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martes, 1 de noviembre de 2011

Ontología en Platón, por Sara Andrés

Para Platón hay dos grandes niveles de realidad distinta, dos mundos diferentes: el mundo sensible y el inteligible. La relación que se establece entre ellos es que en el mundo inteligible se encuentran las ideas, aquello que de verdad existe, de los objetos, seres e imágenes que hay en el mundo sensible, el cual intenta imitar al inteligible.


Sin el mundo de las ideas, el mundo de lo material y perceptible mediante los sentidos no estaría tal y como está ahora ya que no tendría nada a lo que emular. Sin embargo, el mundo inteligible es totalmente independiente y perfecto, y por ello el mundo sensible lo intenta copiar, porque quiere llegar a ser tan perfecto como lo es él. Los objetos, los seres, las sombras e imágenes que captamos en el mundo en el que vivimos, el sensible, no son más que reproducciones más o menos logradas de las infinitas ideas que hay en el mundo que no vemos. Todas estas imitaciones intentan ser tan perfectas y verdaderas como lo son las ideas a las que interpretan, pero no lo consiguen.


Dentro de ambos mundos hay cosas más reales y mejores que otras. En el mundo sensible, las imágenes y sombras son copias menos ciertas y perfectas que los seres y objetos físicos. Y en el mundo inteligible, las matemáticas son menos auténticas que las propias ideas. Si cogiéramos la imagen reflejada del número ocho veríamos que éste es el reflejo de un número ocho materializado que podemos ver con nuestros ojos, y nos daríamos cuenta de que este número imita el objeto matemático llamado “ocho”, el cual simula ser la idea de “ocho” pero que no es.


En el mito de la caverna se explican estos dos mundos haciendo como que el mundo sensible es aquel que está dentro de la cueva y los objetos que vemos en él son las sombras que ven los cavernícolas proyectadas en la pared. Nos explica también que los elegidos para salir y ver el mundo inteligible son sólo unos pocos y estos tienen que hacer un gran esfuerzo, subir una gran cuesta. Y finalmente nos dice que éstos reconocerán primero las sombras (objetos matemáticos en la realidad) que son lo más parecido a los reflejos que veían antes y después reconocerán los objetos (ideas en la realidad) hasta reconocer el sol (Idea de Bien en la realidad)


Pero, ¿por qué en el mito de la caverna el sol es importante? Porque en el mundo inteligible, la Idea de Bien es la idea más perfecta que hay. Las demás ideas intentan parecerse lo más posible a ella.

¿Y quiénes son esos pocos que saldrán al exterior en el mito? Los que en el mundo sensible van a ser educados para gobernar.


Según Platón, el buen político tiene que ser filósofo. Y por esta razón lo que quiere es educar a los futuros gobernantes para que descubran con sus propios ojos el mundo inteligible y alcancen las ideas; sobre todo la Idea de Bien, para ser un gobernante justo y bueno, digno de regir en el Estado.

En esta educación, el individuo tiene que ser capaz de hacer que su alma, la cual viene del mundo inteligible según la teoría de la reminiscencia, recuerde las ideas que ya ha conocido antes pero que ha olvidado al adentrarse en el cuerpo humano, perteneciente al mundo sensible. El cuerpo es una cárcel para el alma, ya que éste no la deja salir y ver la realidad: las ideas.


No obstante, no se puede conocer todas las ideas en seguida, nada más comenzar tu educación, sino que hay un largo proceso, como bien dice el mito. Primero se debe dejar a un lado la opinión que se tiene del mundo sensible; ya que como no es real, no se puede conocer sino opinar. En esta opinión usamos la imaginación para ver las imágenes y la ciencia para los objetos. Y después, a través de la dialéctica, hay que empezar a conocer poco a poco los objetos matemáticos, para los cuales usamos el pensamiento, y más tarde las ideas, para las que adquirimos la inteligencia.


