugia ahí para descansar o para poner en solfa un nuevo libro. Y para pasear en bicicleta o a pie por ese valle y esas montañas que, a finales de septiembre, ya pueden recibir las primeras nieves. Hoy, a almorzar, nos espera acompañado de otro escritor, Tonino Benacquista, novelista y guionista de quien Pennac dice: "Así como la mayor parte de la gente escribe por haber escrito, Tonino escribe por escribir". O lo que es lo mismo, quiere hacer películas, no ser director de cine.

"La escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, algo que es necesario pero que raramente se desea"

"La imaginación es una memoria al revés. Es la ficción la que permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje"

"No hay nada más emocionante que ver cómo un chaval descubre que la memoria no es cuestión de acumulación"

"La escuela es el lugar de todas las violencias. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!"

Pennac es otra cosa. A él la literatura le salvó la vida. A Tonino puede que se la haya cambiado, pero no fue el salvavidas al que agarrarse cuando todo parecía perdido. Bueno, los salvavidas fueron la literatura y el amor. La primera en forma de profesor con una intuición genial, el amor en forma de chica que cree en él, en el último de la clase, en el más torpe del pelotón de los torpes, el cancre, como dicen los franceses. Ahora Mondadori publica en España Mal de escuela (Chagrin d'école), el relato y las reflexiones que le inspiran ese rescate, un libro en cuya contraportada incluye un boletín escolar de Pennac por el que aprendemos que el profesor de francés le consideraba "un alumno alegre pero un triste alumno", el de matemáticas lamentaba que careciera de bases, mientras que para el de inglés "habla mucho pero ni una palabra en inglés". El de dibujo dice algo parecido: "Dibuja por todas partes excepto en clase".

Mal de escuela podría ser un libro sobre la enseñanza, los problemas de la enseñanza, un ensayo, pero no es eso porque "estadísticamente todo se explica, personalmente todo se complica". Y Pennac habla de él, del cancre Pennac y de los cancres que ha conocido cuando, luego, él pasó a ser profesor. "Que la palabra cancre no exista en castellano me recuerda ese viejo proyecto de hacer un diccionario universal de palabras que no existen en otros idiomas, un diccionario de palabras que no existen pero son imprescindibles. La realidad existe en todas las latitudes pero no siempre tiene la palabra adecuada. La saudade de brasileños y portugueses también nos alcanza a los franceses pero carecemos del término exacto. Ustedes, en España, pueden adjetivar la vergüenza y calificarla de ajena cuando provoca un efecto de empatía, pero eso en Francia no lo hacemos".

Hoy se ríe de su pasado de alumno catastrófico pero sólo es divertido porque puede contarlo. "Sabe, un cancre no es un gandul, aunque puede serlo a consecuencia de su nulidad, de su incapacidad para comprender. Es alguien que no puede jactarse de lo que es -un gamberro sí puede creerse autorizado a hacerlo- porque sufre o ha sufrido de ello. Como un asmático que nunca se vanagloriará de sus problemas respiratorios, el cancre tampoco lo hará de sus problemas de respiración intelectual". La situación se prolongó durante los primeros quince o dieciséis años de su vida. ¿Por qué? Un misterio. El padre, profesor de élite; la madre, en casa ocupándose de los hijos; los hermanos, alumnos brillantes. Menos Pennac. Daniel Pennacchioni para el registro civil o cuando pasaban lista en clase. "Esos años fueron terribles. Todo nace de una primera incomprensión, de un problema de inhibición, provocado por la timidez, el azar o cualquier otra causa. Y se acumula y se interioriza. Te dices a ti mismo que eres idiota, un cretino, que no hay nada que hacer contigo. Si te consideras idiota entonces quedas liberado de cualquier esfuerzo. Lo tuyo es irreparable. Luego, a partir de 1969, cuando empecé a trabajar como profesor de alumnos de bachillerato, nunca me topé con ningún muchacho idiota. Los padres pueden, podemos ser idiotas, la televisión, los libros, los grupos, pero los chavales no lo son. Los hay más vivos, más atrevidos, más rápidos, pero ningún cancre es idiota".

