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miércoles, 25 de noviembre de 2009

PEIRÓ, G., "¿Tengo o no tengo personalidad?", por IRENE CALVO


Comentario de un capítulo de Lecturas para estrenarse en psicología, Diálogo 2004.



…“¿Tengo o no tengo personalidad? Esa es la cuestión”…

Somos muchos, supongo, los que responderíamos precipitadamente a la cuestión. Lo cierto es que para hacerlo debemos previamente bien conocer qué es “eso” a lo que llamamos personalidad.

¿Quién no dijo alguna vez expresiones del tipo: “No tiene personalidad”?
Este prototipo de expresiones hace referencia a un uso popular del término. En este uso se identifica la personalidad en la impresión general causada por una persona. Igualmente en esta incorrección de uso, se le atribuye a la personalidad la capacidad de ser medida –esto se reconoce en frases como “tener mucha personalidad” o “no tener nada”-.

Sin embargo por necesidad toda persona tiene su propia personalidad, -o al menos es esto lo que afirman psicólogos y demás estudiosos-. De modo que popularmente se cae una y otra vez en el error de cuantificarla.

La verdadera definición de personalidad correspondería a la organización más o menos estable y duradera de los comportamientos condicionados por el intelecto, físico y temperamento personales. Y es importante atender a los calificativos ESTABLE Y DURADERA, puesto que son los comportamientos estables los que definen la personalidad y no los comportamientos excepcionales adoptados ante una situación –por ejemplo, mostrar seriedad ante una situación que lo requiere (una entrevista de trabajo, algo esporádico y no habitual) no implica que la seriedad sea un rasgo de la personalidad, sino que momentáneamente será un estado de la persona-.

Por otro lado, hay teorías que afirman que la personalidad está íntimamente relacionada con los factores biológicos. De hecho ha habido estudios que consideraban que la predominancia de un fluido en una persona –sangre, bilis…- condicionaba la personalidad; o sino los fluidos la estructura corporal según si es atlética, pícnica (caracterizada por tener extremidades cortas, baja estatura etc…)

De modo que puedo contestar y sí, tengo personalidad, limitada por mis emociones, mi inteligencia y mi físico. Supongo que entonces es lógico pensar que un cambio en estos factores modificaría mi personalidad. Sin embargo, esto me lleva a un segundo interrogante.

Suponiendo una personalidad retraída condicionada por un físico con el que no se está a gusto se convierte en motivo por el que se decide cambiar el físico. El cambio originaría supuestamente una segunda personalidad. Pero, ¿qué ha llevado a la persona a cambiar su físico? Quiero decir ¿son de cualquier modo los factores (inteligencia, físico y temperamento) quienes condicionan la personalidad? ¿O quizás se desmonte toda la teoría y sea la introversión inicial, es decir, la personalidad quien condiciona estos factores y decida modificarlos? ¿Qué fue entonces antes? De nuevo, otra contrariedad en el misterioso mundo de la mente.

Por IRENE CALVO, 1º Batx.

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