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miércoles, 28 de mayo de 2008

Hombre racional y hombre intuitivo en el pensamiento de Nietzsche, por Jose Ferrale

Para nuestro autor, el hombre intuitivo y el hombre racional representan dos visiones de la vida opuestas. Mientras que el primero se rige por conceptos y racionaliza su mundo, el hombre artístico vive acorde con el constante devenir del mundo, sin estar sujeto a las rígidas reglas que marcan las pautas sociales.

Pero para poder desarrollar más estos conceptos es preciso partir de la idea que Nietzsche, en una época de crisis y pérdida de valores sociales, se propuso encontrar las bases de estos valores. El proceso a seguir es el que él llamó genealogía, concretamente la genealogía del lenguaje es la que Friedrich Nietzsche utilizará para desmontar la cultura occidental que cree estar en posesión de toda la verdad.

Concretamente el error viene determinado porque el ser humano, en su afán de conocerlo todo, intenta establecer una realidad inmóvil, algo sobre lo que afianzar su conocimiento, cuando en realidad todo está en continuo devenir, o como diría una de las mayores influencias de Nietzsche, Heráclito, “Nada es, todo fluye”. De esta forma, tras obtener un estímulo proveniente del mundo exterior, se realiza una primera metáfora al representar ese estímulo en forma de imagen en nuestro cerebro. A continuación se produce la siguiente metáfora cuando intentamos reproducir esa imagen mediante palabras. Estas palabras deberán ser entendidas como una expresión de un suceso concreto, y no como algo universal. De hecho este carácter universal del lenguaje se logra cuando, tras producirse muchos estímulos y ver que una misma palabra coincide cuando dos o más personas denominan un mismo suceso, la palabra deja de ser una metáfora para convertirse en un concepto. El concepto es el residuo de la metáfora, aquello que pretendemos que sea la “Qualitas occulta” del estímulo. Pero en realidad el concepto es una pura convención que se alcanza cuando prescindimos de las características individuales de los objetos para quedarnos sólo con aquello que tienen en común.

Este proceso de establecimiento de conceptos es el conocido como Pacto Gregario, que no es más que una pura convención entre todos los humanos para designar a un mismo estímulo de una misma manera. Esto, que los humanos denominamos verdad, no es más que una convención que hemos olvidado que lo es, ya que no recordamos que hubo un momento en el que inconscientemente nos pusimos de acuerdo sobre el significado de un concepto, para poder vivir en sociedad y en paz, evitando la guerra propia del estado natural humano, la “bellum omnium contra omnes”.

Establecida ya la verdad, y teniendo en cuenta que no es más que una convención, deberemos distinguir entre verdad y mentira, y por supuesto de la significación que alcanzan si las tratamos en un sentido moral o en un sentido extramoral. Esta parte es la central de la obra de Nietzsche “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” (Originalmente “Über Wahrheit und Lüge im auβermoralischen Sinne”). Verdad y mentira en un sentido moral deben entenderse como el buen o mal uso de los conceptos. Será verdad aquello que se derive del buen uso de los conceptos establecidos, mientras que será falso todo aquello que a pesar de estar formulado mediante conceptos no se corresponde con la realidad o nos perjudica. En cambio, en un sentido extramoral, la verdad y la mentira determinan el uso o no de los mismos conceptos. Por ejemplo, la mentira en sentido extramoral es el uso de los conceptos, porque como ya hemos dicho, éstos no son más que una pura convención, por lo tanto no se puede pretender explicar la realidad o alcanzar la verdad con ellos.

Y así, sin darnos cuenta, la genealogía del lenguaje ha derivado en una genealogía de la moral, ya que al ser los conceptos un pacto, y considerar que serán ciertos aquellos conceptos que nos sean beneficiosos, tendremos que distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo, para poder distinguir así, en un sentido moral, que es verdad y qué no lo es.

Pero, ¿Cómo sabemos que es bueno y que no lo es? El filósofo alemán nos propone entonces la idea de que los seres humanos nos dividimos en hombres fuertes y débiles. Los fuertes son aquellos que crean sus propios valores, que se rigen mediante sus propias normas y que, en definitiva, establecen un criterio propio. En cambio los débiles son aquellos que aceptan los valores establecidos sin más, comparándolos con un rebaño de ovejas.

Esta contraposición fuerte-débil es la que le sirve para establecer el antagonismo entre hombre racional y hombre intuitivo. El hombre racional es aquel que sigue la moral del rebaño, que utiliza los conceptos y se rige por ellos, siguiendo los valores ya establecidos. En cambio el hombre intuitivo creará sus propios valores, tenderá a la creación, al arte en definitiva, por contraposición al hombre racional que tiende a la ciencia.

Nietzsche enfrentará a estos dos tipos de hombre con la crisis de valores de la sociedad, el nihilismo. Según nuestro autor los hombres deberán superar el nihilismo pasivo, que consiste en obviar el hecho de que los valores de la sociedad están vacíos, para conseguir un nihilismo activo, es decir, rehacer tus propios valores con independencia de los ya establecidos. Sólo el hombre intuitivo será capaz de superar el nihilismo y se convertirá en el superhombre, der Übermensch.

El superhombre, caracterizado por su voluntad de poder, es decir, su constante afán de creación se desmarcará de la sociedad y se centrará en el arte, superará las fases de camello y león en las que todo ser humanos se encuentra o se ha encontrado para convertirse en niño, en el sentido de que su única ocupación será jugar con las metáforas, huyendo de los conceptos que no nos permitirán alcanzar la verdad. Y es que la principal diferencia radica en que las metáforas, al estar más próximas el estímulo original, están menos alteradas, pero son más que nada la expresión individual de un determinado acto, que deberá analizarse cada vez, y que dependiendo del observante, ante un mismo estímulo se producirán diferentes metáforas que además deberán ser interpretadas acorde con la situación.

Por lo tanto los dos tipos de hombre son los que definirían la sociedad en sí, fuertes y débiles, racionales e intuitivos. Y a pesar de lo que parezca, son los débiles los que siempre se han impuesto, ya que al poseer los valores del rebaño han tenido un soporte popular que los fuertes nunca han tenido. Pero tampoco es preciso que todos seamos fuertes. No todos estamos preparados para crear nuestros propios valores, es por ello que Nietzsche también nos dice que aquellos que no sean capaces de originar unos valores propios, que sigan los ya establecidos.

En definitiva Nietzsche establece esta diferencia primordial entre dos tipos de hombres para explicar el porqué de la degeneración de los valores de la sociedad occidental, ya que al gobernar siempre los débiles, que siguen los valores del rebaño y por lo tanto utilizan los conceptos, se ha llegado a un momento de “crisis” de la cual sólo podremos salir cuando los superhombres originen sus propios valores, viniendo así la gran aurora, comenzando un nuevo ciclo temporal de la historia.

Jose Ferrale

2 comentarios:

Joruji dijo...

Muy interesante!
salu2

Anónimo dijo...

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