Francia o, mejor dicho, la República Francesa ha confiado en la escuela durante cien años. El hecho de ser pública, gratuita y obligatoria, de ofrecer un nivel de calidad y exigencia uniforme para toda la población le confería legitimidad y la convertía al mismo tiempo en elemento básico del llamado ascensor social. Era el símbolo de la igualdad de oportunidades en marcha. Pennac cree haber visto morir esa escuela. "Alrededor de 1975. Mayo del 68 era un movimiento anticonsumista, pero cuando sus efectos fueron desvaneciéndose y la sociedad francesa adoptó formas más liberales, entonces irrumpió el consumo de masas también en la escuela. Los niños y los padres pasaron a ser clientes y consumidores. Y la escuela no tiene nada que vender. Imparte saber, transmite conocimiento, algo que es necesario pero que raramente se desea. Hoy muchos chavales parecen un escaparate al servicio de diversas marcas. Los que tienen libertad de espíritu respecto a esa clientelización de la enseñanza son los que saben resistir mejor los espejismos del consumo".

El primer profesor que supo qué hacer con el cancre Pennacchioni era el responsable de lengua francesa. Vio que ese alumno desastroso, incapaz de comprender las normas más elementales de la gramática y la ortografía, era un lector compulsivo. "Me liberó de preguntas y exámenes pero me exigió que escribiera una novela. Era una responsabilidad nueva y extraordinaria. De pronto tenía un estatuto propio dentro del universo escolar. Eso fue importantísimo". Pero aún debió serlo más el amor. "La gente dice que el amor te vuelve idiota. ¡No se habrán enamorado nunca! El amor te hace más inteligente: el pulso se acelera, la adrenalina sube y tú, para seducir a la chica que te gusta, de la que estás locamente enamorado, inventas lo que haga falta. La chica y yo coincidimos en un curso de teatro, ensayando La doble inconstancia, de Marivaux. Yo era muy mal actor pero me entusiasmaba el teatro. Ella, que iba dos cursos más adelantada que yo, contumaz repetidor, que tenía unas notas extraordinarias, que era bella e inteligente, me eligió a mí, al cancre. ¡Alguien me llamaba por mi nombre y no era para ridiculizarme delante de los demás, para poner en evidencia mi idiotez! Eso también fue enorme para sacarme de la condición de cretino asumido".

La escritura comenzó a interesarle a los 13 o 14 años. Cambiaba redacciones por deberes de matemáticas. Y a los 18 años escribió su primera novela de verdad y la envió a las distintas editoriales, que se la devolvieron sin comentarios. Sólo un editor, Claude Durand, se comportó de otra manera. "Me devolvió el manuscrito acompañado de una carta. Me decía que no me publicaría porque el libro era muy malo. Y me detallaba el porqué lo creía así: los personajes son arquetipos, el estilo manido, la estructura mal concebida. Y me ponía ejemplos de cada una de sus aseveraciones. La carta acababa diciendo que, de todas maneras, creía que yo sería escritor y que si me decidía a escribir otras cosas no dudase en enviárselas. Tardé cinco años en terminar otro libro, esta vez contra el servicio militar".

La literatura de ficción ha tenido para Pennac otra función que la de rescatarle del pozo del fracaso escolar. Recuerda que nunca fue capaz de llevar un diario personal "porque hubiera sido un ejercicio masoquista", pero también que nunca tuvo problemas para inventar, para imaginar. "Y la imaginación me ha servido de lugar de memoria. Es una memoria al revés. En mis historias puedo encontrar lo que me pasaba aquel año". Eso tiene que ver con sus escasas dotes para memorizar. "No pretendo compararme con él, pero me sucede lo que a Michel de Montaigne: no tengo memoria funcional. Él, que era un hombre bien educado y cortés, era incapaz de recordar los nombres de sus sirvientes. Para lograrlo recurría a trucos nemotécnicos, como asociar el apellido con la función que desempeñaban o con el nombre del pueblo donde habían nacido. Montaigne anotaba sus libros y luego no era capaz de recordar lo que significaba aquella anotación, por qué la había hecho. Hubo un momento en que intenté llevar un diario personal pero limitándome a lo factual. Cuando lo releía no recordaba ninguno de los hechos que había anotado. Es la ficción la que me permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje".