Al acabar la educación, el futuro gobernante, que ya está preparado para imperar al resto de los ciudadanos, conoce ambos mundos del dualismo ontológico (el sensible y el inteligible) y por tanto es consciente de qué es real y qué no, y se ha convertido, además de en un buen filósofo, en alguien justo y bueno, conocedor de la Idea de Bien y merecedor de ser el que reine en el Estado.

Lo real en Platón, por Paula Pérez


¿Qué calificaríamos como real? Podemos percibir la realidad a través de los sentidos, es lo que llamarÍamos mundo visible y material, lo que podemos ver, oÍr, tocar, sentir... Este mundo sensible representa lo que nosotros sabemos de la realidad y nuestro conocimiento se basa en los sentidos, pero una cosa es lo que sabemos de ella y otra lo que es la realidad en sí.

 Para Platón esto sería insuficiente para conseguir un conocimiento verdadero de lo que es real, puesto que el mundo visible cambia de manera constante. Cree que existe otro mundo, el mundo inteligible, y está seguro de que de este mundo depende el mundo sensible. En este existen realidades ocultas a la vista pero accesibles a la inteligencia y se llega a el a través del conocimiento. Estas realidades no cambian, son únicas, inmutables y eternas... Las llama Ideas.

Las Ideas son abstractas, no se pueden percibir a través de los sentidos, pero aun así son más reales que las cosas materiales y sensibles. Son la esencia de las cosas, lo que nos define es formar parte de la Idea. Hablemos de la Belleza por ejemplo, sabríamos decir muchas cosas que nos parecen bellas, pongamos que es un cuadro. Diríamos que este es una imitación o copia material de Belleza, si el cuadro es bello es porque participa de la Idea de Belleza, se podría acercar más o menos a la belleza en sí, pero lo calificariamos así porque participa de esa Idea. El cuadro puede que en un futuro ya no se considere bello, el paso del tiempo puede hacer que se desgaste, que se degrade, que los gustos cambien... Pero por mucho que las opiniones cambien la Idea de Belleza en sí será inmutable.

Al igual que distingue entre dos grados de realidad también defiende dos grados de saber. Uno, sería el mayor nivel de conocimiento, ya que utilizaría la inteligencia para buscar el saber acerca de las Ideas, es decir, todo lo que sepa sobre el mundo inteligible, ignorando los sentidos y el mundo visible al que pertenece. El otro lo consideraría inferior al conocimiento ya que utiliza los sentidos, en vez de la inteligencia, como fuente de información. De este nivel Platón estaría convencido de que tan solo se puede obtener opinión y nunca conocimiento, la información no es fiable ni objetiva ya que el mundo visible esta sometido a continuos cambios.

Los Pitagóricos estaban de acuerdo en esto con Platón, el verdadero conocimiento solo se puede haLLar acerca de las realidades inteligibles. El alma forma parte del mundo inteligible y cuando se encarna en un cuerpo es cuando pertenecemos al mundo sensible, es decir, poseemos una serie de conocimientos y valores acerca de las Ideas desde que nacemos pero se necesita una educación adecuada para saber interpretarlas por nosotros mismos.

Ambos pensamientos consideran la unión de cuerpo y alma como un accidente.Su función es el conocimiento y pertenece a una realidad intermedia entre los dos mundos, su lugar propio se consideraría el mundo de las Ideas pero cuando se encarna en un cuerpo pertenece al mundo sensible. El alma es considerada inmortal y es la que da vida y movimiento al cuerpo. Éste, mas bien, es considerado la cárcel del alma, ya que la arrastra hacia lo sensible: apetitos, deseos... Distrayendo al alma del conocimiento.

 Platón divide el alma en tres partes: la parte racional, en la que reside la inteligencia y es una parte exclusiva en el ser humano(o en la mayoría) y su virtud es la sabiduría; la parte irascible, que se refiere a las emociones y pasiones humanas, su virtud es la valentía; y la parte apetitiva, fuente de todos los apetitos y deseos materiales de los humanos, su virtud es la moderación.

