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viernes, 19 de junio de 2009

¡Joder!, por Juan José Millás

Los partidos políticos reaccionan frente a sus corruptos como la Iglesia frente sus pederastas, quizá porque la Iglesia tiene algo de partido político, pero sobre todo porque los partidos políticos se parecen cada vez más a la Iglesia. No es fácil interpretar ese instinto perverso por el que el Vaticano protege a sus delincuentes y las formaciones políticas a sus malhechores, pues la realidad demuestra que esa actitud, a medio y largo plazo, provoca calamidades. Por si fuera poco, la factura la pagamos a escote. Cuando el PSOE de González cayó en las urnas, fueron sus votantes los más perjudicados. Los chorizos y los secuestradores y los asesinos a los que el PSOE protegió hasta extremos delirantes ni siquiera están ya en la cárcel. En cambio, a Aznar, que fue el beneficiario de la operación, tuvimos que soportarlo durante ocho años los ciudadanos de a pie de España (y los de Irak, muchos de los cuales están muertos).

Lo que los políticos llaman, de forma aséptica, "desafección de la ciudadanía", comienza a ser un estado de cabreo latente derivado de los privilegios que acumulan nuestros representantes. Usted no puede subvencionar a una empresa en la que trabaja su hija, sea o no legal. O hay subvención o hay hija. Usted no puede utilizar a un empleado público para limpiar su piscina. Usted no puede ser senador ni tesorero y acarrear maletines con billetes de 500 euros, aunque sean de curso legal, incluso aunque no tengan restos de cocaína, que lo dudamos. Si usted se quiere dedicar a la política, tiene que ser un estrecho, o sea, que ni trajes de Milano ni cestas de navidad ni ostias. Pero sobre todo, usted ha de permanecer atento a la pantalla, no para proteger al corrupto, sino para extirparlo. Un partido político no puede comportarse como una religión ni como una secta, joder, a ver si distinguimos.

En El País

Gracias Teresa

7 comentarios:

Parlem d'una altra cosa dijo...

Juan José Millás es tonto.

Oscar Fernández dijo...

Entiéndase, en ese caso, tonto como el que dice algo distinto a lo que estoy acostumbrado a oír. Supongo.

Parlem d'una altra cosa dijo...

No,no, home: Que és tonto. Sense més.

Oscar Fernández dijo...

Grandeza de medios, pobreza de fines. O falar non té cancelas.

Parlem d'una altra cosa dijo...

Pues me desafiais, sea: dedicaremos tiempo (mientras se hace el caldo de la paella) a comentar los retortijones de Juan José Millás (que, aquí entre nosotros escribe bien cuando esboza cuentos y mal en cualquier otro supuesto) a propósito del enfado que le provocan las actitudes de ese su partido y nuestro de nuestros pecados. Imaginemos que el artículo de Millás es uno de esos que han de comentar los alumnos de 2º de Bachillerato. Éstos se preguntarían "¡Joder!, cuál es el tema" ¿A quién critica Millás? ¿A la Iglesia? ¿A Aznar? Ah, no, al PSOE. Lo que pasa es que lo hace de tal menera, tirando la piedra y escondiendo la mano, pegando lametones a la mano de su amo y señor y diciendo de rodillas "Dais asco, mi señor, pero ¡cuán menos asco dais que la Iglesia y Aznar!" Dejemos la Iglesia pues cualquier capullo de este país se siente legitimado a atacarla: Total, quedas bien y no cuesta nada y siempre habrá algún personaje de soneto de Cervantes con estrambote dispuesto a aplaudir... Vayamos a lo de Aznar. Según Millás lo peor de la corrupción, el crimen de estado y la cleptocracia felipista fue que tras ella vino Aznar ¡Cielos! Si eso fue lo peor será sin duda que la Aznaridad fue una era más corrupta, estatocriminal, con pérdida de libertades y derechos... Espera, espera, que fue durante el mandato del tirano bajito y bigotudo (y antipático el muy borde) cuando desapareció el servicio militar obligatorio (la mili, por la cual enviamos soldados a la primera guerra del golfo, del golfo pérsico, no del golfo de González); fue en el infausto mandato de Aznar cuando se aprovó por consenso la Ley del menor y la Ley de Partidos (consensuada con el PSOE) que se demostró arma eficacísima contra el terrorismo sin necesidad de recurrir a los sicarios malencarados del GAL; Millás hace un repaso de los innumerables casos de corrupción de la era Aznar... Ah! no, que no los hubo. Pero bueno, Aznar hizo algo imperdonable, con la cara de enterrador que tiene va y se hace una foto en las Azores.. Me cago en la puta y que tenga uno que hablar bien de Aznar, que me cae como el culo por culpa del Millás este de los cojones que es un mamón a sueldo de ZP! DONDE ESTÁN MIS PASTILLAS, AGGGG!

Oscar Fernández dijo...

Parlem,

no he contestado antes porque con el cambio de estación cambio también de vicios, pero releyendo tu comentario creo que no tiene demasiado sentido. Respiramos aires que tienen muy poco que ver.

Este medio de comunicación para determinados comentarios resulta muy complicado, pero cuando lo que se pretende no es tanto buscar sino apuntalar más aún aquello de lo que se está convencido, resulta absurdo. En ese caso creo que resulta del todo pertinente la pregunta de para qué se escribe.

Así que, como muestra de lo que quiero decir, y sin pretender tener razón -y menos aún ser ofensivo-, cometo la misma insensatez que tú al correr sobre algunos temas.