En Mal de escuela nos explica cómo se reconcilió con la memoria, con el hecho de almacenar conocimientos en el cerebro y también cómo logró hacer partícipes de esa misma reconciliación a sus alumnos. "La memoria no es una cuestión de acumulación sino de comprensión. Cuando estudiaba había que aprenderse un poema de memoria cada semana. Y éramos examinados sobre ese poema. Luego venía otro que permitía olvidar el anterior. ¡En realidad, te pedían que lo olvidases! Al final, cuando llegaba el momento de las pruebas de acceso a la universidad, le sugerían al alumno que utilizase elementos de su cultura personal para construir un discurso. ¿De qué cultura personal podía tratarse en esa lógica cuantitativa y cronológica, en la que a cada semana le correspondía su poema y el olvido del anterior? Con los alumnos decidimos aprender a memorizar una serie de textos: de ensayo, poemas, chistes, pasajes de novelas. Podía valer un aforismo de Woody Allen o una reflexión de Montesquieu. Lo importante era haber comprendido el texto, haber logrado amarlo. En vez de someterlo a esos análisis de forense que acaban con cualquier deseo -¿quién quiere hacer el amor con un cadáver?-, se trataba de hacer propio el texto, de darse cuenta de hasta qué punto aquello nos concernía. Hablar de bovarismo como concepto puede parecer abstruso, pero no lo es cuando recuerdas el pasaje de Emma Bovary mirando por la ventana. A final de curso nos acordábamos de todos, de los aprendidos las primeras semanas y de los que habían llegado más tarde. No hay nada más emocionante que ver cómo un chaval descubre que la memoria no es cuestión de acumulación".

La lógica de Pennac tiene mucho que ver con la sensatez. Él está convencido de que las dificultades gramaticales se resuelven gracias a la gramática, que las faltas de ortografía desaparecen haciendo ejercicios de ortografía, que el pavor ante los libros se arregla leyendo y que la incapacidad para comprender exige una inmersión en el texto. Él, el niño para el que las matemáticas eran un idioma incomprensible, dice haberse encontrado un alma gemela en la persona de Stella Baruk, autora de un fenomenal diccionario de matemáticas (Dictionnaire des mathématiques élémentaires, Seuil). "En dos o tres días logra que críos que estaban reñidos con las matemáticas comprendan su lenguaje. A partir de ahí, de la comprensión de lo que les hablan, todo cambia. Es una mujer prodigiosa".

No le gusta hablar de la crisis de la enseñanza. No se trata de negar los problemas pero sí de evitar las generalizaciones. "Todo puede resumirse en esa frase mil veces repetida que afirma que el alumno carece de bases sólidas. ¡Es lo mismo que decir que la culpa no es mía! El profesor de primaria se queja de la guardería y de que los padres no educan a los hijos, pero el de secundaria cree que el de primaria no ha hecho bien su trabajo. Cuando aprueban por fin el bachillerato siguen sin tener buenos cimientos y los catedráticos de universidad se quejan de cómo les llegan los alumnos a las aulas. Los padres creen que la culpa es de los profesores, éstos arremeten contra el ministerio, que se queja del Mayo del 68 o de lo que haga falta. ¡La culpa siempre es de los otros! Es un proceso de chivoexpiación global que impide hablar de nada y sobre todo intentar arreglar algo". Mientras habla, despacio, buscando cada vez la palabra adecuada, sin levantar la voz pero riéndose a menudo, Pennac no puede dejar de referirse al proceso de un profesor castigado con 500 euros de multa por haber abofeteado a un alumno que le insultó gravemente: "¿Usted cree que en un país de 62 millones de habitantes el tema de la bofetada merece la portada de un periódico? La dramatización sistemática de los conflictos también contamina la escuela".

