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lunes, 18 de febrero de 2013

Dos comentarios sobre la conferencia de A. Gabilondo: El arte de la lección, por Azahara Martínez y Paula Gradolí


La conferencia la tienes aquí: 



Los dos comentarios: 



Solemos buscar utilidad a todo lo que nos rodea cuando realmente algunas cosas sólo sirven para dar sentido a otras, para comprender mejor el mundo y/o reflexionar sobre ciertas actitudes, por ejemplo la vocación de enseñar, en mi opinión la docencia es vocacional porque mientras enseñas, también aprendes, siempre aprendemos y el error es creer que lo sabemos todo. Pensar así nos cierra muchas puertas a ciertos conocimientos porque llegaría un punto en el cual no puedas enseñar nada más que lo que sabes, ceñirte a ello sin salir de ese ámbito y no enseñamos la importancia de abrir la mente y aprender por ejemplo a seleccionar.
Cualquier acción que realizamos tiene que ver con una selección previa a la elección final, veo una pequeña distinción de personas según este criterio de elegir:
Las personas que eligen: Las que se “mojan” y dicen sí al cambio o por temperamento simplemente.
Las personas que no eligen: Por miedo al cambio, o indiferencia (aunque todos tenemos nuestras preferencias ante todo). Estas personas mienten pero no por decir lo contrario de lo que piensan, sino por vivir lo contrario a lo que dicen.
Por tanto, vivir es elegir y las personas que no eligen no reivindican lo que son ya que viven físicamente pero no espiritualmente. De todas formas, ser lleva implícito elegir aunque queramos dejar de hacerlo forma parte de una elección.
Deberíamos analizar hasta qué punto podemos elegir y no perdernos en nuestros conocimientos, saber orientarnos para continuar el camino sin mucha dificultad.
Mi pregunta es: ¿A quién debemos orientar y para qué?
En teoría a la juventud para garantizar un óptimo desarrollo futuro para las siguientes generaciones.
 Hasta ahí bien, pero eso es en teoría, a la hora lidiar con un grupo de jóvenes un tanto dispersos de la realidad (por ponernos en una situación), la cosa cambia porque no todos están dispuestos a encauzar las vidas de los demás.
Muchos docentes se limitan a ir a clase y enseñar lo que está escrito, por dejadez, porque lo único que les interesa es ganar un jornal a fin de mes y continuar sus vidas sin mucha preocupación, esos están más perdidos que los propios alumnos porque han decidido mal, no ayudan a nada, no orientan, y una orientación sin cooperación está incompleta.
Decidir es una tragedia la mayoría de las veces, porque tomamos malas decisiones que afectan al resto de la sociedad por falta de motivos y argumentación a la hora de tomar la decisión.
Esta carencia de motivos y/o argumentos nos lleva a una resolución momentánea a la que solemos llamar decidir aunque esto lleva consigo unos valores un tanto imperceptibles que nos hace pasar por encima de los demás para alcanzar nuestros objetivos, sin mirar nada más que el propio interés, alcanzar el éxito y la calidad de vida ya que se considera el objetivo primordial. 
Al parecer tenemos conceptos muy distintos del significado “calidad” o “empleabilidad”, le buscamos una utilidad errónea (como a la mayoría de las cosas) sin tener en cuenta que (en el caso de conocimientos adquiridos) el saber no ocupa lugar, tener amplios conocimientos no es algo preocupante, y además es un aliciente importante para encontrar empleo aunque haya que marcharse del país para obtenerlo. El problema de esto es  precisamente elegir, al igual que marcharte del país de forma autónoma y no forzada por las circunstancias, también elegimos el enseñar a aprender y la finalidad con la que lo hacemos. Cabe decir que debería ser una voluntad inocente que no pretenda manipular mediante ese proceso de enseñanza, ni tampoco que haya distinción categórica de personas, es decir, el alumno debe acompañar en el camino al maestro, no seguirle, así pues, la enseñanza se hace más liviana  para el alumnado en vez de una obligación que poco servirá en el futuro porque una vez más, se pretende buscar una utilidad no hallada (según el pensamiento del alumno.)
Esos conocimientos adquiridos acaparan los valores morales en los cuales no se insisten tanto, porque a la hora de avanzar en la vida “no sirven de nada” comercialmente hablando aunque luego algunos individuos dejen mucho que desear como personas.
Con el término individuo quiero decir que las personas debemos actuar de forma racional y no como máquinas programadas para satisfacer los deseos (del Estado) de otros y engordar sus cuentas corrientes.
Por todo esto el conocimiento caracteriza a cada persona, a su estilo de vida dependiendo a qué la quieran dedicar, habiendo así varias ramas de estos conocimientos, obligándote indirectamente a elegir un lado u otro de la vida (metafóricamente hablando) no dejando ser libremente a cada persona, cohibiéndola sin dejar que saquen su máximo potencial
Tenemos unos límites del conocimiento, los cuales mostramos muy bien a la hora de educar a otros, pensando que educar es imponer tu verdad y sacar lo mejor de ti cuando realmente es otra cosa, es desplegar una especie de abanico con todas las posibilidades existentes (o dentro de los límites), es incorporar y enriquecer ese talento al que no se le presta demasiada atención y es el ingrediente principal para exprimirse uno mismo.

