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sábado, 13 de febrero de 2010

Los savants, por ANNA BALAGUER


El síndrome del sabio o síndrome del savant, es un diagnóstico médico no reconocido, pero el investigador Treffert lo define como un estado patológico según el cual algunas personas con desordenes mentales, como el autismo, poseen sorprendentes habilidades.

Treffert afirma que esta situación puede ser genética, pero que también puede ser adquirida. Se ha demostrado que las capacidades de algunos savants han sido accionadas por una lesión cerebral o incluso un accidente.

Según Treffert, la mitad de personas con el síndrome del sabio son autistas, mientras que la otra mitad tiene otra incapacidad relacionada con el desarrollo, retraso mental, lesión cerebral o enfermedad mental.

Características de los savants

De acuerdo con Treffert, si existe una característica común que describe a los savants es su memoria prodigiosa. []Es una memoria que él define como “muy profunda, pero excesivamente estrecha”. Estrecha en el sentido de que pueden recordar pero tienen dificultad a la hora de utilizar su memoria.

En general, y teniendo en cuenta el enorme repertorio de conocimientos del ser humano, es curioso el hecho de que las habilidades más usuales de los savant se centren en 4 categorías principales:

  • Arte (música, pintura y escultura): Se caracterizan por ser grandes intérpretes musicales, especialmente al piano, pintores y escultores. Suelen tener habilidades innatas para comprender e interpretar la música.
  • Cálculo de fechas: Algunos savant pueden memorizar calendarios enteros y recordar datos referentes a cada uno de esos días.
  • Cálculo matemático: Capacidad para la realización de complejos cálculos matemáticos mentalmente de forma instantánea y con gran precisión, como por ejemplo el cálculo de números primos o la realización de divisiones con 100 decimales mentalmente.
  • Habilidades mecánicas y espaciales: Capacidad para medir distancias casi exactas sin la ayuda de instrumentos, construcción de detalladas maquetas, memorización de mapas y direcciones...

Existen además otra serie de habilidades, más inusuales y en general más particulares del individuo, como facilidad para el aprendizaje de múltiples idiomas, fuerte agudización de los sentidos, perfecta apreciación del paso del tiempo sin necesidad de relojes, etc.


Casos reales

El caso de Stephen Wiltshire: la cámara humana.

Le diagnosticaron autismo con tres años. Su relación con otras personas era algo anecdótico, vivía en su propio mundo y no empezó a decir sus primeras palabras hasta muchos años después. Sin embargo, desarrolló una afición para la cual tenía una habilidad especial: El dibujo. No es de extrañar que sus primeras palabras, cuando tenía cinco años, fueran “papel” y “lápiz”. Fue esta afición la que le permitió comunicarse con los de su alrededor antes de dominar el lenguaje.

Las imágenes principales de sus dibujos trataban sobre ciudades después de un terremoto y coches. Pronto, sus dibujos comenzaron a hacerse famosos gracias a su participación en un programa de televisión sobre autistas con habilidades especiales. Pero lo que más llamaba y llama la atención no es la calidad o el estilo de su dibujo, sino su impresionante memoria fotográfica. Después de haber visto una panorámica de un edificio, de una ciudad o cualquier paisaje, es capaz de dibujarlo de memoria con una exactitud asombrosa.

Entre los retos en los que ha participado destacan, sin duda, los siguientes:

El dibujo panorámico de Roma (de memoria), en el que empleó varios días, después de haberla contemplado desde el aire gracias a un helicóptero:

Y el dibujo panorámico de Japón de la misma forma que hizo con Roma.


El caso de Daniel Tammet

Daniel Tammet es un británico de 27 años, y uno de los 52 savants vivos hoy. Lo sorprendente es que es el único completamente independiente, sin incapacidades mentales. Si le dices cualquier fecha, es capaz de decirte en pocos segundos que día de la semana fue, o puede hacer cálculos complejos en cuestión de segundos. Fue capaz de memorizar el número Pi con 22,514 dígitos en una semana. Recitarlo de memoria le tomo 5 horas. También fue capaz de aprender islandés, uno de los idiomas más complejos del mundo, en tan sólo una semana. Lo que es más increíble, es capaz de explicar el proceso de su pensamiento: Ve los números como colores y formas, así que cuando hace un cálculo, en su mente aparece una mancha de color y simplemente recita un número que resulta ser la respuesta correcta.


Son personas como Stepheny Daniel las que nos hacen recordar lo poco que sabemos acerca del funcionamiento del cerebro humano y lo que aún queda por descubrir.


Por ANNA BALAGUER, 1º Batx

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