Lamenta que gente como el filósofo Alain Finkielkraut, cuando hablan de la escuela, pierdan la razón. "Estoy de acuerdo en casi todo lo que dice. Sus programas de radio son, muy a menudo, espléndidos, pero Finkielkraut tiene miedo, teme que la lengua francesa que él maneja con tanta precisión sea destruida por esos hijos de emigrantes que se expresan de manera aproximativa, en un argot lleno de interjecciones y guturalidades. Recuerdo a los pequeños calabreses con los que jugaba de niño. ¡Cuando era la hora de reclamar la merienda, de pronto, abandonaban su idiolecto! El argot de las barriadas es el lenguaje que hablan los pobres para hacerles creer a los ricos que les esconden algo. ¡Pero no tienen nada que esconder, como no sean pequeños negocios miserables y una enorme desesperación!". Ese miedo lo alimenta el poder, la prensa, la sociedad toda. Es importante tener culpables y en la escuela todos los escalafones encuentran su culpable: el otro.

"En cualquier caso, cuando se habla de violencia en la escuela no hay que olvidar que la escuela es, per se, el lugar de todas las violencias. Es el lugar donde se entrechocan el conocimiento y la ignorancia. Enseñar es violento, es violentar al otro. ¡Todo acto iniciático es violento!", concluye sin dejar de creer en que la violencia que el saber le aplica a la ignorancia está justificada y que el aprendizaje es una forma de canalización de la violencia. Los cancres, escudados en su caparazón de nulidades, puede que sufran esa violencia más que cualquier otro tipo de alumno. "El cancre, como todos los demás, cuando tiene que responder a una pregunta, puede elegir entre una respuesta correcta, otra equivocada o la absurda. Acostumbra a elegir la absurda. Cuando sucede esto el profesor no puede calificarle, decirle que su respuesta es errónea porque no lo es: es absurda, que es otra cosa. El cancre responde lo primero que le pasa por la cabeza porque aún no ha salido de la lógica infantil que hace que el niño crea que cuando el profesor pregunta es porque necesita una respuesta. El cancre responde para que le dejen tranquilo, para que quede claro que él, el cretino, el idiota, cumple con las reglas del juego y contesta aunque sea un absurdo".

No se considera pesimista porque cree "en la posibilidad de la transmisión". Dejó la enseñanza cuando la literatura le permitió ganarse la vida. "Soy un escritor que ha llegado un poco tarde a la notoriedad. Todo lo hago despacio. El éxito me llegó a los cuarenta años". De su serie con el señor Malaussène como protagonista, con el barrio de Belville como el otro gran protagonista, se han vendido centenares de miles de ejemplares. De Mal de escuela, más de 700.000. Su madre centenaria aún no acaba de creerse que aquel retoño tan poco dotado para los estudios haya sido un buen profesor y hoy un escritor de éxito, y piensa que todo es fruto de un equívoco que no puede durar. Él evoca en su libro ese escepticismo materno o el orgullo con que el padre ponía en las cartas que le escribía, junto al nombre y apellido, el título de "profesor". Y recuerda al mismo tiempo su incomprensión ante alumnos irreductibles. "Un chaval terrible. Cuando le vi pensé que acabaría en las páginas de sucesos. Había en él una violencia fría, tremenda, que no necesitaba ni tan sólo un enfado para manifestarse. Un día detuve a tiempo su puño cuando estaba a punto de estamparlo en la cara de una chica. La directora del centro me llamó para advertirme de que el chico, en su casa, pegaba a su padre. Y mientras lo hacía, la madre rezaba. Había sido adoptado y el padre, para hacerse obedecer, le pegaba. Cuando él cumplió los 14 la situación se invirtió. Se fue de la escuela. Dos o tres años después me paró en la calle. Repartía pizzas. Fuimos a tomar un refresco. Parecía equilibrado".