El talento se suele comprender como un don innato pero si no hay posibilidades de desarrollar ese talento, ¿qué pasa? Que esa persona es lo que conocemos como diamante en bruto, ya sea por su poca voluntad o por escasez de posibilidades en su entorno. Con estas personas hay que mostrar confianza en ellos, fe en que van a progresar porque pueden hacerlo si se lo proponen y no vale menos que otro que lo tiene todo para progresar airoso en la vida.
Algunas personas tienen ciertos conocimientos y/o habilidades avanzadas en algunos campos y a eso le suelen llamar talento, que en realidad es una inteligencia mejorada que se ha trabajado con mucho esfuerzo. El mérito real es de quien adquiere alguna capacidad, no de quien nace con ella y le resulta sencillo hacer cierta acción.
Esto se reduce, si nos fijamos, en el nivel socio-cultural y económico de cada familia, las posibilidades de cada una y así se podría explicar de cierta forma el camino que elige cada persona, el por qué uno decide estudiar y el otro no.
Si tenemos en cuenta este factor socio-cultural y económico, deberíamos parar a pensar en que no hay que escoger al mejor alumno ni al más brillante, ni hacer una selección de quienes merecen más la pena respecto a otros porque esto es un comportamiento discriminatorio que solo inculca valores de lucha por el poder y una especie de sociedad estamental que cada día nos separa más. 
La competencia por el éxito solo nos enfrenta y no hace más que motivar a las personas para llegar a ser alguien (o algo) en la vida sin importar los posibles talentos que han quedado sin descubrir ni desarrollar, sin importar la verdadera felicidad, sin elegir realmente lo que estamos haciendo, sin darnos cuenta de que competir no es malo si lo hacemos en otros sentidos que no se suelen tener en cuenta como la colaboración, el bienestar social, o cualquier cosa beneficiosa ya sea consigo mismo o con la sociedad. El problema es que al escuchar la palabra competir, solo pensamos en ganar al otro y ser mejor, pasar por encima de quien sea para “realizarnos como personas” o “progresar en la vida” que en mi opinión, hacen lo contrario.
Lo interesante del talento, capacidad, habilidad, como quieras llamarlo es la motivación, las ganas de progresar, he ahí el talento para la docencia, elegir la forma de enseñar y seleccionar el mejor método para cada persona según sus posibilidades que hay que exprimir a toda costa porque las personas somos diferentes unas de otras, no máquinas programadas para hacer las mismas acciones.
Las personas de provecho a parte de las que pueden salir a flote sin demasiado esfuerzo, también son los “patitos feos” que todo el mundo rechaza por tal de no complicarse la vida en personas que “no merecen la pena”.
Una sociedad mejor se construye empezando por personas que no excluyen a nadie, ni seleccionan a “x” personas, porque el talento se puede inventar, desarrollar y mejorar con esfuerzo.

