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domingo, 1 de febrero de 2009

Saramago, J., Ensayo sobre la ceguera, por Maribel Mínguez




Saramago, J., Ensayo sobre la ceguera, Punto de Lectura 2008.



Resumen

Un día como otro cualquiera, un hombre se dispone a regresar a su casa tras la jornada laboral. Tranquilamente coge su coche y para ante un semáforo, este se pone en verde y el trafico retoma la marcha, menos él. Los conductores alarmados, bajan de sus vehículos intentando apartar el coche de la vía y se encuentran en su interior a un hombre indefenso, aterrorizado y perplejo al descubrir que en cuestión de segundos, se había quedado ciego. Alarmado gritaba ¡Estoy ciego! Nadie le daba importancia ya que una ceguera no se contagia. Pero lo que no sabían, era que ese suceso poco común de ceguera blanca, sería el principio de una gran epidemia, un inexplicable mal que se manifestaba sin previos síntomas y que les afectaría a la mayoría de ellos. Epidemia que les cambiará, sumergidos en un mundo totalmente desconocido llegarán a comprender su propio mundo.

Comentario

El significado de esta ceguera va más allá de la propia enfermedad, convirtiéndose en una enseñanza moral, en una parábola del mundo en el que vivimos y de su sociedad. ¿Cuáles son nuestros límites? ¿De qué somos capaces ante una situación extrema? ¿Qué somos, realmente lo sabemos? Lo que está claro es, que la novela te invita a reflexionar, a “abrir los ojos” y ver la cruda realidad.

Hay un personaje que es clave en esta historia, es necesario, y sin ella la historia habría perdido mucha magia. En un mundo de ciegos, los únicos ojos que resistieron a la tentación de la epidemia fueron los de ella, los de la mujer del médico. Al descubrir que su marido, el oftalmólogo, iba a ser trasladado a la zona de cuarentena, ella, fingió su ceguera para acompañarle. El sitio escogido para que todos los contagiados y los posibles contagiados estuvieran en cuarentena, era un antiguo manicomio, abandonado hace ya algunos años. En un principio fueron encerrados unos pocos, pero a los pocos días el número de afectados por la enfermedad aumentaba a un ritmo escalofriante.

La mujer del médico contemplaba la sala donde dormía. Varios individuos buscaban como podían una cama donde dormir, estaban sumergidos en un mundo desconocido, explorando, intentando empezar de nuevo acostumbrándose a la ceguera. El miedo y la incertidumbre reinaba en la sala, muchas preguntas a las que no encontraban respuestas. Y pronto se añadieron nuevos problemas, el bienestar de los individuos allí encerrados comenzaba a ponerse en evidencia. Escasez de alimentos, de higiene, de comunicaciones. Vivian totalmente marginados de la sociedad, les habían arrebatado la vida que llevaban para encerrarlos allí como animales por miedo al contagio y porque la situación se les iba de las manos. Los militares que custodian el manicomio tratan a los enfermos con desprecio e indiferencia, incluso llegan a amenazarles con matarles si se acercan demasiado al exterior, abusan de sus armas. Atentando contra la integridad del Ser Humano, contra sus derechos. Pronto los enfermos empiezan a tomar conciencia de lo que les espera. Empezaba a mandar el hambre y el miedo, la situación les superaba. Cuando la mujer fingió su ceguera en la ambulancia no podría imaginar todo lo que iba a presenciar. Individuos satisfaciendo sus necesidades en cualquier lugar, provocando un hedor permanente en todo el manicomio. Muertes, sepulturas, violaciones, peleas… Vivian en condiciones infrahumanas... Para ellos todos los problemas estaban ahí dentro, pero como se dice la esperanza es lo último que se pierde. Es asombroso como en la situación límite a la que están sometidos, consiguen ser optimistas y ver lo que realmente vale la pena [Cita: Hasta en los peores males es posible hallar una ración suficiente de bien para que podamos soportar esos males con paciencia]. Al fin y al cabo no les disgustaba la idea de vivir allí encerrados, se habían creado varios vínculos y ya empezaban a acostumbrarse a la nueva vida que les había tocado vivir.