Entre las satisfacciones inesperadas del autor Pennac está la acogida que mereció Como una novela (Anagrama), un ensayo sobre la naturaleza de la lectura, sobre el placer que proporciona y cómo éste no puede ser obligatorio. "Cada curso me encontraba con algún alumno que me preguntaba, el primer día de clase, si iba a ser obligatorio leer. Cuando te preguntan eso te están diciendo otra cosa: no se trata de que no les guste leer, lo que no les gusta es que a continuación les preguntes, que les pongas en evidencia en clase, aparecer ante los ojos de los demás y los propios como un imbécil. ¡Todo eso no tiene nada que ver con la lectura! ¡Las preguntas no son la lectura! Desde hace décadas esa situación viene repitiéndose y el Ministerio de Educación Nacional persiste en una técnica que se ha revelado nefasta, al menos para un porcentaje importante de alumnos. Yo les leía en clase fragmentos, les acostumbraba a descubrir la magia del sentido. Al final me pedían los libros para poder acabarlos, para saber cómo terminaba lo que yo les había comenzado". Pero si la idea general es buena para todos, la receta necesita de fórmulas de aplicaciones personalizadas. Los chavales no llegan a la escuela en igualdad de condiciones. Por eso Pennac recuerda su caso y el de otros muchos que le hicieron ser feliz como profesor. Que aún hoy hacen que vaya a menudo a los institutos y colegios para hablar con los alumnos. "Lo mejor es que muchos de ellos, que hablan un francés lleno de tacos, me reprochan que en mis novelas también los haya. ¡Para ellos la literatura, la letra impresa, es sagrada y no merece ser contaminada por vulgaridades!".

Mal de escuela. Daniel Pennac. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Mondadori. Barcelona, 2008. 256 páginas. 20,90 euros. El libro se venderá a partir del próximo viernes.

Perfil: Un planeta en miniatura

viernes, 5 de septiembre de 2008

La escuela saca suspenso en emociones

EL PAÍS - REPORTAJE

España se resiste a implantar técnicas para educar los sentimientos, salvo algunos centros pioneros - La corriente divide al profesorado

JOAQUINA PRADES 05/09/2008

El pequeño Darío (11 años, sexto de primaria en un colegio público de Madrid) no atiende en clase de lengua porque se aburre y se dedica a interrumpir y a molestar a sus compañeros. La profesora, tensa porque el curso se agota y apenas ha cumplido la mitad del temario impuesto por Educación, pierde los nervios, grita y castiga al alumno a salir al pasillo. Al día siguiente, la escena se repite. Y también la semana siguiente, y la otra, y la otra, y así hasta entrar en una espiral perversa que a ella la sitúa al límite de su resistencia y al chico lo va hundiendo en un pozo del que no sabe cómo salir y que le genera rechazo a acudir cada día a ese lugar desagradable llamado colegio.

Este sistema rechaza catalogar a un alumno como "un caso perdido"

Un escolar muy similar a Darío, pero esta vez sentado en una de las aulas del centro público María Sanz de Sautuola, en Santander, sabe que cuando acabe la clase que ha alborotado debe bajar al despacho del jefe de estudios y colorear en un cuadro que le representa una parte figurada de sí mismo. En rojo, si su comportamiento ha sido malo; verde si ha atendido y ha sido amable con sus compañeros y profesores, y amarillo si se ha portado regular.

Cuando acuda a clase al día siguiente contará en una pequeña asamblea qué hizo mal, por qué lo hizo y cómo cree él o sus compañeros que puede mejorar. Pedirá disculpas, o se autoimpondrá alguna tarea en beneficio de los demás, y a cambio no se permitirá que ningún niño le insulte o menosprecie por su comportamiento y a ningún docente se le ocurrirá colgarle la etiqueta de "caso perdido". Los profesores de este colegio, pioneros en España en la aplicación de técnicas de inteligencia emocional en la escuela pública -algunos centros privados hace ya tiempo que las aplican- saben por experiencia que prácticamente ningún niño es un caso perdido. Todo depende de cómo se le enseñe a reaccionar ante el conflicto.

