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domingo, 17 de febrero de 2008

Descartes, Discurso del Método (Ed.Diálogo), Parte IV, 12

12. ¿Por qué afirma que la tercera prueba es la más convincente?
(O, Eleonora, ¿por qué me quitas la 13?) (sic)



Aunque la pregunta es bastante concreta, creo conveniente dejar claros algunos puntos antes de contestarla: la tercera prueba de qué, la más convincente con respecto a qué (e, incluso, Descartes, ¿quién?).
Con el fin de que mi respuesta se entienda mejor y que no quede sin contexto como “en el aire” añado una breve introducción que sirva de resumen de la parte cuarta pero que no vuelva a repetir tan detalladamente los contenidos de vuestras redacciones.

Recordemos que, en una época de crisis, la finalidad de Descartes es encontrar una verdad irrevocable, que no admita discusión y cuya solidez no puedan discutir ni escépticos ni relativistas. A través de la duda metódica, el filósofo trata de desechar todo aquello que admita posibilidad de duda y, a partir de aquella verdad, levantar nuevos argumentos válidos, para evitar caer en una situación de solipsismo. La base será, desde luego, “cogito ergo sum”, enunciado en el que se describe como a sustancia pensante o “cogitans”.
Asimismo se establece una regla general mediante la que puedan distinguirse otras verdades y, así, las cosas que se perciben de manera clara y distinta son verdaderas.
A raíz de dicha afirmación, se establece el dualismo cuerpo-alma, según el cual el alma es inmaterial e infinita y es aquello que define al ser humano, de naturaleza distinta al cuerpo; aunque es material en tanto que se une con éste.

De este modo, en la parte cuarta, busca nuevas verdades, y se orienta, en primer lugar, a la existencia de Dios.
Llegamos pues a la cuestión propuesta. Así, “la tercera prueba” hace referencia a la serie de argumentos que Descartes establece para justificar la existencia de Dios. Debo decir, no obstante, que no he encontrado en el texto explícitamente dónde dice el autor que es ésta la “más convincente” así que expondré mi parecer razonadamente para que luego me rectifiquéis si consideráis que no tengo razón.

Se inicia la argumentación con el argumento de causalidad enunciado en la parte anterior. Según éste, recurriendo a la teoría de la realidad objetiva de las ideas, una idea, como representación de una cosa, ha de provenir de una causa real. De este modo, si poseo la idea de perfección y yo no soy perfecto puesto que me limito a dudar, existe alguna naturaleza de mayor perfección que haga la función de causa real de la idea.
A partir del anterior argumento, Descartes establece que él no puede ser dicha causa puesto que, conociendo la idea de perfección él mismo no es perfecto y, como consecuencia, Dios constituye la causa real.

En este punto se encuadra la tercera de las razones, el conocido como “argumento ontológico”. La importancia y, al mismo tiempo, originalidad, del argumento es que se pretende explicar la existencia de Dios partiendo de la idea de éste. A una naturaleza perfecta y única se le atribuyen las mejores características, omnisciencia, omnipresencia, etc. Si ésta naturaleza tuviera existencia únicamente dentro de nuestro pensamiento, podríamos imaginar otro ser que fuera más perfecto que éste. Sin embargo, representando Dios la máxima perfección y no pudiendo y imaginar uno mejor, Dios debe existir también en la realidad.
Descartes compara este argumento con los objetos matemáticos en tanto que no se puede revocar. Así, ésta es para el filósofo la prueba definitiva para la existencia de Dios, ya que precisamente esta idea, la de “existencia” está comprendida dentro de la misma “perfección”.

“volviendo examinar la idea que yo tenía de un ser perfecto, encontraba que la existencia estaba comprendida en ella, del mismo modo que está en la de un triángulo que sus tres lados sean iguales a dos rectos…”

Clara Monzó

3 comentarios:

jose Ferrale dijo...

En ese argumento sólo encuentro una falacia de falsa causa.

Si esque estos franceses..

Anónimo dijo...

Anna:

La verdad es que era una pregunta un poco rara y que yo no sé realmente cuál es la tercera prueba, ¿es el argumento ontológico? esque no me ha quedado muy claro en el texto...
Otra cosa que tengo que decir es que me parece que cabría decir que el argumento ontológico a qué recurre Descartes no es suyo, sino de un tal San Anselmo de Canterbury, que al parecer vivió en el siglo XI, a quien el francés copia porque le viene realmente bien xD así que no le atribuyamos méritos que no tiene xDDD
En este punto hay algo que no me acaba de cuadrar: si Descartes demuestra que Dios existe porque es la causa de nuestra idea de perfección, ¿por qué recurre al argumento ontológico? ¿es para reforzar su argumentación? ¿es porque lo criticaban por pasar de una la existencia de una idea a la existencia de un Ser, o esta crítica llega después? ¿alguien me lo puede explicar? xDD

Bueno, por último, me parece una buena redacción, y además de una pregunta muy extraña la verdad...Yo tb te pondría buena nota xDDD

Xaooooo!!!!

Anónimo dijo...

El argumento de Descartes no es igual al de Anselmo. Anselmo señala que "Dios es aquello mayor de lo cual nada puede pensarse". Ya que la idea de "Algo mayor de l cual nada puede pensarse existe en nuestro pensamiento" ese algo tendría también que existir en la realidad, pues, ya que existir en la realidad es mayor que existir en el pensamiento, cualquier idea de algo existente en la realidad sería mayor que nuestra idea de "aquello mayor de lo cual nada puede pensarse". Por eso, para evitar la contradicción, "aquello..." debe existir también en la realidad. Y esa es la prueba de Anselmo.

La prueba de Descartes es bien parecida, pero él incide más en la idea de que Dios es un ser necesariio, y por lo tanto, su esencia y su existencia coinciden.

Pero, dejando eso de lado, tengo una pequeña apreciación sobre el contenido del blog (siempre en buena onda). Todos conocemos la idea del "geniecillo maligno". Es aquél que podría hacernos dudar de las cosas que son más evidentes a nuestra razón, como que "2+2=4", "el triángulo tiene 3 lados", o... "Soy una cosa que piensa". Al comienzo de la tercera meditación Descartes señala que mientras no esté seguro de que 1) existe Dios y 2) no puede engañarme recién podré estar convencido de algo. No es raro que "Soy una cosa que piensa" aparezca ya en la Segunda meditación y que la tercera y la quinta se enfoquen en la demostración de la existencia de Dios. Para Descartes la certeza es Dios, perfecto y bueno, y por eso es que puedo estar seguro de ser una cosa que piensa.

Saludos,

Plotino 2008