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jueves, 18 de marzo de 2010

Síndrome de Estocolmo, por MINERVA GÓMEZ

El síndrome de Estocolmo es una respuesta emocional que puede mostrar la víctima de un secuestro o una persona retenida en contra de su voluntad, desarrollando una relación de complicidad con su secuestrador.

Es entonces cuando la víctima pone en marcha un mecanismo de defensa inconsciente al no poder responder a la agresión de los secuestradores y que se defiende también de la posibilidad de sufrir un shock emocional.

El origen del nombre de este síndrome viene del robo a un banco en la ciudad de Estocolmo. En este robo, cuatro personas defendieron a sus captores incluso después de terminado su secuestro, que duró 6 días. Llegaron a mostrar desacuerdo con los procedimientos legales hacia sus secuestradores. Se dice incluso que una de las mujeres secuestrada se había comprometido con uno de los captores.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que no siempre la victima de un secuestro presenta el síndrome de Estocolmo.

Este vínculo afectivo de la víctima hacia su captor se puede dar de manera consciente y voluntaria para poder sobrevivir y tener cierto dominio de la situación, u obtener algunos beneficios de su captores. Pero este lazo afectivo se puede presentar como un mecanismo inconsciente que ayuda a la persona a negar y no sentir la amenaza de la situación o la agresión de los secuestradores. En esta última situación, estaríamos hablando de Síndrome de Estocolmo.

Por lo tanto, para detectar y diagnosticar este síndrome son necesarias dos condiciones:

  1. Que la persona haya asumido inconscientemente una importante identificación en las actitudes, comportamientos o modos de pensar de los secuestradores, casi como si fueran suyos.
  2. Que las manifestaciones de agradecimiento y aprecio se prolonguen en el tiempo, aún cuando la persona ya está integrada en su rutina y sepa que ha finalizado su cautiverio.

Como conclusión diría que ante esta traumática situación, la persona busca ante todo la supervivencia y es comprensible que cualquier acto de amabilidad o compasión por parte de sus secuestradores se convierta en gratitud.


Por MINERVA GÓMEZ, 1º Batx

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