¿Es la inteligencia emocional, como aseguran los profesores que la utilizan, una herramienta eficaz para pacificar el ambiente escolar y contribuir a formar mejores personas? ¿O se trata de una moda pasajera, algo ingenua, que no tiene en cuenta que una cosa es la teoría y otra muy distinta vérselas cada día con un grupo de fieras que sólo piensan en divertirse y se niegan a esforzarse? ¿Acaso no hemos aprendido a base de castigos y el que vale, vale, y el que no, al 30% de fracaso escolar que sitúa a España en el furgón de cola educativo de la UE? A muy pocos días de la inauguración del curso escolar 2008-2009, el debate sigue en pie.

La inteligencia emocional, impulsada por las teorías del aprendizaje del psicólogo Karl Rogers y popularizada por el escritor Daniel Golemán a mediados de los noventa, consiste en desarrollar la capacidad de sentir; entender las causas de este sentimiento; controlarlo y modificarlo. Para ello existen técnicas. El Instituto Español de Inteligencia Emocional de Madrid es uno de los que las enseña, especialmente a los profesores. Su instructora, Ana Bayón, explica cómo: "Primero se pone nombre al sentimiento: furia, cólera, rabia, miedo, frustración... para saber a que nos enfrentamos. Una vez identificado, sabemos qué hacer".

Estos seminarios reúnen a los docentes en grupos pequeños y cada profesor verbaliza lo que le preocupa. Los demás escuchan. El que habla observa de lo que tanto le preocupa le ocurre a otros profesores, que han salido ya del atolladero. "Toman conciencia de que no están solos y de que el problema tiene solución", comenta Ana Bayón.

En España, aunque el sistema educativo no concede importancia a la educación emocional -"parece ser no forma parte de nuestra cultura", comentó a este periódico un ex alto cargo de Educación- cada día son más los docentes y pedagogos que son conscientes de su utilidad y tratan de aplicarla, a veces más por intuición que por técnica, en sus lugares de trabajo. Otros la rechazan porque entienden que para la solución de conflictos internos ya están los psiquiatras y los psicólogos. Este rechazo suele manifestarse en la negativa a participar en los tímidos planes de formación en "gestión humana" que de vez en cuando la Administración intenta con los profesores de secundaria. Una facultad de la Universidad Complutense de Madrid ha declinado participar en uno de estos cursos alegando que su misión consiste en formar profesores que dominen la materia que van a impartir en el instituto, y que lo demás no es de su incumbencia. Pero, a pesar de todo, la educación emocional se abre paso con más fuerza, y ya se cuentan por miles los profesores -mayoritariamente del sector privado y de los niveles de infantil y secundaria- que asisten a los cursos y aplican lo que han aprendido con sus alumnos.

En la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE) albergan pocas dudas sobre la utilidad de la inteligencia emocional. José Ignacio Peña y Beatriz Arroyo, del departamento pedagógico-pastoral de la patronal de los colegios católicos, aseguran que comenzaron con unos pocos seminarios, hace dos años, y ahora no dan abasto. "Se ha corrido la voz y cada vez nos piden cursos, tanto para profesores como para directores de centro, porque quienes han participado saben ya que todos, profesores y alumnos, salimos ganando", asegura Peña. Para este experto, "resulta desolador" comprobar la poca importancia que nuestra cultura concede a las emociones y eso nos lleva, según él, a olvidar el papel fundamental de la escuela: "Educar no es sólo transmitir conocimientos. Ése es el segundo objetivo. El primero es formar personas".

Ese concepto lo ha aprendido bien Miguel Ángel Terreros, un profesor de Infantil de un colegio católico. "Cuesta salir de la inercia de juzgar, etiquetar... Pero cuando lo haces, los resultados son espectaculares. Los niños te devuelven multiplicados lo que les das. Si ofreces un abrazo, te devuelven diez. Pero hay que saber dar ese paso; hay que saber abrazarles incluso cuando se portan mal".