Considerariamos que un alma es justa cuando hay armonía entre las tres partes, es decir, cuando la parte racional no ha sido dominada por la parte irascible o la apetitiva, de forma que cada una de las partes haya sido capaz de desarrollar su virtud.

En eso consiste el intelectualismo moral, que aquellos individuos justos y buenos, porque han llegado al conocimiento de lo que es justo y esta bien a través de la filosofía, son los gobernantes perfectos. Que los cargos de autoridad sean ocupados por personas que hayan recibido una educación adecuada, los que esten mejor formados intelectual y moralmente. Los que hayan sido capaces de conseguir que su parte racional no sea influida por las otras dos y haya desarrollado su sabiduría.

Es importante que el individuo mire por el bien de la comunidad y no solo por el suyo propio, y ese es el objetivo que tiene la política de Platón, organizar y crear armonía entre la sociedad. Para una buena política es necesaria una buena educación, que esté enfocada a la contemplación de las Ideas.


Antropología, Psicología y Ética en Platón, por Irene García


La filosofía platónica surge a partir de la postura de Platón de crear un Estado más justo, el Estado Ideal, que como nombra en su Carta VII donde explica la situación política de su país pone un remedio para crear así un estado justo que se puede lograr a partir de su teoría del filósofo-gobernante; y también en contra de los sofistas y algunas de sus teorías como el relativismo o el empirismo político. Pero hasta llegar a su Estado Ideal dirigido por el filósofo-gobernante, Platón trata diversos temas. Se puede destacar como factor común en toda la teoría de Platón el alma, pero ¿qué es el alma? ¿cómo y hasta que punto influye en su teoría?



Al igual que los pitagóricos con quién comparte muchos rasgos sobre el alma en su teoría, Platón divide al ser humano en cuerpo y alma, lo que se conoce como dualismo antropológico. Al contrario que el cuerpo, el alma es inmortal e inmaterial y Platón le atribuye la función de conocer y cuya principal virtud es la justicia aunque también la sabiduría, la valentía y la templanza; es gracias al alma por la que llegamos al conocimiento y como se verá más tarde, a las Ideas. Para el filósofo, el ser humano es su alma aunque ésta haya preexistido. Esto quiere decir que según Platón el alma siempre ha existido y ha estado en otros cuerpos de los cuales ha obtenido conocimiento. En cambio, el cuerpo es un obstáculo para el alma a la hora de llegar al conocimiento.

Platón dividiría a su vez el alma en tres partes: la parte racional, solo la posee el ser humano, está dirigida por la razón, allí es donde se encuentra el conocimiento y está en la cabeza; la parte irascible, reside en el pecho y de ella nacen las pasiones y emociones humanas; y por último la parte apetitiva, de esta parte emergen los apetitos y deseos materiales y se encuentra en el bajo vientre. Estas tres partes están directamente relacionadas con lo que Platón llama la armonía y orden natural entre las clases, esto quiere decir que en su Estado Ideal se pueden encontrar tres clases en las que predomina una parte del alma en cada una: la clase en la que predomina la parte apetitiva corresponde a la clase de los productores, los productores serán los encargados de producir los bienes necesarios para la vida de la comunidad; la siguiente clase en la que denota la parte irascible es la clase de los guardianes y se encargan de la defensa de la ciudad y el servicio militar; y por último está la clase de los gobernantes-filósofos donde predomina la parte racional del alma y son los que están capacitados por tanto para gobernar y dirigir el Estado.



Estas tres clases en armonía nos conducen al Estado Ideal y a la teoría del filósofo-gobernante. La intención de Platón era crear un estado armonioso y justo pero, según el intelectualismo moral, teoría ética de Sócrates que Platón aplica a la política, sólo podrá otorgar esa armonía y justicia un gobernante que conozca el verdadero significado del bien y la justicia. Como Platón rechaza el principio fundamental de la democracia ateniense da como alternativa un gobierno de filósofos, la teoría del filósofo-gobernante, que afirma que los gobiernos deben estar en manos de aquellas personas que hayan alcanzado la Idea de Bien a la que solo puede llegarse a través de la filosofía.

