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domingo, 23 de mayo de 2010

RICARD, M., En defensa de la felicidad (Urano 2005), por IRENE CALVO



EN DEFENSA DE LA FELICIDAD, Matthieu Ricard


Matthieu Ricard, un monje budista francés doctorado en genética molecular, es el autor de “En defensa de la felicidad”, libro en el que expone ampliamente acerca de la verdadera felicidad y donde además desmiente las falsas concepciones populares en relación con ésta.


Lo cierto es que tenemos una idea equivocada de la felicidad. Habitualmente, tendemos a confundir el placer, la alegría u otros estados de excitación con la felicidad real. La felicidad no es más que un estado de plenitud profunda que se mantiene a pesar de las adversidades, alejada de cualquier situación externa y que por tanto nace de un equilibrio interior. Matthieu Ricard y los demás entendidos del budismo, identifican este estado con el término sukha que hace alusión al bienestar. Este bienestar interior esta íntimamente relacionado con sentimientos compasivos tales como la bondad, el altruismo o la indulgencia y donde por tanto, no cabe lo reconocido como venenos mentales que encontramos en el odio, el rencor, los celos, el egoísmo, el egocentrismo y la envidia.


Con frecuencia, caemos en el error de considerar que la felicidad viene dada por experiencias externas que, aunque sí provechosas, efímeras, y que no hacen más que conseguir, durante un breve período de tiempo, un estado de letargo o abandono con respecto a los tormentos personales. Quizás por eso, preferimos rendirnos ante la facilidad y el encanto del placer que depende del exterior, en lugar de poner en práctica la infalible pero también dura y exigente tarea de cultivar en nuestro interior un estado de serenidad.


Por otro lado, este entendimiento de felicidad está relacionado con la manera de comprender el mundo. Aquellos que de verdad son felices, entienden la vida en los momentos de satisfacción y gozo, pero también en los momentos de infortunio, lo que les permite una visión real del mundo, una aceptación de él y por consiguiente una capacidad de encontrar un lado positivo en las experiencias.


En definitiva, parece resultar difícil alcanzar el sukha -ser capaces de restarnos importancia y ofrecer comportamientos altruistas-, sin embargo, podemos aprender en el camino; aunque cierto es que para alcanzar esta felicidad estamos condicionados tanto biológicamente –gran parte de la responsabilidad de nuestro estado de ánimo depende sorprendentemente de nuestros genes-, como social y ambientalmente -las circunstancias en las que se ha desarrollado nuestra infancia- pero aún así, en la independencia de la edad adulta, estará en nosotros el compromiso de aumentar nuestro medidor personal de felicidad. Luchar para cambiar, querer ser mejores y, si no encontrar, al menos esforzarnos en buscar esta felicidad es algo de lo que os invito a no dejar pasar.



Por IRENE CALVO, 1º BATX.

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