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jueves, 6 de marzo de 2008

Duda y Criterio de Verdad, por Anna Roca

En la época de crisis en que Descartes desarrolló filosofía [escribió su filosofía], las disputas entre las distintas corrientes dentro de la Iglesia, así como el desarrollo de una nueva ciencia que dejaba de lado a la de la escolástica aristotélica, generaban un clima de inseguridad en que todo se sometía a duda. [Muy bien. El avance de los conocimientos ponía en tela de juicio conceptos que tradicionalmente habían sido tenidos por incuestionables.] Incluso en la propia filosofía todo era objeto de disputa y además, resurgió un importante movimiento que afirmaba la incapacidad del hombre para conocer la verdad: el escepticismo. Mientras que por otra parte, Descartes, con su concepción de la razón humana como un potente instrumento capaz de conocer la verdad, originó el racionalismo.


Pero con este racionalismo, el filósofo se encontraba ante la necesidad de alcanzar una verdad absoluta y así demostrar que el conocimiento y, con él, la ciencia son posibles. De manera que partió hacia la búsqueda de ésta verdad, cuyas características aún no sabía, y lo hizo mediante una duda sistematizada, la conocida como duda metódica. Así mismo, Descartes deseaba encontrar un método que, bien empleado, permitiese a cualquiera obtener conocimiento, pues él pensaba que la razón era igual para todos los seres humanos, por lo que todos seríamos capaces de alcanzar la verdad siempre y cuando usáramos correctamente el método adecuado. [Verdad-duda-método y razón, muy bien.]


El método de Descartes se basaba en el de la geometría, ya que en el siglo XVII se consideraba [se le atribuye a Galileo, continúa vigente hoy en día. Es un paso más de lo que habían dicho los pitagóricos] que las matemáticas eran el lenguaje en que estaba escrito el mundo y representaban la verdadera realidad. [Así que había que conocer ese lenguaje.] De este modo, tomando a la geometría como referencia, el filósofo establece su método, que constará de cuatro preceptos: el primero es la evidencia, según el cual no se debe aceptar nada como cierto en tanto que no se vea con evidencia que lo es, o lo que es lo mismo, en tanto que albergue alguna duda. En este primer paso se debe tener cuidado para no errar de prevención al no aceptar una verdad evidente, ni precipitarse en alguna que no lo es. El segundo paso, que se corresponde con la intuición, el primer modo de conocimiento, es el análisis. Éste consiste en desmenuzar las ideas más complejas hasta hacerlas lo más simples posible, para luego, mediante la síntesis, ordenarlas siguiendo un orden creciente de complejidad. Éste es precisamente, el tercer precepto, que se corresponde con el segundo modo de conocimiento, la deducción. Y todo esto se concluye con una revisión de lo anteriormente hecho, para comprobar que los pasos se han seguido correctamente. Éste último precepto es la enumeración.


Mientras Descartes se encontraba inmerso en la anteriormente mencionada búsqueda, estableció unas pautas de conducta por las que se regiría de manera temporal. Así formuló las cuatro máximas en que se basaría esta moral provisional, a saber: obedecer las leyes y las costumbres de su país; ser en sus acciones firme y constante; vencerse a sí mismo, esto es, dominar los deseos imposibles antes que estos lo dominen a él; y por último, cultivar su razón y avanzar tanto como pudiese siguiendo el método.


Retomando lo que decíamos acerca de la búsqueda de una primera certeza de la que esté completamente seguro y que sea el fundamento y el principio sólido sobre el que se sustentará la filosofía, en su Discurso del Método, Descartes se sume en una duda metódica. Esta duda, como es habitual en Descartes [ahí, mb, este tipo de giros sin grandes aspavientos, quedan muy bien], se realizará ordenadamente, de tal manera que el filósofo empieza por dudar de los sentidos, pues estos nos engañan en muchas ocasiones. Luego, si nos han engañado alguna vez, como por ejemplo mediante ilusiones ópticas, no nos debemos fiar de ellos pues nos pueden volver a engañar, por lo que no podemos afirmar con certeza que nuestro cuerpo y las demás cosas materiales existen. Seguidamente duda de su capacidad para distinguir la vigilia del sueño, ya que muchas veces tenemos sueños que son tan reales que creemos que estamos despiertos. Por lo tanto, tampoco podemos estar seguros de que estamos despiertos. En última instancia, pero ya en su obra Meditaciones [Metafísica], Descartes lleva la duda al extremo más radical en la conocida como duda hiperbólica. En ésta, se plantea la hipótesis de que exista un genio maligno que le haga engañarse y creer que está en lo cierto cuando en realidad está equivocado. De esto último se deduce que tampoco podemos estar seguros de la certeza de las verdades matemáticas.


