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martes, 1 de noviembre de 2011

Ontología en Platón, por Luis Rodrigo




¿Qué es lo real? ¿Qué es verdaderamente real? Este tipo de preguntas hacen referencia, sin duda alguna, a uno de los mayores problemas filosóficos de toda la historia.


No cabe dudar, que la existencia de las cosas se relaciona directamente con dos niveles de realidad: la realidad inteligible y la realidad sensible. Así, podremos concretar que la existencia de las cosas se basa en un dualismo ontológico. De esta manera, podremos diferenciar  lo que realmente existe, de lo que aparentemente existe.


El mundo inteligible estaría constituido por lo que realmente existe, por lo que es, por lo que no cambia ni es alterado por el paso del tiempo. Este nivel seria exclusivo para las Ideas y los objetos matemáticos.


Pero también, existe otro tipo de realidad, una realidad aparente, una realidad dotada de menor existencia, una realidad cambiante, material, sometida a su distorsión durante el paso del tiempo, una realidad sensible.


Estos dos niveles de realidad, de existencia, no actúan de forma independiente, sino que están directamente interrelacionados. Cualquier elemento del mundo sensible es real en tanto que participa de su Idea. Los elementos sensibles tienen parte de existencia por el simple hecho que imitan a las Ideas. Las ideas constituyen el modelo perfecto al que los elementos sensibles quieren llegar a imitar.

Podremos concluir de esta manera, que la realidad está constituida por una dependencia ontológica, ya que, las Ideas son la causa del ser y de la existencia de las cosas sensibles.


Esta relación inteligible-sensible, real-aparente se va a dar en todos los ámbitos.


Esta división de grados de existencia provoca, a su vez, una división en el conocimiento, dividiéndola en dos grados del saber: el conocimiento real y el conocimiento aparente de las cosas.


El conocimiento real significaría el saber acerca del mundo inteligible, el mundo constante, el que no cambia, el permanente, lo auténticamente real, lo auténticamente existente.


El otro grado del conocimiento, la opinión, el conocimiento aparente, correspondería al saber acerca del mundo sensible, el mundo que está sometido al cambio, el mundo material, el mundo de las sombras. 


En el ser humano también se puede apreciar una parte inalterable y una parte cambiante, una parte real, y otra aparente. El ser humano estaría compuesto también por un dualismo entre el cuerpo y el alma. El cuerpo sería considerado como el objeto sensible, lo aparente, lo material y estaría dotado solo de una parte de realidad. El alma, en cambio, supondría la realidad pura del ser humano, el elemento inteligible, el elemento eterno, inmaterial. Al tratarse de un elemento inteligible, este es inalterable por lo que tiene una preexistencia anterior al cuerpo. El alma es lo que verdaderamente consta de valor, constituiría la razón de nuestra existencia total, la existencia de nuestro yo, eterna, olvidándonos del cuerpo, ya que este sería una simple apariencia, un simple hogar donde habitar durante un tiempo.


Partiendo de esta base, podemos afirmar que el único conocimiento real de las cosas, es el conocimiento del mundo inteligible, y a partir de ese conocimiento podemos alcanzar la virtud. Esta dualidad de la existencia puede dar lugar a muchas confusiones, ya que, se puede tomar por real lo que tan sólo es una copia de lo real, se puede llegar a creer que algo se sabe cuando en realidad no se sabe, y esta es la principal razón que da lugar a la ignorancia de la persona, el creer tener conocimiento de un objeto que, al fin y al cabo, es simple apariencia.


Por otra parte, el que alcanza el conocimiento del mundo inteligible, debe aplicar esos mismos conocimientos al mundo sensible. El que conoce realmente la justicia, debe obrar justamente, de lo que contrario, solo demostraría que su conocimiento es falso, sería un conocimiento aparente.


Todo esto da a entender, que la base del conocimiento es el aprendizaje de las Ideas y de los objetos matemáticos. Solo así se podrá alcanzar la virtud. 


El párrafo anterior se ve estrechamente relacionado con la política, ya que la educación del gobernante debe encaminar su alma en dirección al mundo inteligible, hasta ser conducida a la contemplación de las Ideas eternas y, finalmente, al conocimiento del Bien en sí, que constituye la meta última del conocimiento y el final del proceso educativo. Para acercar al Estado lo más posible al orden y a la armonía inteligible, el gobernante primero ha de imponer justicia en su propia alma. La educación se correspondería con llegar a conocer el mundo de las Ideas.


Podemos llegar a la conclusión que para llegar a la Idea de justicia en la sociedad, tiene que haber una correspondencia entre las 3 partes del alma y las 3 clases del Estado. Cada parte del alma debe actuar con la virtud que le es propia. De esta manera se puede llegar al orden y a la armonía del Estado. La organización de este solo puede alcanzarse llevando al mundo sensible las Ideas del mundo inteligible.


Después de esta larga explicación, podemos ver y confirmar, que la ontología no es una simple clasificación, sino que es mucho más que eso, constituyendo así, una gran frontera que divide dos mundos. Dos mundos complemente diferentes, pero que a la vez  constan de una relación directa. Esta frontera, repercute sobre todos los campos y todos los ámbitos de las cosas. Podríamos afirmar que de toda existencia, existe una ontología, un dualismo ontológico entre lo que realmente existe y lo que aparentemente existe.

1 comentario:

Oscar Fernández dijo...

No dejes frases sueltas, agrúpalas en párrafos y con conectivas. Si sólo van una pegada a la otra el empastre es muy parecido.

Una vez hablando con Luis le dije que uno no tiene que renunciar a su manera de ver las cosas ni de escribir, pero sí adaptarlas a la situación en la que está. Si se atiende sólo a lo que uno sabe o es un genio o va a ser un desastre; si se renuncia a lo que es uno mismo se pierde potencia explicativa. Hay que conjugar ambas exigencias.

Tienes puntos muy buenos, luchando con un estilo que aún no ha terminado de hacerse. Evita, como te digo, frases sueltas, mira cómo agruparlas. Indica de forma general, por adelantado, lo que vas a decir.

Y todo lo directo que puedas. Lenguaje muy bueno. Eso aún tiene que dar más de sí, cuando lo hayas hecho un par de veces más.

También de los que vale la pena releer para empaparse del lenguaje.