Pero el camino para llegar a ser filósofo-gobernante no es fácil, solo podrán serlo aquellas personas con la mejor naturaleza o lo que es lo mismo los que por naturaleza tengan capacidades y cualidades de manera innata como la inteligencia; y también haber pasado por un duro proceso educativo donde se potenciaran estas cualidades y después del cuál deberán gobernar.

Como ya hemos nombrado para llegar a ser filósofo-gobernante tenemos que conocer la Idea de Bien. Para que nuestra alma llegue al conocimiento Platón hace la distinción entre dos mundos, el dualismo ontológico: el mundo sensible y el mundo inteligible, ya que el alma está en una realidad intermedia entre los dos mundos. El mundo sensible o mundo del devenir, es el mundo de los objetos percibidos por los sentidos. Se trata de un tipo de realidad imperfecta y en constante cambio por lo que Platón considera que tiene menos realidad que el mundo inteligible o de las Ideas. El mundo inteligible, por otro lado, se trata de un mundo de realidades estables y permanentes y es ahí donde se encuentra lo auténticamente real. Hay que dividirlo en objetos matemáticos e Ideas.

Existe una relación entre los dos mundos y es que el mundo sensible copia al mundo inteligible.



Las Ideas de Platón es la conversión de las definiciones de su maestro Sócrates y tienen las mismas características que el Ser de Parménides: inmutables, eternas, perfectas, inmateriales, indivisibles y solo accesibles a la razón. Las Ideas son las protagonistas de la teoría más famosa de Platón: la Teoría de las Ideas. Las Ideas constituyen la esencia de las cosas sensibles, cada Idea es única y modelo de los objetos físicos. Las Ideas nos permiten así obtener un conocimiento absoluto y verdadero. Pero no todas las Ideas son iguales, están organizadas jerárquicamente de modo que en la cima se encuentra la Idea de Bien. También hay que apuntar que como el alma ha preexistido es de gran ayuda para llegar a esta Idea suprema de Bien. Como dice la teoría de la reminiscencia conocer es recordar y que el alma haya existido antes en otros cuerpos nos ayuda a llegar a las Ideas porque el alma al entrar en el mundo sensible a través de un cuerpo olvida las Ideas y es “recordando” como llegamos a ellas porque lo que percibido por los sentidos es copia de estas Ideas. También apunta que hay ciertos conocimientos que los adquirimos de forma innata pero no son conocimientos claros y que solo pueden salir a relucir a través de la adecuada educación.



Después de todo este proceso el elegido para ser filósofo-gobernante llegará alcanzar la Idea de Bien y volverá para gobernar en la ciudad creando así el gobiernos justo e ideado por Platón como lo ilustra en el Mito de la caverna.

Epistemología en Platón, por Jennifer Lara



Platón, al igual que distingue entre dos tipos de realidades, que son el mundo inteligible y el mundo sensible, también distingue entre dos niveles de saber. Cada uno de estos saberes nos sirve en cada una de esos dos tipos de realidades. 

Por un lado está el propio conocimiento, el nivel superior de conocimiento, porque es el auténtico saber de lo real, al cual llegamos a través de la inteligencia, y lo real pertenece al mundo inteligible, que es más real que el mundo sensible, por lo tanto superior al otro tipo de conocimiento, que es la opinión. SOBREDOSIS DE COMAS.

La opinión es un conocimiento inferior porque es el saber acerca del mundo sensible y material, que es un mundo inferior al inteligible, ya que para Platón, es imposible alcanzar un verdadero conocimiento de lo perteneciente al mundo sensible porque éste es cambiante HERÁCLITO, por lo tanto, el único saber que tengamos del mundo sensible será simplemente opinión, a la cual llegamos a través de los sentidos. 

El conocimiento es el principio del alma, que es una realidad intermedia entre el mundo inteligible y el mundo sensible, aunque tiende más al mundo inteligible porque es inmaterial e inmortal, y por lo tanto el objetivo del alma es llegar al conocimiento. El alma es uno de los dos compuestos del ser humano, y el otro es el cuerpo.