Millás me parece sencillamente genial, en novelas y en columnas. Máxime cuando el tema que sobre el que escribe es siempre el mismo. Una y otra vez, es siempre lo mismo, una y otra vez es siempre genial.

Pensar ese artículo como si fuera un comentario para bachillerato me parece una deformación según la cual todo ha de adaptarse a una muy estrecha forma de ser de las cosas. Como que una respuesta ha de llegar a una forma mía muy concreta de hacer las preguntas.

En general creo que los análisis de Millás son muy certeros y sutiles, no entiendo nada de tirar la piedra y esconder la mano. Eso sí, no olvidemos que se trata de literatura.

Al PP y a muchos de sus cargos -en especial- les ha dedicado críticas brillantes, pero se lo han ganado a pulso. Aquí se habla de otra cosa, más allá de partidos concretos e iglesias. Se habla de un problema de credibilidad de la política.

Cualquier capullo de este país está más que legitimado para atacar a la iglesia, por supuesto. Los no capullos también. También se lo han ganado a pulso. No hace falta buscar mucho para ver las contradicciones entre la jerarquía y la iglesia de base, entre lo que dice que hace y lo que hace.

Me parece un poco triste querer hacer una anécdota de la tragedia de que este país haya tenido que ver en una guerra contra la que la cuidadanía se manifestó sin ningún tipo de dudas. Igualar de forma tan rápida cuestiones de tan distinto calado es cuestión de ignorancia, de mala fe o de una combinación de ambas.

Todo trufado por un aroma que ya se veía venir en en pequeño envase del principio de que "JJM es tonto".

¿Y para qué tanto autoconvencimiento visceral? Pues para no hacer el ejercicio de mirar hacia el texto y leer que un partido político, el que sea, no puede tener los peores comportamientos de una religión. Pero para no tener que oír algo nuevo que puede hacer cuestionar aquello a lo que me agarro, repito hasta la saciedad mis consignas.

Y yo repito las mías: "Grandeza de medios, pobreza de fines."

Millás lo hace de otra manera, pero para eso hay que tener el don de ser poeta.


PD: Insisto, no quiero tener razón, ser ofensivo ni molestar a nadie. Pero tratar así los temas, también como yo lo acabo de hacer, me parece un insulto a la inteligencia. Por eso me parece que es importante que seamos un poco más pausados, un poco más inteligentes, con un poco más de estilo y de respeto.

Parlem d'una altra cosa dijo...

Estimado compañero: que no quieras tener razón no quita que la tengas y así lo reconozco de manera sincera. Sobre todo por lo que hace al tono de mi intervención, exageradamente sarcástico y borde. No pretendía, sin embargo, reafirmarme en unas convicciones políticas que, al parecer, me adjudicas y de las que en modo alguno participo. Mi intención (y para eso escribo en este medio con sus limitaciones y condicionantes) es muy otra, a saber: desafiar la unanimidad, romper con el “estoy totalmente de acuerdo” que tanto recuerda la sociedad de 1984 y el soneto de Cervantes a que me refería (Al túmulo del rey Felipe II) con su ostentoso porfiar a ver quién está más de acuerdo, quién es más unánime. Y la unanimidad de Millás, el estar de acuerdo de Millás es cualquiera de estas dos proposiciones: “La derecha es culpable” “La iglesia católica es culpable”. ¿De qué? No importa. Háblese de corrupción... la Iglesia más; háblese de crímenes de Estado... La derecha peor. Y estas consignas del discurso de la izquierda (de esta izquierda), machaconamente repetido, está modificando, incluso, la memoria y la percepción de la realidad: el terrorismo de Estado, el GAL, los asesinatos, secuestro y torturas, los enterramientos en cal viva financiados con dinero público del fondo de reptiles, la Ley Corcuera, las declaraciones de destacados dirigentes socialistas en el sentido de que los objetores de conciencia eran “cobardes como conejos”, la corrupción... Más cerca de nosotros: la suspensión de empleo y sueldo de la directora del Benlliure por parte de Andreu López, conseller socialista... “Igualar de forma tan rápida cuestiones de tan distinto calado es cuestión de ignorancia, de mala fe o de una combinación de ambas.” En esto, compañero, no tienes razón: antes de que la dirección socialista diese luz verde al “no a la guerra” algunos (yo mismo) habíamos confeccionado pegatinas artesanales con etiquetas de impresora y las pegábamos en las puertas de las clases de los Institutos, en los tablones, en las salas de profesores... bajo la mirada esquinada de algunos directores que apenas unos días después llamaban “asesino” al presidente del gobierno. En las manifestaciones de Valencia, tan multitudinarias que no nos movíamos, íbamos profesores y estudiantes... intentando olvidar que antes que en nuestros centros públicos con directores filosocialistas el “NO A LA GUERRA” lucía (para vergüenza nuestra) en los colegios de monjas al unísono de la voz del Papa que, sin vacilación alguna, dijo “no a la guerra”. Millás es tonto, un tonto útil (sobre todo para él mismo) porque repite lo que le dice la voz de su amo incluso para criticar a su amo: ¡Oh! La Iglesia, ¡Qué viene la derecha!
Compañero, no sé si “respiramos aires que tienen muy poco que ver” (que como metáfora es algo extraña y audaz) y quiero pensar que el “aire nuestro”, que diría Blas de Otero es eso: nuestro, de todos, compartido.
Para acabar, te agradecería que dieses de vez en cuando una vuelta por mi blog (“Parlem d’una altra cosa”) y comentes lo que hay por ahí. Insisto, te estaría muy agradecido.
Buen verano, felices vacaciones.