¿Es así de sencillo? Eduardo Larriera, asesor en inteligencia emocional de la patronal de la enseñanza privada Acade, sonríe al responder que sí. Aunque discrepa en que se trate de una tarea fácil. De hecho, muchos la rechazan. "Me producen un cierto pánico los profesores que piden más disciplina y más mano dura, porque aún no se han dado cuenta de esa vía está equivocada. Y lo peor es que esos docentes nunca aceptarían asistir a un curso de inteligencia emocional, cuando en realidad son quienes más la necesitan", reflexiona.

No todo son sinsabores. Larriera acaba de recibir un correo de una profesora de secundaria que asistió el pasado mayo a uno de sus cursos. "Un alumno se sentaba con el trasero al borde de la silla y las piernas despatarradas en mi clase de matemáticas, y así estaba hasta terminar. Mi reacción era gritarle: '¡Siéntate bien. Pon la espalda recta!'. Nunca hizo caso". Tras el seminario, esta profesora decidió dedicar diez minutos de la clase a mostrar a sus alumnos una lámina con un esqueleto humano, detallarles la función de sostén de la columna vertebral y recomendar la conveniencia de cuidarla. "Al día siguiente, el chico seguía con sus malos hábitos. En lugar de enfadarme, le dije: '¿Recuerdas lo que hablamos ayer?". El adolescente contestó con un bufido, pero se enderezó. Y cada día aguantó más tiempo bien sentado. Ella le transmite su sorpresa al instructor: "Funciona".

En el colegio cántabro Ana Sanz de Sautuola lo descubrieron hace seis años, al afrontar una situación de emergencia. El alumnado, procedente en parte de familias desestructuradas, hacía difícil la convivencia. "Habíamos llegado al límite. Necesitábamos un plan de choque", recuerda Carlos Rodríguez, ahora director de este centro público. Cambiaron los castigos, gritos y nervios por la paciencia y el diálogo. Preguntaron a sus alumnos qué les pasaba. Los profesores se limitaron a escuchar. Después hablaron de soluciones. Desde entonces, y vistos los resultados, aplican las técnicas de inteligencia emocional en todos los cursos, desde infantil a sexto de Primaria. La demanda de matriculación, los resultados académicos y los premios recibidos parecen indicar que han optado por el camino correcto.

Las autoridades educativas, sin embargo, parecen mirar para otro lado. Pere Darder, presidente del Consejo Escolar de Cataluña, partidario de estas nuevas técnicas, se muestra cauteloso: "No pedimos un cambio, pedimos una revolución". Y esa revolución consiste en volver del revés el sistema y desterrar las secuelas de aquel inquietante axioma de la letra, con sangre entra. Con todo, Darder cree que el camino está iniciado y no tiene vuelta atrás.

lunes, 1 de septiembre de 2008

¡Señor@s, va por tod@s ustedes! Ha sido un placer


Levante-EMV.com
» Comunitat Valenciana Jueves 24 de julio de 2008

Educación

El instituto de la excelencia educativa




Una de las mejores. La alumna Ana Roca, que ha obtenido un 9,22, en frente del instituto Carles Salvador.
abeldar comes

El Carles Salvador de Aldaia encabeza el ranking de centros públicos en notas de selectividad. Dos alumnas están entre las mejores de España y casi la mitad ha obtenido más de un ocho

Laura Sena, Aldaia
El trabajo de los profesores y los alumnos del Instituto de Educación Secundaria Carles Salvador de Aldaia se ha visto recompensado. El centro ocupa el primer puesto de los institutos públicos de la comuniza Valenciana en los resultados de las pruebas de selectividad de este año.
De hecho, de los once estudiantes del Carles Salvador que se presentaron a las pruebas de acceso a la Universidad en junio, el 100% ha aprobado. Además, la nota media obtenida es de un 7,170, lo que, en general, les garantiza poder elegir la especialidad universitaria que deseen. Según fuentes del instituto, la nota mínima que ha logrado un alumno es un 6,5. Asimismo, un 45% de los aspirantes superó el 8 y un 91% del total obtuvo al menos un 7.
Los trece mejores
Sólo 13 centros de 416 que han presentado estudiantes en la comuniza han superado la nota media de 7. Entre ellos, seis colegios son privados y siete son institutos públicos, entre los que destaca en el primer puesto el IES Carles Salvador.