Con el cuerpo pasa lo contrario, pertenece al mundo inteligible porque es material y mortal, y por lo tanto nunca alcanzará ni la virtud ni el conocimiento. 
De las tres partes en las que Platón divide el alma, la parte racional será la que estará relacionada con el mundo inteligible, porque no le da importancia a lo material y persigue lo verdadero y bueno, por lo tanto persigue el conocimiento científico. Las otras dos partes, la irascible y apetitiva, están vinculadas al cuerpo, por lo tanto, al mundo sensible. 

Para conseguir la justicia y la perfecta armonía del alma es imprescindible que estas tres partes estén ordenadas y sólo el hombre que haya alcanzado el conocimiento supremo de la idea de justicia y de la idea de armonía, perteneciente al mundo inteligible ya que hablamos de ideas, y por lo tanto nos estaremos refiriendo al conocimiento científico, podrá conseguir un alma justa y con armonía. 

Lo mismo pasa con la política, para conseguir un estado ideal, será preciso que esté en el mando aquella o aquellas personas que hayan conseguido alcanzar la idea de justicia y la idea de bien a través del conocimiento científico (porque pertenece al mundo inteligible) y éstos son los filósofos. Éste conocimiento de la Justicia en sí i del Bien en sí es un conocimiento globalizador de la realidad total. 

La meta de la educación de estos filósofos gobernantes es lograr que en su alma predomine la parte racional, es decir, encaminar su alma hacia lo inteligible, hasta llegar a conocer el mundo de las Ideas eternas y finalmente, a conocer, mediante el conocimiento científico, la Idea de Bien en sí, que constituye la última meta del proceso educativo.

Epistemología en Platón, por Natalia Amador

 
Platón considera  que la realidad se divide en dos mundos, el sensible y el inteligible.

Que los explica a través de lo que esta alcance de nuestra vista,  el mundo sensible a través de los sentidos al que le denomina que es poco fiable e inferior al conocimiento, se podría definir como las opiniones. Después esta el inteligible que esta formado por las verdades más absolutas las ideas que sería el grado superior del conocimiento.

Dentro de los dos mundos estarían los dos niveles de saber el conocimiento es el ser y la opinión el devenir. La opinión también constituye para el una cierta clase de saber porque ya en este terreno puede discurrir sobre si algo es justo o no es justo a través del conocimiento porque si no conocemos la esencia no podremos ni dar opiniones y aunque solo sean opiniones será mejor y valiosa.

Para Platón adquirir conocimiento consiste en recordar lo que el alma sabía cuando habitaba en el mundo inteligible de las ideas antes de caer al mundo sensible y quedar encerrada en el cuerpo , el alma desde su nacimiento tiene sus conocimientos e ideas al que llegas a recordar con una educación adecuada que nos lleve a las ideas.

La palabra dialéctica para Platón se refiere al método de preguntas y respuestas con fin de llegar a la verdad. El fin último de la dialéctica sería lograr la definición de las cosas, o solucionar las cuestiones que se debaten en los diálogos, en el sensible y en el inteligible sería el más alto grado de conocimiento y consistiría en la contemplación intelectual de las Ideas.

A través del conocimiento también podrás llegar a la idea del bien aunque no solo tienes que centrarte en el conocimiento para ser el mejor sino en la virtud que esta unida a la felicidad, considerada esta como el sumo bien del hombre. La virtud desempeña en el proceso ético la misma función que la dialéctica en el proceso del conocimiento.

Platón: el Estado Ideal, por Lorena Martínez



Platón confesó en su Carta VII que sólo a través de la filosofía se podría encontrar el remedio a los problemas políticos de su época. Quería lograr un Estado Ideal, donde no se cometieran las injusticias que él mismo vivió con su maestro Sócrates. Y para ello formuló su teoría del filósofo-gobernante, en la cual los gobernantes perfectos son los filósofos, pues son los únicos que pueden llegar al total conocimiento del bien y la justicia y, por tanto, ser justos y buenos –tal y como Sócrates hace ver en su intelectualismo moral, que Platón acepta y aplica en su política-; hombres capaces de dirigir y gobernar bien una sociedad, un estado.