Azahara Martínez (1º Batx) 



Tratamos de dar un sentido a las cosas,¿ sin sentido no sabríamos entender?, lo damos a aquello que creemos que lo tiene, de igual forma, que damos amor si queremos recibir lo mismo, por lo tanto, hay que dar el sentido. 
Pero este sentido va seguido del arte de la elección, ya que se elige aquello que le conviene a cada individuo, o que de algún modo le puede satisfacer y de lo cual cree y puede obtener un beneficio, y ve que tiene ese sentido que le da ánimos a lograrlo, pero de esa elección hay una selección, de la cual descartamos otras ideas, ya sean por gusto o preferencias, elegimos leer, escribir o mil formas más de actuar o situaciones cuotidianas, pero todo seguido de un esfuerzo que nos ayuda a alcanzarlo, lo cual le da mucho importancia el autor y lo prioriza.
Vivimos en permanente elección, ya sea cuando mentimos o decímos la verdad, elegimos aquello que nosotros sentimos que nos hará bien, ya sea por el bien común o no, descartando otras ideas, que nos pueden dañar a nosotros o al resto.
Hacemos lo que somos, somos lo que hacemos  esta frase dicha por el autor, me ha llamado la atención, transmite la importancia de hacer cada uno lo que cree que debe hacer, es decir, cada uno debe de hacer aquello lo cual cree que es correcto y esto va seguido y relacionado a “elegimos lo que somos , podemos elegir mil cosas, pero cada uno debe pensar y recapacitar que quiere hacer con su vida y que pasos debe seguir, cada persona sabe lo que le conviene, debe de afrontar aquellos miedos si cree en ello y quiere lograrlo, por eso debemos elegir en lo que creemos, descartamos muchas opciones con la finalidad de elegir una opción u otra acorde a nuestros gustos o preferencias, es decir, si elegimos un mal camino en nuestras vidas, ese camino se truncará, nos será más difícil alcanzarlo, por ejemplo, muchas piedrecitas que nos dificultan el paso, en cambio, si elegimos el buen camino de las cosas, todo nos será más fácil y podremos alcanzar mejor nuestro propósito.

Vivir es elegir, ser es elegir, entonces, ¿podemos elegir? Podemos elegir aquello que queremos ser y como queremos ser, pero sin sacrificio y esfuerzo, no se podrá lograr, pero, ¿nos pueden ayudar a alcanzarlo?
Por ejemplo, referente a los estudios, insiste el autor en que a los estudiantes deben facilitarnos maneras u formas de poder estudiar , ya sea materialmente o anímicamente, prioriza el hecho de que somos humanos y como tal debemos empatizar con el resto para conseguir mejores resultados, y para ello, como bien dice el autor, ante todo debemos saber gobernarnos nosotros mismos, saber qué es lo que queremos y lo que no, y esto va seguido de una elección que va desencadenada a la decisión de que nos conviene más y seguido de la necesidad, es decir, deberíamos escoger aquello lo cual necesitamos y que nos conviene, o aquello que puede ser pasajero y no necesitamos? 
Normalmente, escogemos aquello que nos resulta fácil y que de algún modo no nos resulte complicado en nuestras vidas, en instantes, la gran parte innecesarias, pero queremos poseerlas, esto va relacionado al conocimiento, ya que condiciona nuestra vida, es algo que ya va incorporado en nosotros, pero que debe de ser trabajado para adquirir unos frutos, hace diferente nuestra vida, es decir, hay dos caminos diferentes, uno el del conocimiento, el cual habrá que trabajar, nos proporcionará saberes y nuevas formas de pensar, adquiriendo nuevas vivencias, otro todo lo contrario, no habrá que hacer nada, simplemente recorrer el camino sin haber aprendido nada, no superar retos y vivir el día a día monótono, depende de cual cojamos, condicionará nuestra vida, a mejor o a peor, pero eso depende de nosotros, si nos hace falta o no.
Ángel Gabilondo insiste en que el educador no debe enseñar y el alumno ir tras él, este enseñamiento debe ir junto al alumno y el educador, deben ir los tres juntos, ya que el éxito es querer, pero sin motivación y sin ganas, ese enseñamiento acaba fracasando, es decir, si a nuestros alumnos no les motivamos, no hay signo de cariño o empatía, este alumno acabará por fracasar, muchas veces el afecto aunque sea mínimo, motiva a seguir esforzándose, ya que podemos esperar algo de alguien, pero con control y a la no dependencia emocional, ya que puede acabar mal, tanto el que lo recibe como el que lo expresa.


