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domingo, 21 de marzo de 2010

La destructiva manía, por LAURA CARRETERO


Cap. de EUBA, R., Psiquiatría para el no iniciado, Ed. Desclee de Brouwer 2006.



La manía es el polo opuesto a la depresión, el maníaco se siente exultante, expansivo, seguro de si mismo. Tiene muchos planes, cree que puede solucionar todo lo que pueda ponerse por delante. Manía y felicidad no tienen nada en común, los episodios de manía son desencadenados por un suceso negativo. El maníaco está eufórico pero no feliz y suele discutir con los mas allegados. No duerme porque tiene muchas cosas que hacer y a medida que pasa el tiempo el enfermo se acaba agotando , lo que a su vez empeora su irritabilidad.

Un caso de maniaco lo encontramos en el rey Ludwig II de Baviera que sufría un trastorno afectivo bipolar don períodos de depresión, durante los cuales se recluía en sus castillos. Ludwig provenía de una familia con graves problemas psiquiátricos. Su abuelo era patológicamente tímido, su abuela no se iba a la cama hasta la mañana, su tía mantenía que tenía un piano de cristal dentro de ella, y su hermano Otto estaba completamente trastornado. El componente genético en el trastorno bipolares más importante que el de otros desórdenes psiquiátricos. A Ludwig se le recuerda por tres cosas: su locura, su mecenaje de la música de Wagner, y su afición a construirse castillos muy románticos y espléndidos, entre los que destaca Neuschwanstein, que sirvió de inspiración a Walt Disney en varias de sus películas. Ludwig era indeciso, temperamental, caprichoso y su estado de ánimo cambiaba de manera dramática. Murió en junio de 1886 cuando fue a dar un paseo con su psiquiatra, aparentemente ahogado.

La manía se trata con tranquilizantes antipsicóticos, los mismos que usan en la esquizofrenia, o con sales de litio, con las que hay que tener cuidado porque pueden llegar a ser muy tóxicas.


Por LAURA CARRETERO, 1º Batx.

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