Llegado a este punto en que el filósofo francés está encerrado en sus pensamientos, encuentra la buscada primera verdad: el cogito ergo sum. Este famoso enunciado se deduce de la siguiente manera: aún suponiendo la existencia de un Genio maligno engañador, en lo que éste no me podría engañar es en el hecho de que estoy dudando y si dudo es porque pienso, y para pensar es necesario existir, luego si pienso, existo. [Y luego algunos dicen que la duda no es real. ¡Va! También podemos decir que ya San Agustín, en los siglos IV-V había dicho "si me equivoco, existo", con lo que podemos verlo como precedente de Descartes. Sin embargo, en nuestro autor francés tal afirmación ocupa un lugar muy importante que no tiene en el sistema de Agustín de Hipona.]


Gracias a este enunciado Descartes establece el criterio de verdad, que le permitirá encontrar otra verdades evidentes, esto es la claridad y la distinción y además, logra escapar del solipsismo en que estaba sumido. Ahora debe recuperar la existencia del mundo externo, de la cual ha dudado en el primer paso de la duda metódica.


Puesto que, llegados a este punto, sólo está seguro de la existencia de su pensamiento y de los contenidos de éste, debe partir de ellos para encontrar algo que le asegure la existencia de este mundo. Así se dedica a analizar los contenidos de su pensamiento, sus ideas y encuentra que las hay de tres tipos: las adventicias, originadas por los sentidos; las facticias, formadas por la imaginación a partir de otras ideas; y las innatas, las que el ser humano posee por naturaleza. De este modo se da cuenta de que, mientras que de los dos primeros tipos de ideas está claro su origen, no sucede lo mismo con las ideas innatas. Pues la idea de perfección, por ejemplo, que es innata, no puede proceder de un ser imperfecto como él, sino que necesariamente, tiene que haber sido puesta en su pensamiento por un ser perfecto y éste no puede ser otro que Dios. Éste es uno de los argumentos que emplea Descartes para demostrar la existencia de Dios. Utiliza también dos argumentos más: el argumento ontológico [que ya había sido planteado por San Anselmo en el XI], que explica la existencia de Dios a partir de su propia idea, pues para que sea el ser más perfecto que se pueda imaginar, debe existir, por lo que la existencia sería una propiedad de la misma idea de Dios. Y el argumento de causalidad, que es similar al que hemos enunciado en primer término, pero basándose en la idea de infinito, pues los hombres son finitos.


Una vez ha demostrado la existencia de Dios, éste será su garantía de certeza. Esto es así porque Dios es benevolente [ya que esto es más un rasgo de perfección que su contrario], por lo que no puede permitir que me engañe, y más cuando tengo una fuerte creencia en pensar que algo existe. Así, puesto que tengo tendencia a creer que el mundo exterior existe, éste debe existir. Esto se cumplirá siempre que no nos precipitemos en nuestros juicios y no excedamos de prevención.


Ya con todo esto, Descartes distingue los tres tipos de sustancia que existen: la sustancia divina, la res cogitans y la res extensa. Cabe decir que el filósofo entendía por sustancia todo aquello que no necesita de nada más que de sí mismo para existir, por lo que, estrictamente, sólo Dios podría ser considerado sustancia. No obstante, como el pensamiento y la extensión sólo necesitan de Dios para existir, también son considerados sustancias. Con ésta clasificación, Descartes distingue dos componentes en aquello a lo que llamamos “yo”, que a pesar de ser distintos, están íntimamente relacionados: el pensamiento, que es el alma, y la extensión, que se corresponde con el cuerpo. En este dualismo, lo que realmente constituye nuestro ser es el alma pues el cuerpo es considerado como parte del mundo exterior. Con lo cual, el alma es la única que goza de libertad y es la encargada de controlar y dirigir los apetitos y pasiones del cuerpo: Éste último, por el contrario, no tiene libertad, pues se encuentra sometido a las leyes que rigen el universo. Esta manera mecanicista de entender el mundo tiene su origen en los avances científicos, como la explicación de Harvey de la circulación de la sangre [ahí, muy bien, desarrollo muy chulo]. Siguiendo esta teoría, Descartes entiende el universo como una máquina en la que cada componente, con su movimiento, origina el movimiento de otra componente y así sucesivamente se va trasmitiendo el movimiento, como en un reloj de cuerda. Según esta explicación, Dios fue el creador de la materia que existe en el universo y el que originó el primer movimiento, que se ha ido transmitiendo de un cuerpo a otro a otro, indefinidamente.