Nuevos ciegos llegaron al manicomio, con ellos llegó el caos. Un grupo de “ciegos malvados” empezó a organizarse, contaban con la ayuda de un ciego real, entrenado y con más experiencia. Es inmoral que ante una situación como esta, haya gente que aun intente aprovecharse. Así son ellos, un grupo de ciegos (Ala izquierda, sala 3) que decide tomar el control de la comida para sacar beneficios. Los demás enfermos, frágiles y débiles, hacen lo imposible por conseguir un poco de comida por eso aunque muestran su desacuerdo contra el nuevo sistema, finalmente acceden dando sus objetos valiosos a los “malvados”. Pero su control no tiene límites y un día dan a conocer a los enfermos su nueva decisión, mujeres a cambio de comida. De esta idea surge un gran debate ético que enfrenta a los hombres y a las mujeres de distintas salas. ¿A qué extremo llegan los ciegos malvados? ¿Y su respeto por las mujeres? ¡Dónde está! En un principio rechazaban la idea de ir a satisfacer su petición. Pero finalmente, decidieron sacrificarse por todos los demás. Todas las mujeres, por grupos visitaban cada noche la sala dónde dormía la “autoridad” del lugar. Tuvieron que sufrir sus humillaciones, sus ofensas, y hubo una muerte que hizo reflexionar a la mujer del médico. Sin seguridad, ni leyes, ni justicia ¿Qué debían hacer en un caso de estos? Ella decidió hacer justicia. A veces deseaba estar ciega para no ver todo lo que ocurría a su alrededor. Pero a alguien le tocaba guiar a los que no veían, y ese alguien era ella. Traumatizada por lo ocurrido acabó con el cabecilla del grupo, sembrando el terror. No podían resistir más en ese lugar, deseaban salir de allí, volver a su mundo, ver a sus familiares, volver a sus casas… Un incendio fue la excusa perfecta para huir, pero al escapar del manicomio se encontraron con un paisaje desolador. Ella, al conservar la vista pudo ver como la epidemia se había apoderado de todos los habitantes. Como podían, los grupos de ciegos vagaban por la ciudad en busca de comida y agua, dos bienes muy escasos. El paisaje era desolador, ciegos vagando de aquí para allá sin ser conscientes de donde estaban. Perdidos en su propia ceguera…

Dependemos de nuestros sentidos, y realmente no nos imaginamos que pasaría si tuviéramos que prescindir de alguno de ellos. Eso es lo que ellos vivieron, situaciones aterradoras, infrahumanas, que nunca imaginaron que sucederían. Pero así fue, un buen día sin previo aviso la ceguera les invadió. Aprendieron a valorar lo que tenían una vez que lo perdieron y a sacar fuerzas de flaqueza donde no las había. No sabían el futuro que les deparaba, pero querían luchar por salir de aquel lugar. Se esforzaron y lo consiguieron. En una sociedad sin leyes, en la que el caos reinaba, consiguieron salir victoriosos enfrentándose a sus miedos.


Valoración Personal

No conocía al autor del libro, ni ninguna de sus obras, no sabía lo que podía esperar del relato, aunque me hablaron bastante bien de él. Cuando empecé las primeras páginas me encontré una temática bastante interesante, diferente a lo que había leído hasta el momento. El tema me dio bastante que pensar, a medida que avanzaba la historia me quedaba más sorprendida. Una gran historia, con un buen mensaje y con grandes descripciones que hacían que me imaginara cada una de las situaciones narradas. En definitiva, es un libro que vale la pena leer y que sin duda recomiendo. Todos estamos ciegos de alguna manera…

Por Maribel Mínguez, (1º Bachillerato)

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