El talento, relacionada con el conocimiento, es una capacidad que debe de ser desarrollada, con ayuda o sin ella, dependiendo cada individuo, y con una libertad de elección que nos ayuda a centrarnos en que debemos hacer, sin importar en la opinión de los demás, es decir, aquello que nos hace ser felices, pero utilizando el sentido común, para saber decidir si nos conviene o no, si sabremos que nos hará bien en un futuro no muy lejano, o si podemos obtener algo de ello, beneficio común o una experiencia nueva, ya sea satisfactoria y una obtención de vivencias agradables de recordar, o por otro lado, malas y que ayudan a cambiar la forma de pensar.
Como conclusión, cada persona debe elegir aquello que necesita o que le aporta una felicidad, y motivación para seguir esforzándose en lograrlo, pero la ayuda incondicional de los demás también aporta ganas de seguir con aquello que cada uno cree, debe de haber unos pasos, una selección apropiada y un descarte de aquello que no nos conviene. 

Paula Gradolí  (1º Batx)


lunes, 21 de enero de 2013

"El arte de la lección: ni cualquier elección, ni cualquier selección", por Ángel Gabilondo






Elogio de lo público


Elogio de lo público

Recientemente, el exministro de Educación y catedrático de Metafísica Ángel Gabilondo visitó la Universitat Politècnica de València para impartir una lección magistral ante un auditorio compuesto por orientadores de secundaria. La conferencia resultó lúcida, arrancó carcajadas entre el público y sirvió para poner en valor el sistema público de educación.

Provisto de una libreta con notas y unos papeles con citas, Gabilondo desplegó en su discurso todas sus habilidades retóricas para conseguir una charla inteligente, chispeante y llena de matices, por la que desfilaron personajes como Sócrates, Deleuze, Deaño o Foucault, pero también Jack el Destripador y Gladiator.

Recurrió a los juegos de palabras ("lo que no se evalúa, se devalúa" o también "lo que se prueba, se aprueba"), a la paradoja, a la ironía y a la sorpresa: "si veo a alguien que me cae mal, me fijo y resulta que se parece mucho a mí. Y si no lo puedo soportar en absoluto, es que es idéntico".

Arremetió contra las nuevas iglesias de la talentología, contra la competitividad exacerbada que no tiene en cuenta la solidaridad ni la colaboración, contra la reducción de todo a una visión pragmática y rentable de la vida, y contra la calidad entendida exclusivamente como un conjunto de resultados. "La calidad es también equidad, diversidad, flexibilidad, participación y conocimiento".

Según Gabilondo, "decir de alguien que está sobrecualificado es como decir que está sobresaludable, que tiene más salud de la que necesita". Pidió a la sociedad que no se haga un discurso contra el conocimiento, que no se afirme que da igual estudiar que no hacerlo. En primer lugar, porque en su opinión, no es cierto: cuanta mayor cualificación, mayor empleabilidad. Y en segundo término, porque la educación es un valor. Educar supone "arrancar a uno del limitado horizonte donde está para llevarlo a ocasiones o a mundos nunca pensados".