Para acabar y recordando la pregunta que se nos planteaba [esto no lo digas, parece como si el recorrido hubiera sido gratuito. Y pon un par de lineas más en la conclusión, con la misma contundencia, para darle cuerpo al final], podemos decir que Descartes emplea la duda como un método para alcanzar la primera verdad, las características de la cual desconoce, hasta que la encuentra y puede establecer con ella el criterio que le permitirá encontrar otras verdades evidentes: la claridad y la distinción.


Anna Roca



[Che, Anna, no hay quién te tosa. La prueba irrefutable de que es muy bueno es que parece fácil. Muy buen trabajo.]

13 comentarios:

Anónimo dijo...

clara:
yo diría que tenemos suficiente philosophie française con lo que hay en tu redacción,xDD

que venga Nietzche!

Oscar Fernández dijo...

Va, que venga Nietzsche,
pero antes nos tomamos un algo con Kant, no?

Anónimo dijo...

Anna:

Hombre si nos invita él...yo me apunto!! Pero creo recordar que antes de irnos con Kant, tenemos una fiesta pendiente con Descartes...¿no es mañana su cumpleaños? Mirad que si lo dejamos tirado después de todo...xDD

Anónimo dijo...

Anna:

Por cieto Óscar, un par de cosillas de la redacción:

-¿La otra obra se llama metafísica? Yo que creía que era Meditaciones o algo así xD

-¿Hablamos de los santos como el de Aquino, o sea, queda bien que los nombremos por ahí?

-Lo de galileo no lo dije porque no estaba segura de si lo había dicho él o venía de los pitagóricos...entonces puedo decir tranquila que lo de las matemáticas como el lenguaje de las cosas es de galileo ¿no?

Oscar Fernández dijo...

Sssshhhhhhhhhhhh! no digas nada que vas a estropear la sorpresa de la fiesta de Renato. Aunque no creo que use ordenador, nunca se sabe.

Un par de comentarios para despistar:

La obra es Meditaciones Metafísicas.

Está bien mencionar a S.Agustín (=Agustín de Hipona) y S.Anselomo (=Anselmo de Canterbury), pero no porque sean santos, sino porque son precedentes de nuestro hombre.

Sí, se atribuye a Galileo lo de que la naturaleza está escrita en lenguaje matemático y que para poder entenderla hay que conocer ese lenguaje. Una referencia al trasfondo pitagórico no es necesario, pero queda no queda mal, no?

Va que va!

Oscar Fernández dijo...

Perdón, S.Anselmo.

Oscar dijo...

Qué bien vendes la cabra Anna... jajaja claro como en Xirivella no se venden motos sino que se roban... pos te parecía raro esa frase hecha...jajaja Aw cacaw

J. Ferrale dijo...

Yo estoy con Clara, Queremos un Nietzsche en nuestra vida, xd.

Anónimo dijo...

Anna:

El comentario de oscar (requena) no lo entiendo...a lo mejor es xq es de alacuás y como todos sabemos...xDD

Anónimo dijo...

clara:
pero qué pasa entonces con pitágoras y "las cosas son números"?? no se supone que galileo influye más en descartes en relación al mecanicismo y la nueva concecpción científica?
qué habría en el cumple de Descartes, opio o coca-cola?
qué era la filosofía especulativa (pregunto también en nombre de anna, que conste)??

esto se consideran dudas metódicas??xD

Oscar Fernández dijo...

Che, contesteume la pregunta que he puesto sobre el muy genio muy maligno.

Oscar Fernández dijo...

Los pitagóricos lo habían dicho mucho antes, pero Galileo y Descartes lo ponen a funcionar cuando la ciencia comienza a andar en esa dirección. Estamos en el nacimiento de la física.

Al cumple cada uno que lleve algo.

La filosofía especulativa supongo (si no dais más datos de contexto) que se refiere a la de Aristóteles, que da explicaciones sin partir de la experiencia. O sea, parte de la experiencia, pero una experiencia del sentido común. La ciencia nos dice cosas que van contra el sentido común. En ese sentido, "filosofía especulativa" quiere significar una crítica, pues se inventa todo, sin partir de la experiencia. Cuando aparezca superkant pondrá a todos en su sitio.

Anónimo dijo...

clara: gracias! k opinas d lo del ggenio maligno? creo k mi respuesta no era muy convincente..