El discípulo de Sócrates está convencido de que ha de existir un arte o una ciencia propia del político –gobernante-, que tenga como finalidad producir la salud del Estado y conducirlo hacia la justicia y la felicidad: la filosofía, la ciencia política que el aspirante a gobernante necesita aprender. Pero antes de poder hablar sobre la educación de estos gobernantes, se necesita conocer la teoría de las Ideas que Platón propone.


Platón acepta de Heráclito que los objetos del mundo físico y material están en permanente situación de cambio, y por eso no puede haber un verdadero conocimiento de esos objetos. Por otra parte, acepta de Parménides que el conocimiento que nos aportan los sentidos es engañoso y que no nos muestran la auténtica realidad de las cosas, sólo accesible a la razón. Así pues, según el filósofo, existen realidades  que no cambian, realidades no materiales, eternas e inmutables –a semejanza del Ser de Parménides- que se han de hallar más allá, en otra esfera de la realidad. Éstas son las Ideas. Las esencias de las cosas. Y por ello Platón diferencia entre el mundo sensible, al que pertenecen todas las cosas físicas y materiales, y el mundo inteligible, al que pertenecen las Ideas y los objetos matemáticos (dualismo ontológico).


Si las Ideas son modelos de perfección y la auténtica realidad –siempre desde el punto de vista de Platón-, la Idea de Bien es la representación de la máxima perfección y realidad. Es la que gobierna el mundo de las Ideas, y la causa del ser, de la perfección y la existencia de las demás Ideas. Así como las cosas sensibles participan de las Ideas –al igual que los objetos matemáticos, que son más reales todavía que éstas, pues son más perfectos, forman parte del mundo inteligible-, cada Idea participa de la perfección de la Idea de Bien. Por eso puede decirse que las Ideas deben su ser, su esencia a esta Idea. Y, aunque indirectamente, también lo hacen las cosas sensibles, puesto que sólo existen porque participan de las Ideas, que a su vez participan de la Idea de Bien, de forma que lo que tengan las cosas sensible de perfectas, reales y buenas se lo deben a esta Idea. El mundo sensible intenta imitar al mundo inteligible.


La Idea de Bien es también la causa de que las restantes Ideas puedan ser conocidas por el alma humana; participan de ella, y por eso se pueden conocer. Ahora bien, ¿cómo puede conocer el alma humana las Ideas, si éstas están fuera de nuestro mundo sensible y visible? Platón propone aquí la teoría de la reminiscencia.

Según él, en el alma de casa ser humano existen, desde su nacimiento, ciertos conocimientos innatos -y confusos- sobre las Ideas, que sólo pueden cobrar claridad mediante una educación adecuada, es decir, para Platón aprender o conocer no es otra cosa que recordar –antes de reencarnarse en un cuerpo, el alma ha estado en el mundo de las Ideas y las ha contemplado. Y es que el filósofo tiene una concepción dualista del ser humano: éste es un compuesto de alma y cuerpo (dualismo antropológico). Influenciado por la filosofía pitagórica, Platón considera la unión de alma y cuerpo como puramente accidental, el alma necesita purificarse a través del conocimiento y la práctica de la virtud. El cuerpo es la cárcel del alma.


Así, Platón establece una división del alma en tres partes: racional –sede de la inteligencia, naturaleza divina-, irascible -pasiones y emociones- y apetitiva –apetitos y deseos materiales-. Las partes apetitiva e irascible son irracionales, y están vinculadas al cuerpo.


Por tanto, para el Estado Ideal, justo -en el que exista armonía entre las tres clases sociales existentes: productores (parte apetitiva), guardianes (parte irascible) y gobernantes-filósofos-, que Platón quiere alcanzar, aquellos individuos en los que predomine la parte racional del alma sobre las otras dos, serán los idóneos para el gobierno de la ciudad –clase de los gobernantes-filósofos, clase superior-, serán seleccionados de entre los mejores guardianes para recibir una educación especial.