Por último, el exministro destacó que la mejor manera de lograr que una persona tenga éxito es quererla y esperar mucho de ella. Y viceversa, si uno quiere, por ejemplo, hundir a un estudiante, basta con decirle en público una y otra vez que es un inútil, que no vale y que no llegará a nada en la vida. "En ocho días, se consigue. Y se puede hacer igualmente con todo un sistema educativo: que no sirve para nada, que está acabado, que la gente solo quiere vacaciones, que aquí no trabaja nadie." Y así, poco a poco, se va creando un estado de ánimo que la sociedad interioriza.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Filosofía y Ciudadanía (2012-2013): Posibles lecturas 2ª evaluación




Como quedamos en clase, os pongo aquí posibilidades de lectura para la 2ª evaluación. Lo que hay que hacer con ellos -de 3 a 5 páginas- ya está hablado. 

Se trata de trabajar el texto que quieras, el que te dé la gana, el que se encuentre contigo o el que haya en la biblioteca, en la librería o en casa de tu colega. No importa que no esté aquí. El elegir el texto forma parte del trabajo. Claro que es más cómodo que te digan: "Éste". Si alguien tiene dudas sobre si vale o quiere trabajar algún tema en concreto -hay quien lo está haciendo ya-, puede preguntarme por correo. Como indicación general recordad que no (o sea, no) sea narrativa. Aunque los dos primeros de la lista parece que lo incumplan sí que valen, porque en realidad no son narraciones sino que están disfrazados de ellas. 

De una forma muy general y discutible los textos están ordenados de menor a mayor dificultad. La idea es que el que no quiera dar palo al agua busque entre los primeros y el que tenga ganas de trabajar hacia los últimos. Siempre es mejor un buen comentario de un libro fácil que una barbaridad de algo muy complicado. Quien os atienda en la librería o la biblioteca os puede ayudar a elegirlo. Escoged el que os dé buena pinta, dejaos llevar por el instinto (no para salir corriendo de la biblioteca). Otras ediciones -o por supuesto en valenciano- también valen, se trata de que podáis aprovechar las bibliotecas.


Droit, Roger-Pol, La filosofía explicada a mi hija, Paidós 2005. 
Grimaltos, T. El juego de pensar, Algar 2000. 
Law, S., ¿Tú, en qué piensas?, Alfaguara 2001. 
Droit, Roger-Pol, 101 experiencias de filosofía cotidiana, Grijalbo 2003. 
Comte-Sponville, A. Invitación a la filosofía, Paidós 2002. 
Comte-Sponville, A., La filosofía: qué es y cómo se practica, Paidós 2012. 
Onfray, M., Antimanual de filosofía, Edaf 2005. 
Muñoz Redon, J., El libro de las preguntas desconcertantes, Paidós 1999. 
Terricabras, J.-M., Átrevete a pensar, Paidós 1999.
VVAA, Los Simpson y la filosofía, Blackie Books 2012. / o Irwin, W., 2009
Y muchos más...

Los de los Simpson son para nota y negociables para dos evaluaciones. Va en serio. 
Espero cambiar los enlaces que ahora aparecen ahí por algunos de vuestros comentarios.

Con o sin lecturas, lo más importante es que paséis un buen par de semanas.
¡Pasadlo bien!, que la mayoría os lo habéis currado y a todos (n)os hace falta cambiar de tercio. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

Comte-Sponville: "La pasión amorosa está sobrevalorada"


Por eso que preguntáis a veces de qué se edita hoy en filosofía. Éste es un tipo que vende bastante, aunque este libro no sé qué tal estará. 





