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lunes, 21 de diciembre de 2009

La terapia de los animales: la equinoterapia, por MINERVA GÓMEZ



En la búsqueda de terapias útiles para los trastornos psicológicos, se ha investigado y se ha aplicado con éxito el uso de animales domésticos para ayudar a las terapias de disminuciones físicas, psíquicas y sociales.

Todos hemos oído alguna vez la compañía que ofrecen los perros o gatos a las personas que viven solas.

La terapia asistida por animales siempre es complementaria de otras terapias más tradicionales, conductistas, cognitivas o farmacológicas.

Los animales domésticos, especialmente los perros, han demostrado ser los más útiles y se emplean tanto en terapias para niños y adultos con problemas psicológicos sencillos como en situaciones más complejas.

Un caso especial de animal con el que se trabaja como ayuda terapéutica es el caballo. La terapia con la ayuda de estos animales recibe el nombre de equinoterapia. El caballo tiene las ventajas de los perros o gatos, pero además es fuerte y da seguridad, es paciente y tiene la capacidad de establecer lazos afectivos con las personas que lo cuidan.

Cuidar un caballo, montarlo y salir a pasear crea una relación especial que en sí misma es terapeútica.

Se utiliza el caballo en el caso de niños y niñas con disminuciones físicas y también en personas que van en sillas de ruedas. Las patas del caballo suplen la incapacidad de utilizar las piernas de los disminuidos y los igualan con las otras personas. Este hecho ayuda a aumentar la confianza y la autoestima. Al mismo tiempo es una excelente gimnasia muscular para este tipo de lesiones. Los disminuidos psíquicos también obtienen grandes beneficios de su relación con los caballos.

La equinoterapia se aplica con muy buenos resultados en las disminuciones sociales, es decir, niños y niñas con graves problemas de integración social, familias desestructuradas, marginación social, nivel de autoestima muy bajo, etc. También se utiliza en niños autistas y con conductas agresivas.

La base de la terapia con caballos consiste en relacionar la vida del caballo con la de una persona. Para realizar esta terapia los niños y niñas viven en una granja o residencia, internos y al cuidado de educadores especializados. A cada grupo de dos o tres niños se le hace responsable de un caballo. Esta responsabilidad aumenta su autoestima. El educador utiliza al caballo como intermediario para reeducar al niño/a.

La actitud de los niños frente al educador, como poder y autoridad, es de rechazo. En cambio hacer lo que quiere el caballo es más fácil. Por ejemplo: cuando se enseña a montar, el niño no quiere hacer caso del educador y se cae muchas veces. Al final, pide ayuda. Este cambio de actitud es un buen comienzo para la terapia.

Para educar los hábitos fundamentales, como comer, dormir con sábanas, ducharse e ir aseado, etc. se utiliza la metáfora entre el caballo y el niño.

Al niño le gusta el caballo limpio, por lo tanto él se tiene que limpiar; le da una comida equilibrada al caballo; también él debe comer de todo; la cuadra tiene que estar limpia y arreglada, y así debe estar su habitación, el caballo debe estar vacunado y visitado por el veterinario, y él debe seguir los consejos del médico. A cambio, viven una relación afectiva.

El caballo se convierte en su confidente, los paseos con él les ayudan a relajarse y equilibrarse. La fidelidad del animal da seguridad y aumenta la autoestima.

Como ya he comentado al principio es una terapia paralela y complementaria de la terapia convencional con un psicólogo o un psiquiatra, pero tiene la ventaja de ser una terapia vivencial y diaria. La identificación entre el caballo y el niño tiene un alto rendimiento. Los niños piensan que tienen que cuidar al caballo del mismo modo que los educadores cuidan de ellos y, al mismo tiempo descubren que las relaciones de dependencia y de afecto pueden ser positivas.

Para comprobar todo lo que he expuesto os recomiendo ver la película o leer la novela “El hombre que susurraba a los caballos” de Nicholas Evans.

Como conclusión diría que el caballo, como la mayoría de los animales domésticos, siempre está a nuestra disposición, no replicar, no nos lleva la contraria y tiene mucha paciencia, pero en cambio, no es un objeto sino un ser vivo y exige un trato similar al que reciben las personas; por eso es un instrumento ideal para aprender a tratar a la gente.


Por MINERVA GÓMEZ, 1º Batx.

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