La educación de los gobernantes debe lograr, primero, encaminar su alma en dirección a lo inteligible, hasta llegar a la contemplación de las Ideas y, finalmente, al conocimiento del Bien en sí, que constituye la meta última del conocimiento y el final del proceso educativo, un proceso duro, arduo y costoso, pues el cuerpo arrastra al alma hacia el mundo sensible, apartándola del verdadero conocimiento.

Así pues, la educación del filósofo gobernante se basará primero en el cultivo de las matemáticas –pues el alma, prisionera del cuerpo y los sentidos, acostumbrada al mundo sensible, debe familiarizarse con el razonamiento abstracto y con las realidades inteligibles-, y después en el de la dialéctica o filosofía –ciencia suprema para Platón, el saber sobre las Ideas y sus relaciones. Una vez que –gracias a la dialéctica- el filósofo gobernante haya alcanzado el conocimiento de lo verdadero y de lo bueno, tendrá que volver de nuevo al mundo sensible, al mundo humano, e intentar establecer un orden y armonía inteligibles en la sociedad y el Estado; para ello debe gobernar su propia vida y a la sociedad tomando el Bien y la Justicia como guía.

Antropología y Psicología en Platón, por Sheila Judirías


Platón diferencia el ser humano en dos partes: cuerpo y alma. Esto es lo que se conoce como dualismo antropológico. Los pitagóricos defendían también esta idea. Las características del alma y el cuerpo son las siguientes:

El alma es inmortal, pero es lo que nos forma como personas, nuestro "yo". Ésta se divide en tres partes: racional, irascible y apetitiva. La racional es donde se encuentra la inteligencia, reside en la cabeza. La irascible es donde se encuentran los sentimientos, reside en el pecho. Y la apetitiva es donde se encuentran los deseos humanos, reside en el bajo vientre.

Con lo cual, el lugar del alma es el mundo de las Ideas, en el que ha preexistido. Esto se conoce como teoría de la reminiscencia, defendida también por los sofistas, la cual afirma que conocer es recordar, lo que quiere decir que nuestra alma se reencarna habiendo conocido el mundo de las Ideas, y lo único que debe hacer es recordarlo con una buena educación. Además, la educación está enteramente al servicio de la organización de la sociedad y de la vida política; uno de sus objetivos es formar a los individuos justos, destinados a gobernar, como Platón bien explica en la Carta VII. En resumen, la educación debe conseguir enfocar su alma a la contemplación de las Ideas eternas, y en consecuencia, al conocimiento del Bien, ya que para ser un filósofo-gobernante se requiere el arte de la justicia, que sólo puede alcanzarse mediante la filosofía y preparar las matemáticas, algo fundamental. Con lo cual, la Idea de Bien gobierna, rige el mundo de las Ideas, y el mundo visible. AMONTONADO.

Volviendo al principio; la segunda parte del ser humano es el cuerpo, la cual, al contrario del alma, es mortal. Platón rechaza el cuerpo, lo define como cárcel del alma y se centra muchísimo más en el alma. Y, bien, ¿por qué existe la división del alma en tres partes? porque a partir de ésta división, Platón nos explica dos aspectos de la psicología humana:

Por una parte, un aspecto es que en el alma luchan la razón, las pasiones y los deseos materiales, ya que el ser humano se encuentra diariamente en este conflicto.

Por otra parte, esta división permite a Platón explicar que hay una parte del alma que tiende a la razón, otra que se deja dominar por sus pasiones y otra en la que dominan los deseos sobre la razón y las pasiones.

Platón utilizaría así la antropología y la psicología, dos conceptos totalmente unidos, ya que en la antropología se explica la psicología de las partes en las que se divide el ser humano, para explicarnos cómo estamos formanos, y sobre todo que el alma es la parte principal y preexiste, por tanto debemos dedicarnos a recorrer el camino hacia una buena educación.