Comte-Sponville: "La pasión amorosa está sobrevalorada"

"Amar es nunca tener que pedir perdón", esgrimía muy afectada la meliflua protagonista de la exitosa Love story a comienzos de los setenta. Frases de este tipo han contribuido a banalizar el amor hasta límites insospechados. La industria cultural y sus afilados trovadores se han empeñado en conferir a tan universal sentimiento la misma transcendencia que puede tener un chicle pegado a una farola.
En efecto, del iluminado All you need is love de los Beatles al pareado resultón de Britney Spears en Love is a state of grace / Transcending time and space, vemos cómo la en ocasiones remilgada cultura pop trivializa con saña lo que Aristoteles resolvió muy jovial con un "amar es alegrarse". El teórico francés André Comte-Sponville en Ni el sexo ni la muerte (Paidós) aborda con claridad expositiva y sin intelectualizar en exceso lo que significa y ha significado a lo largo de la historia el verbo amar.
"Una humanidad masculina se habría contentado con el sexo, la guerra, el dinero y el fútbol"
Empecemos por la procedencia. El autor no tiene duda: "El amor es un invento de las mujeres, no habría existido sin la maternidad. Una humanidad exclusivamente masculina se habría contentado con el sexo, la guerra, el dinero y el fútbol". En cuanto a si está trillado o no el concepto, el profesor matiza: "La pasión amorosa está sobrevalorada, no hay duda, pero esto no implica que el amor lo esté. El cine y la literatura tienden a centrarse en la pasión amorosa, pero estadura solo unos meses, un año a lo sumo, después queda el amor". Según el autor, cuando la fogosidad inicial es historia entra en escena la philia, antiguo término griego que ilustra el amor fraterno, incluyendo amistad y afecto. "Llegado el momento la pareja suprime la pasión, pues esta procede del deseo, y el deseo, cuando ya no existe esa falta del otro, desaparece. En otras palabras, no es posible echar en falta a aquel o aquella que comparte su vida, que está ahí cada noche, y cada mañana".
Y entonces, ¿qué nos queda? Según el autor, resta lo mejor. "Alegrarse de la existencia del otro, de su presencia, sentir placer por compartir su vida y su lecho, no significa menos amor, sino más". Así es como pasamos del tedio de amar, acuñado por el cenizo de Schopenhauer, a la declaración spinozista del amor, a saber: "El amor es una alegría que acompaña a la idea de una causa exterior".
"No me quiero casar, la idea de ser amante me parece más bonita"
Ese amor puede durar toda la vida y se alimenta de ternura, confianza, humor o comunicación, así como de amistad y de erotismo. Las parejas felices son aquellas que son amigas, asegura rotundo desde su experiencia de varias décadas con la madre de sus hijos, ya que, añade: "Mi mejor amiga es la mujer con la que vivo, nadie me conoce mejor que ella, y no amo a nadie como a ella. El verdadero amor es una historia de amistad". Pero de sellar ese amor con una rúbrica ni hablar: "Justamente por lo que representa no me quiero casar, porque esta idea de que somos amantes me parece mucho más bonita. Mi mujer puede venir y decirme mañana: me voy, no quiero estar contigo, y el hecho de que se pueda ir le da más valor a la relación".
Ahora bien, todo esto es muy bonito, ¿pero qué hay de la rutina? El día a día termina sacando a flote las pequeñas miserias de cada uno. Para ejemplificar esto el autor se sirve de una cita de Gainsbourg: "Amamos a una mujer por lo que no es; la dejamos por lo que es". La frase, aplicable también a los hombres, muestra las zonas de sombra que la pasión ha dejado, destapa al tipo apagado y gris que ella no quiso ver mientras le cegaba el frenesí. Es entonces cuando el autor echa mano del amor-caridad, pero despojándolo de cualquier connotación religiosa: "En una pareja uno debe expresar en algún momento su debilidad, consiste en cederle sitio al otro para que este pueda desarrollar su potencia". Llámenlo caridad, bondad, o simplemente dar un paso atrás por amor, batirse en retirada. Ya lo dijo Adorno: "Serás amado el día que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de ella para afirmar su fuerza".

lunes, 24 de septiembre de 2012

Guix, X., Mientras me miran (Granica 2007), por Carolina Vilanova y Adonay Rivera




GUIX, X., Mientras me miran (Granica 2007)

¿Cuál es el problema? El mayor problema es estar pendiente de nuestros actos y nuestros gestos y no de lo que decimos y lo que queremos comunicar. Todo el mundo tiene miedo a salir porque tiene miedo a hacer el ridículo o a que se rían de él. Éste miedo solo se consigue perder saliendo a hablar, si te quedas sentado en la silla nunca lo conseguirás.