En la actualidad, este centro público tiene 370 estudiantes y cuenta con una plantilla de 48 profesores. Desde 2001 imparte el primer ciclo de ESO.
Las modalidades de bachillerato que se pueden cursar actualmente en el IES son la de Humanidades y Ciencias Sociales y la de Ciencias de la Naturaleza y la Salud, aunque en un futuro y tras la negociación con la Dirección General de Innovación, Ordenación y Política Lingüística, se prevé la implantación de dos ciclos formativos de grado superior sobre Desarrollo de Aplicaciones Informáticas y Administración de Sistemas Informáticos.


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Levante-EMV.com » Comunitat Valenciana Jueves 24 de julio de 2008

L. S., Aldaia
Si los resultados han sido, en general, "excelentes", dos de las alumnas han superado todas las expectativas. Clara Monzó, estudiante de Humanidades, ha logrado un 9,73 de nota final y estudiará Filología Hispánica. Esta alumna ha obtenido durante dos años seguidos el primer premio de narrativa Crisoforo Aguado de Aldaia y ha sido finalista en los premios sambos 2008.
La otra alumna es Ana Roca, que ha obtenido un 9,22 y estudiará Ciencias Químicas para optar a "trabajar en el futuro en investigación en un laboratorio", que es su sueño. Esta estudiante explica que "te asustas antes del examen porque llevan todo el año mentalizándote pero cuando lo ves, no es más difícil que los exámenes del curso y además íbamos bien preparados".
La joven destaca la "familiaridad y el buen ambiente entre profesores y alumnos" como una de las claves del éxito, además del "alto nivel educativo".

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Las provincias.es

L'Horta

Dos alumnas del instituto Carles Salvador de Aldaia han obtenido unas de las notas más altas de toda España en las pruebas de acceso a la universidad
24.07.08 -

Elegir el futuro profesional no será un quebradero de cabeza para alumnas como Clara Monzó y Ana Roca, estudiantes del instituto Carles Salvador de Aldaia, que han obtenido una nota media que supera el 9.

En el centro pueden estar de enhorabuena, pues han sido el instituto público de la Comunitat Valenciana que ha logrado la mejor nota media en selectividad, un 7,170, en parte gracias a Clara y Ana.

"Estamos encantados, sabíamos que era una hornada de alumnos muy buena y nos han sorprendido positivamente con los resultados obtenidos", asegura Iñigo Bgoñi, vicedirector del centro. Y es que tanta alegría no es para menos teniendo en cuenta que estas dos alumnas han obtenido las notas más altas de toda España.

Monzó, estudiante de Humanidades, logró sacar un 9,73 de nota final y estudiará Filología. Esta alumna ha obtenido durante dos años consecutivos el primer premio de narrativa Cristòfol Aguado de Aldaia y ha sido finalista en los galardones Sambori 2008.

Ana, que ha obtenido un 9,22 en las pruebas, empezará la licenciatura de Ingeniería Química el nuevo curso. "Segundo de bachiller es un año duro y en el que es imprescindible dedicarle mucho tiempo y esfuerzo", afirmó ayer a LAS PROVINCIAS la estudiante.

De los 11 alumnos que se presentaron a las pruebas de acceso a la universidad aprobaron el 100 %, con una nota mínima de 6,5. Casi la mitad lograron obtener más de un 8 y el resto de alumnos la superaron con un 7.

Sólo 13 centros de los 416 que presentaron estudiantes en la Comunitat han logrado unas calificaciones medias superiores al 7.

Los resultados obtenidos por los alumnos de este instituto dejan muy buen sabor de boca para que futuros estudiantes de secundaria se animen a matricularse en el centro.