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viernes, 12 de octubre de 2007

Apología de Sócrates, por Pepe Ferrando

En éste texto, Platón defiende por boca de su maestro Sócrates la inocencia de éste ante el delito de corromper a la juventud, transmitiéndoles su conocimiento de las cosas subterráneas y celestes, y enseñándoles a hacer fuerte el argumento más débil.

Ante la acusación vertida hacia él por Ánito, Meleto y Licón, Sócrates se defiende una y otra vez mostrando las contradicciones en las acusaciones que planean sobre él, y justifica sus actos con distintos argumentos.

Distingue entre las acusaciones que siempre se han vertido contra él, y que por tanto han condicionado la opinión del jurado durante muchos años y las acusaciones que finalmente lo han llevado a juicio, que son las nombradas en el párrafo anterior.

Sócrates defiende desde un principio que es imposible en un solo día deshacerse de las acusaciones que tanto tiempo han sido dedicadas a su persona, y que aunque su retórica no sea la más adecuada, él dice la verdad, y sus acusadores mienten, aunque al tener ellos una retórica muy buena, tergiversan todos los hechos. De ésta forma Sócrates afirma que él no enseñaba a los jóvenes, ni los corrompía, sino que él decía lo que pensaba, y eran los jóvenes los que lo seguían e imitaban.

Luego pone como ejemplo que en el Oráculo de Delfos el Dios del Oráculo le dijo que era el más sabio de todos los hombres. Sócrates no creía esto, y fue probando con los hombre más sabios del lugar para ver si la afirmación se cumplía o no. Muestra una visión crítica de la vida, ya que no acepta lo que el dios del Oráculo dice, y se da cuenta de que los hombres afirman saber más de lo que saben, y el pone en duda éstas cuestiones, lo que le lleva a granjearse múltiples enemistades entre los hombres a los que examinaba. Así pues justifica también que los jóvenes, divertidos de sus críticas, examinen también a los demás hombres, lo que enciende la ira de éstos contra Platón, incurriendo en ése odio preestablecido contra su persona que se explica anteriormente, siendo un claro prejuicio a la hora de juzgar a Sócrates.

A continuación sostiene un pequeño diálogo con Meleto, el cuál apenas interviene más que para contestar, mientras que Sócrates evidencia lo contradictorio de las declaraciones de éste, tanto en la declaración firmada como en el juicio. Además Meleto apenas alcanzó los votos para que Sócrates fuese llevado a juicio [Lo que también evidencia Sócrates en su intervención, dando a entender lo superfluo de las acusaciones vertidas por sus 3 acusadores].

Sigue su defensa explicando el por qué su dedicación a filosofar sin importarle su seguridad, ni dedicándose como otros hombres de su posición a mantener sus rentas y su posición social. Pone como ejemplo el de Aquiles, que fue a la guerra de Troya aún sabiendo que moriría, pero siendo recordado para toda la historia. Luego justifica con su pobreza el hecho de que no enseñaba, y mucho menos cobraba por ello. El lanzaba sus juicios a todas aquellas personas a las que creía que no estaba “actuando” correctamente [Entiéndase “actuar” como proclamar que se tiene un conocimiento mucho mayor al que de verdad se posee], y eran los demás los que lo seguían e imitaban. Además defiende el hecho de que sus “enseñanzas” fueran privadas, ya que él no era hombre para meterse en política, porque hubiese muerto hace tiempo y hubiese dejado de ser “El pequeño tábano que pica al caballo grande y fuerte para que no se duerma”.

Ejemplifica su buen hacer contando la historia de cuando Atenas, bajo “El gobierno de los 30”, éstos le instaron a apresar a León de Salamina, pero como él lo creía injusto, se opuso y no hizo nada, por lo que defiende su posición juiciosa ante la vida, no haciendo cosas incorrectas, aunque el más alto cargo del gobierno se lo mande.

Para finalizar, en una parte que parece que ya lo hayan juzgado, y se haya tomado la decisión de ejecutarlo, Sócrates dice que si de verdad fuesen verdad todas las acusaciones vertidas sobre él, y que realmente hubiese corrompido a la juventud, que los familiares y amigos cercanos protesten por ésa corrupción, aún quedándose todos callados. Y como es una defensor de la democracia, acepta su final, sin humillarse como otros, que hacían subir a sus hijos al estrado para suplicar, y sin pedir cambiar su condena por una multa [De la que sus “discípulos” se harían cargo, ya que él, como antes se comenta, es pobre], sino simplemente aceptando la decisión del jurado, pero instándoles a seguir su camino, a ser críticos con la vida y no aceptar las cosas como vienen, sino a examinándolas y poniendo en tela de juicio todo lo dicho, sin darlo por una verdad absoluta.

Creo que el texto deja bastante clara la visión escéptica que Sócrates tiene sobre la vida.

Pepe Ferrando

1 comentario:

Oscar Fernández dijo...

¿"Escéptica"?
Eso habría que explicarlo, si dijimos que Sócrates se oponían a los Sofistas, que eran los escépticos...