Con 4 ideas fundamentales basta:
1.Tener algo que decir: hablar desde la experiencia y no desde la ignorancia. Nunca hablaremos de un tema que no sabemos.
2.Tener ganas de decirlo: transimitir el mensaje con coherencia y con ganas.
3.Empatizar con el público: ponerte en su situación y saber en cierto modo aquello que quieren escuchar.
4.Ser el mensaje: hablar de aquello que conocemos y poner ejemplos propios.

Apuntes para no olvidar: debemos expresarnos con nuestras propias palabras y nunca debemos pensar en que vamos a fracasar, ya que nos saboteamos nosotros mismos y salimos inseguros.
Los miedos los acabamos superando si nos enfrentamos a ellos. Pensar en el fracaso es llamar al fracaso.

Destruyendo el rol: lo que produce mucho temor a hablar en público es esa sensación de que tu personalidad va a psar un examen, y eso en cierto modo nos frustra. Debemos encontrar nuestro propio camino y nuestro propio estilo. Nuestro cuerpo muchas veces transmite más que nuestra voz, asi que hay que cuidar la presentación y lo forma de estar delante de la gente. Debemos proyectar nuestra voz con el fin que llegue al fondo de la sala.

Prepararse con PNL: la programación neurolingüística se creo en los años 60 y utiliza diversas estrategias para acceder a estados deseados, como el ancla o POPS.
POPS: Prueba, oeración, prueba, salida.
1.Prueba: ¿El estado actual es igual al estado deseado?
2.Operación: si no es así opero con un recurso o técnica.
3.Prueba: formulo de nuevo la primera pregunta.
4.Salida: si he alcanzado la evidencia sensorial de haber logrado el objetivo termino, si no vuelvo a operar.
El ancla es cualquier estímulo sensorial que hemos conseguido en el pasado y queremos conseguirlo en el presente. Para ello primero debemos decidir que estado queremos conseguir. A continuación cogemos alguna parte de nuestro cuerpo que será el ancla. Nos ponemos en una postura cómoda y buscamos ese momento. Cuando lo tengamos cogemos fuertemente la parte que hemos elegido de nuestro cuerpo y hacemos el anclaje. Cuantas más veces lo repitamos, más fácil nos resultará conseguirlo.

Estructurar: si no hay guión, no hay historia: siempre nos preguntamos ¿Qué decir? ¿Cómo decirlo?. El problema no consiste tanto en saber qué decir, si no en como decir todo lo que se quiere decir. Hablemos 5 minutos o 2 horas no hacemos más que darle vueltas a lo mismo. Primero debemos pensar en el tema que vamos a tratar y anotar las ideas, a continuación convertir cada idea en una frase, sintetizar todas las ideas en un solo mensaje que serán la idea principal, trabajarla a fondo y por último intentar convertirla en una especia de eslogan.

Una cosa llamada sentido escénico: debemos estudiar el espacio en el que estamos y plantear todo aquello que vamos a hacer.

Somos narradores de historias: la gente no hace lo que tú les dices, si no lo que a través de tu inspiración les ha apetecido hacer. De nosotros solo esperan que compartamos nuestras experiencias. Que seamos, en cierto modo, narradores de nuestra propia historia.

No debemos de tener miedo a salir para hablar en público, es una buena forma de conocerte a ti mismo y de interactuar con cosas que no habías hecho hasta ahora.